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100 AÑOS

Marzo 1926

Pilar Bayona en una imagen de los años veinte del pasado siglo.

De feliz puede considerarse, en el sentido artístico, la fiesta inaugural organizada por la nueva sociedad Filarmónica Jaquesa. Se celebró anteanoche en el teatro Variedades, presentándose ante nuestro público la notabilísima artista del piano y simpática señorita zaragozana Pilar Bayona, que ejerció el siguiente programa. (I) Sarabanda (Rameau), Gigue (J.B. Loeilly), Nocturno, Estudio y Vals (Chopin); (II) Cortejo de boda (P.J.A. de San Sebastián), Rapsodia vasca (Usandizaga) y Danza del fuego(Falla); (III) L’ Alovertte (Glinka Balakirew), Nocturno –para mano izquierda– (Seriábinc), Caja de música (Saüer) y Polonesa (Listz).

No encontramos palabras suficientemente adecuadas para expresar los prodigios de que Pilarín Bayona hizo en el teclado. Aquella polonesa de Listz fue una maravilla de ejecución, delicadeza de buen gusto. Los dedos de la artista parecían puestos en movimiento por un impulso eléctrico. Su espíritu se adivinaba abstraído en las más puras regiones del sentimiento estético.

Pilar Bayona es una virtuosa del piano realmente formidable. El público de Jaca la acogió cariñosísimo, y supo demostrar su sensibilidad artística pasando de la atención y el silencio más respetuoso al aplauso cerrado y cordial, que lleva en sí la confirmación de un éxito.

Al aplaudir nosotros entusiásticamente a Pilar Bayona, felicitamos a la Filarmónica Jaquesa en su digno y amable presidente el general Fernando de Urruela, y mucho nos complacerá que estas aficiones tomen el debido incremento ya que las consideramos de mucha utilidad moral en toda sociedad bien educada.

La música es poesía y es sentimiento, que se infiltran en nuestras almas, transportándonos a un mundo ideal, cuya virtud especialísima es hacernos olvidar por unos instantes las bajezas de este otro mundo real que vivimos. Divina virtud, aunque otra no tuviera la música, siempre bienhechora y confortante.



Por eso hemos visto con toda simpatía la creación de una sociedad Filarmónica en esta ciudad donde seguramente sabremos ratificar nuestra cultura y nuestro buen gusto abriendo los corazones a la invasión del divino arte de la música que –como dijo Cervantes– tiene la virtud de arreglar los últimos descompuestos y de aliviar las fatigas que nacen del espíritu.

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