Para ver este sitio web deber tener activado JavaScript en tu navegador. Haz click aqui para ver como activar Javascript

“Me quisieron muerta y me quisieron callada. Pero aquí estoy: viva, de pie y hablando”

La concentración del Día Internacional de la Mujer celebrada este domingo en la plaza de Ripa de Jaca dejó uno de sus momentos más intensos con el testimonio de Marianne, una mujer venezolana que relató en primera persona su experiencia como migrante y superviviente de violencia de género. Su intervención, seguida en absoluto silencio por las personas asistentes, conmovió profundamente al público y fue recibida con un largo aplauso.

La participación de Marianne se produjo en el turno de intervenciones a micrófono abierto del acto central del 8M, convocado por el colectivo Feministas de Jaca bajo el lema “Contra el racismo y el fascismo, feminismos”. Tras la lectura del manifiesto y otras intervenciones ciudadanas, su relato puso rostro a una realidad que atraviesa fronteras: la violencia machista sufrida por muchas mujeres migrantes.

“Soy mujer, soy migrante y soy madre soltera. Pero por encima de todo, soy una sobreviviente”, comenzó diciendo, antes de explicar el camino personal que la ha llevado hasta España. Marianne relató que tuvo que abandonar Venezuela, su país de origen, y que durante seis años vivió en Colombia, donde sufrió malos tratos por parte de su pareja.

Durante ese tiempo —explicó— no solo padeció la violencia directa del agresor, sino también la falta de apoyo institucional. En uno de los momentos más duros de su intervención recordó que, cuando trató de buscar ayuda, una autoridad llegó a advertirle de que denunciar podía poner en peligro su vida. “Me dijeron que, si no quería amanecer muerta, no denunciara”, relató, evocando el miedo y la indefensión que vivió entonces.

Su intervención fue un recorrido por ese proceso de resistencia y reconstrucción personal. “Salir de la violencia de género no fue solo cerrar una puerta —explicó—, fue aprender a reconstruir un techo sobre mi cabeza mientras el sistema me recordaba una y otra vez mi condición de extranjera”.



Con voz firme, Marianne quiso dirigir también un mensaje a las instituciones, recordando que la violencia machista no entiende de fronteras y que una mujer migrante no puede ser tratada como un simple expediente administrativo. “Una mujer migrante no es un número de expediente, es una vida que proteger”, afirmó ante los asistentes.

“Existe una vida después del maltrato”

En su intervención, Marianne habló también directamente a otras mujeres migrantes que puedan encontrarse en situaciones similares. Reconoció que sabe lo que significa sentir que no hay salida cuando faltan papeles o redes de apoyo, pero quiso trasladar un mensaje de esperanza: “Yo salí de esto y tú también puedes”.

Parte de su relato estuvo dedicado a su hijo, al que explicó que cada paso dado en su vida —desde Venezuela hasta Colombia y finalmente España— ha tenido como objetivo ofrecerle un futuro en libertad.

“Todo este esfuerzo ha sido para que crezcas sabiendo que tu madre nunca se ha rendido”, señaló.

España, un lugar para reconstruir la libertad

En la parte final de su intervención, Marianne explicó que en España ha encontrado el espacio necesario para reconstruir su vida y recuperar la libertad que durante años le fue negada.

“Venezuela me dio la vida. Colombia me dio una prueba. Y en España he encontrado el suelo firme para sembrar mi libertad”, afirmó.

Con emoción, explicó que hoy vive una realidad diferente, marcada por la libertad personal y afectiva. “Hoy camino de la mano de una mujer que es mi pareja —relató—. Una chica española que me recuerda cada día que el amor no duele, que el amor sostiene y que el amor es un refugio y no una cárcel”.

Desde esa nueva etapa vital, Marianne quiso lanzar un mensaje claro a las instituciones: que no dejen solas a las mujeres en el camino y que se proteja especialmente a aquellas que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

“El miedo cambió de bando”

El testimonio concluyó con una afirmación que resume el sentido de su intervención y que provocó una visible emoción entre el público reunido en la plaza.

“Intentaron apagar mi voz en una comisaría de Colombia y hoy mi voz resuena en las plazas de España”, afirmó. “Porque el miedo cambió de bando y porque hoy, por fin, mi hogar soy yo”.

Sus últimas palabras —“Vivas, libres y diversas. Ni una menos”— fueron recibidas con una larga ovación por parte de los asistentes, que reconocieron con su aplauso el valor de un testimonio que dio voz a muchas otras mujeres que aún no pueden contar su historia.

No Comments Yet

Comments are closed