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Carteles electorales para las elecciones autonómicas de este domingo 8 de febrero. EL PIRINEO ARAGONÉS

Los aragoneses estamos llamados a votar pasado mañana en las que serán las decimosegundas elecciones autonómicas desde 1983. De las urnas saldrán nuestros representantes en las Cortes de Aragón, que, a su vez, elegirán al presidente de la comunidad para los próximos cuatro años. Los comicios, adelantados por primera vez desde la implantación de la autonomía, llegan en un momento político presidido por las incertidumbres en el ámbito internacional y una creciente y ruidosa polarización en el plano estatal.

En una tierra históricamente inclinada a los pactos, los partidos aragoneses han ensayado en estas cuatro décadas acuerdos de gobernabilidad de distinto signo para poner de manera estable a unos o a otros en la DGA. La alternancia entre los grupos de izquierda y derecha ha abundado en nuestra comunidad. Se trata, seguramente, de un síntoma de salud democrática. Tampoco han existido en la política aragonesa las mayorías absolutas, lo que da idea de que vivimos en una sociedad plural en la que están consolidadas distintas tendencias, tanto en el eje ideológico (izquierda-derecha) como en el identitario (nacionalismo-regionalismo-centralismo).

No es necesario insistir mucho en la idea de que estas elecciones vienen envueltas en un ruido, a veces ensordecedor, originado por unas pugnas políticas que poco o nada tienen que ver con la realidad aragonesa. Tampoco esto es, evidentemente, ninguna novedad. Aunque los líderes nacionales no compitan en estos comicios, el electorado decide con frecuencia conceder premios y decretar castigos a unas siglas u otras, en función de su ideología y de la percepción de realidades que son ajenas a lo que se ventila en cada contienda electoral. Los electores no podemos segmentar el debate público con un bisturí que separe lo local de lo autonómico ni lo nacional de lo internacional.

Pero dicho esto, es obvio que el calendario político español, con elecciones consecutivas en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, es una invitación para que las grandes formaciones nacionales diriman sus batallas tomando como base una agenda de temas que poco o nada tienen que ver con los asuntos autonómicos. Se trata de una distorsión del sistema político hispano, sobre todo, si tenemos en cuenta que los gobiernos regionales son competentes en las áreas que, como la sanidad, la educación, la vivienda, la cultura o el medio ambiente, más inciden en la vida cotidiana de los ciudadanos, en su salud y en sus perspectivas de futuro.

En tiempos de autoritarismo global creciente, según nos demuestran las políticas de Putin o de Trump, es importante que en nuestro país se defienda un sistema democrático que, en el siglo XX, tanto tardamos en disfrutar. Y la mejor forma para ello es la de participar en procesos como el que culminará el domingo. Votar masivamente en medio del ruido sería un signo de madurez democrática. Por el contrario, una abstención alta indicaría que la ciudadanía vive al margen de un sistema político que, con sus deficiencias, a veces clamorosas, pone las bases de nuestra convivencia.

La antipolítica, entendida como la aversión hacia los partidos y protagonistas de la vida pública, al grito de “todos los políticos son iguales”, “todos roban” o “ninguno arregla nada”, es una perspectiva que haríamos bien en combatir, porque solo conduce al elogio de las dictaduras. Somos conscientes de los lamentables e intolerables casos de corrupción, de la inanidad de algunas medidas de escaparate o del populismo de muchas proclamas que escuchamos a diario. Pero la respuesta a esas prácticas debería ser votar y, después, no limitar nuestra participación ciudadana a ejercer cada cuatro años el derecho al sufragio.

Vivimos en el mundo de la comunicación. Medios escritos, radios, televisiones y redes sociales inciden en el debate público y no siempre cumplen con su noble función social de informar y favorecer los debates. Con frecuencia, son portadores de un griterío casi insoportable. En su origen está la lucha descarnada por el poder y las batallas contra formas de entender la vida con libertad, justicia e igualdad. El domingo tenemos la oportunidad de rebajar el ruido con un procedimiento sencillo: acudir a votar.

Firmado: COLECTIVO PENSAMOS
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