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“Nos quisieron calladas y sumisas. Pero aquí estamos, en pie”

La plaza de Ripa de Jaca ha acogido este domingo, 8 de marzo, el acto central del Día Internacional de la Mujer en la Jacetania, una concentración convocada de forma autónoma por el colectivo Feministas de Jaca bajo el lema “Contra el racismo y el fascismo, feminismos”. La cita, que ha comenzado a las doce del mediodía, ha reunido a un número de asistentes superior al de convocatorias anteriores y ha estado marcada por la lectura de un manifiesto elaborado por el propio colectivo, intervenciones a micrófono abierto y un vermú musical que ha prolongado el encuentro en un ambiente participativo.

La convocatoria ha tenido un marcado carácter ciudadano y autónomo. Desde la organización se subrayó la voluntad de recuperar este espacio desde los propios colectivos feministas para poder “nombrar con claridad lo que está ocurriendo”, en referencia a lo que califican como una deriva racista, antifeminista y fascista que se extiende en distintos contextos políticos y sociales. En este sentido, el lema escogido se vincula directamente con la defensa de los derechos humanos y la igualdad frente a cualquier forma de discriminación.

La concentración ha mostrado además una participación intergeneracional, con presencia de mujeres de distintas edades, familias completas y también hombres que quisieron sumarse a la convocatoria. Muchas de las asistentes lucían prendas o pañuelos de color morado, el tono que desde hace décadas identifica las movilizaciones feministas. Su origen se vincula históricamente con el movimiento sufragista británico de comienzos del siglo XX, donde simbolizaba la dignidad y la lealtad a la causa de la igualdad. También se ha asociado con el recuerdo del incendio de la fábrica textil Triangle Shirtwaist de Nueva York en 1911, tragedia que costó la vida a decenas de trabajadoras. Con el tiempo, el morado ha adquirido además un significado contemporáneo como mezcla cromática del azul y el rosa, metáfora de la unión de géneros y de la aspiración a una igualdad real.

Durante el acto pudieron verse numerosas pancartas y carteles con mensajes en favor de la igualdad y contra la violencia machista. Entre ellos destacaban lemas como “Rompiendo techos de cristal, construyendo puentes de igualdad”, “El feminismo no es revancha, es compartir la plancha”, “No a la guerra. No al fascismo” o “Si callamos por indiferencia, pronto nos callarán con violencia”, que resumían algunas de las ideas que se expusieron en esta jornada reivindicativa.

Un manifiesto leído a seis voces

El momento central del acto fue la lectura del manifiesto del 8 de marzo, elaborado por Feministas de Jaca y leído por seis mujeres. El texto comenzó agradeciendo la presencia de las personas asistentes y recordando el origen histórico de la jornada: “Hoy, como cada 8 de marzo, salimos a la calle porque lo que nos trajo hasta aquí —la lucha de tantas mujeres por la igualdad y el bienestar colectivo— sigue siendo igual de urgente y necesario”.



Las autoras del manifiesto explicaron que este año habían decidido recuperar la organización de la concentración desde un espacio autónomo “libre de instituciones” con el objetivo de señalar con claridad el contexto actual. En este ámbito se proclamó el lema compartido con otros colectivos feministas de la provincia: “Contra el racismo y el fascismo, feminismos”.

El texto defendió el plural de la palabra feminismo para recordar que la sociedad actual no puede comprenderse sin la lucha histórica de las mujeres por los derechos y la igualdad. “Los derechos que hoy tenemos no cayeron del cielo: los conquistamos”, se afirmó durante la lectura, advirtiendo además de que los avances logrados pueden retroceder si dejan de defenderse.

Violencia machista y violencia sexual

Una parte significativa del manifiesto se centró en denunciar la persistencia de la violencia contra las mujeres. El texto recordó que en lo que va de año se han registrado ya varios asesinatos de mujeres y menores en España, señalando que la violencia machista continúa siendo una realidad estructural.

También se abordó el problema de la violencia sexual, con datos que reflejan el incremento de denuncias en los últimos años. Según se explicó durante la lectura, en España se denuncian cerca de catorce violaciones al día —agresiones sexuales con penetración—, lo que equivale aproximadamente a una cada hora y cuarenta minutos.

El manifiesto incluyó además una referencia a la ciberviolencia, destacando que las mujeres jóvenes se encuentran entre las principales víctimas de acoso digital. En este contexto se mencionaron casos de mujeres conocidas del ámbito del periodismo o la política que reciben amenazas y ataques en redes sociales por expresar públicamente sus opiniones.

Recortes en igualdad y ofensiva antifeminista

Otro de los apartados del texto abordó el desmantelamiento de políticas públicas de igualdad en distintos contextos políticos. El manifiesto advirtió de que negar la violencia machista o reducir los recursos destinados a combatirla tiene consecuencias directas para las víctimas.

