
El botín (The Rip, 2026)
Duración: 105 min. País: Estados Unidos. Dirección: Joe Carnahan. Guion: Joe Carnahan. Historia: Michael McGrale. Reparto: Matt Damon, Ben Affleck, Seteven Yeun, Teyana Taylar, Catalina Sandino Moreno, Kyle Chandler, Scot Adkins, Néstor Carbonell y Lina Esco. Música: Clinton Shorter. Fotografía: Juan Miguel Azpiroz. Productora: Artists Equity. Distribuidora: Netflix.
Cuando un proyecto cinematográfico es abducido por una plataforma de cine en streaming, se aplican sus reglas sin discusión. Las plataformas son muy conscientes de que la mayoría de los espectadores están teléfono en mano, arrellanados en el sofá de su casa, mientras contemplan una película. Esta conducta genera que no capten toda la complejidad de una historia de intriga. Lo que lleva a la primera regla: explicación. La necesidad de repetir dos o tres veces la trama y los diálogos, o recurrir al flashback con voz en off.
La siguiente regla está basada en la fotografía. No debe de ser oscura, porque en las pantallas domésticas, la saturación de oscuridad impide percibir correctamente todos los detalles.
Y una última regla. Cada cierto tiempo debe existir una escena de acción, con resonante pirotecnia, por supuesto, que retome la atención del espectador. Sobre todo, en los primeros momentos, para que no desestimemos la película y busquemos otra opción más atractiva.
En El botín, Joe Carnahan aprovecha la regla de repetición para tergiversar y aderezar la trama. Sirve para que todos prestemos atención y nadie se pierda en ella, al tiempo que utiliza esta técnica para manipularnos de una manera descarada, aunque efectiva, como si el espectador continuara en su dorada y lejana infancia.
El planteamiento de la trama es completamente sencillo. Nos sitúan frente un grupo de policías de Miami, quienes descubren millones de dólares en efectivo, ocultos en un escondite abandonado. A medida que fuerzas externas se enteran del tamaño de la incautación, todo se pone en duda, incluso en quién o quiénes pueden confiar.
El guion, adaptado por el propio director, posee en buena parte del metraje un tono casi teatral. Enclaustrando a sus protagonistas en un espacio reducido, turbio, y una situación al límite, típica de recursos contrarreloj.
Aludiendo a una de las reglas expuestas, cabe destacar la fotografía del español Juan Miguel Azpiroz, quien ya había trabajado en varias ocasiones para Carnahan. Realiza un trabajo suficientemente acertado, jugando con los contraluces, la iluminación indirecta, y cierto tenebrismo, pero sin perder ese detalle que exige la pequeña pantalla.
Uno de los grandes aciertos del film reside en el binomio de amigos, que, en sí mismo, ya constituyen un reclamo comercial, y unos mínimos seguros de calidad: Matt Damon y Ben Affleck, con su productora Artists Equity. El propio Matt Damon, en algunas entrevistas, se lamentaba de tener que limitar la ambigüedad del film, por las famosas directrices de las plataformas.
Un film acertado, entretenido, hecho a la medida de dos actores, entregados y absolutamente profesionales. Con ciertas sorpresas en los giros, no demasiado predecibles para los tiempos que corren.
Existen también ciertas reminiscencias propias de Asalto al distrito 13, o la trepidante Training Day.
Por último, considerar cómo la frágil paciencia de los suscriptores de plataformas, está condicionando la forma de realizar cine. Porque contemplar un film, actualmente, es ya una actividad secundaria, muy alejada del ritual con el que antes íbamos a las salas de proyección. Esto ocasiona, inevitablemente, la desaparición de muchos entrañables y familiares cines en nuestras poblaciones más pequeñas…