Asimismo, se denunció la ofensiva contra el feminismo y contra la educación en igualdad. En el texto se criticaron los discursos que presentan al feminismo como una amenaza al orden social y que pretenden eliminar los estudios de género o la educación sexual en las escuelas. Según el manifiesto, estas iniciativas dejarían a las nuevas generaciones sin herramientas para identificar y prevenir la violencia machista o para afrontar los riesgos presentes en las redes sociales.

El documento señaló igualmente la difusión de modelos que idealizan la dependencia económica y emocional de las mujeres, presentándolos como una supuesta alternativa de libertad.

Derechos reproductivos y discriminación

El manifiesto dedicó otro apartado a la situación de los derechos sexuales y reproductivos, señalando los retrocesos registrados en diferentes países. Entre los ejemplos mencionados figuraban la revocación del derecho al aborto en algunos estados de Estados Unidos, las políticas restrictivas impulsadas en determinados países europeos o la criminalización de quienes ayudan a mujeres a acceder a estos derechos.

El texto denunció igualmente la utilización del racismo, la LGTBIfobia y la xenofobia como herramientas políticas. Según se indicó, estas estrategias buscan construir poder señalando como enemigos a colectivos vulnerables como las personas migrantes, racializadas o pertenecientes a la comunidad LGTBIQ+.

Democracia, memoria y esperanza

La parte final del manifiesto alertó de que la erosión de los derechos humanos y el cuestionamiento de la memoria histórica constituyen también amenazas para la democracia. Cuando se criminaliza el activismo o se hostiga a quienes defienden los derechos humanos, se advirtió, el espacio democrático se debilita.

Frente a este contexto, el texto reivindicó la importancia de la esperanza y de la acción colectiva. En ese punto se citó al historiador estadounidense Howard Zinn para recordar que la historia no está hecha únicamente de violencia y crueldad, sino también de compasión, valentía y solidaridad.

La lectura concluyó con un llamamiento a la unidad y a la defensa de los derechos conquistados por generaciones anteriores: “Hoy estamos aquí defendiendo los derechos que otras conquistaron antes que nosotras y que ahora están bajo ataque: el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, a vivir sin violencia y a ocupar el espacio público”.

El cierre del manifiesto fue recibido con un largo aplauso de las personas asistentes.

Testimonios que conmovieron al público

Tras la lectura del manifiesto, el acto continuó con varias intervenciones a micrófono abierto. Las lecturas se siguieron en absoluto silencio y en algunos momentos resultaron especialmente emotivas.

Uno de los testimonios que más impacto causó fue el de Marianne, una mujer venezolana que relató en primera persona su experiencia como inmigrante y superviviente de malos tratos, vividos durante su estancia en Colombia. Su intervención, en la que explicó cómo en España ha encontrado un espacio de libertad y reconstrucción personal, fue recibida con una prolongada ovación y dejó visiblemente emocionados a muchos de los asistentes.

Otras exposiciones abordaron cuestiones relacionadas con la educación y el respeto en las aulas, alertando sobre el desgaste emocional que sufren muchas profesoras ante determinadas situaciones de falta de respeto y reclamando una mayor implicación de las familias. También se habló de los derechos de las personas trans y LGTBIQ+, así como del acoso y la violencia que muchas mujeres reciben a través de las redes sociales.

En este último punto, una de las participantes subrayó que la responsabilidad de frenar estos comportamientos es colectiva: “si no lo haces, es que eres parte del problema”, afirmó, en referencia a la necesidad de no normalizar los discursos de odio en internet.

Todas las intervenciones fueron muy aplaudidas por el público, que siguió los testimonios con atención y respeto, en un ambiente en el que se percibía la emoción y la reflexión silenciosa.

Un encuentro que se prolongó en clave participativa

Tras las intervenciones a micrófono abierto, y antes de dar paso al vermú musical, se realizó un acto simbólico con un hilo rojo que fue extendiéndose entre las personas asistentes hasta cerrar un círculo en el centro de la plaza. A partir de un ovillo inicial, el hilo fue desenredándose y pasando de unas manos a otras, enlazando las muñecas de quienes participaban en la acción. El gesto quería representar los vínculos que unen a las personas —como humanidad, como sociedad y como mujeres— y que sostienen la lucha feminista. A medida que el hilo iba recorriendo el círculo, cada participante pronunciaba en voz alta una palabra o un breve pensamiento relacionado con aquello que nos une y permite tender puentes: la igualdad, el respeto, la solidaridad o la justicia. El círculo tejido con el hilo rojo cerró simbólicamente el acto antes del encuentro posterior.

Algunas imágenes del acto central del 8M en Jaca. EL PIRINEO ARAGONÉS
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