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Un proyecto de protección integral en el Chaco paraguayo beneficiará a 94 menores y jóvenes indígenas

Fernando Martínez, Carlos Serrano, María José Piñeiro, María Dolores Pérez y Pedro Aguado, en la presentación de la campaña de Manos Unidas Jaca 2026. EL PIRINEO ARAGONÉS

La Delegación de Manos Unidas de Jaca presentó este jueves, 5 de febrero, en el Salón Panadería de la Ciudadela, la Campaña 2026 de la organización, que este año lleva por lema “Declara la guerra al hambre”. Un acto que reunió a voluntarios y colaboradores y que contó con la presencia del obispo de la diócesis de Jaca, Pedro Aguado; la presidenta delegada de Manos Unidas en Jaca, María José Piñeiro; y la misionera de la congregación Hijas del Calvario María Dolores Pérez, que desde 1982 ha desarrollado su labor en Zimbabue. Entre el público se encontraba también el alcalde de Jaca, Carlos Serrano.

La presentación corrió a cargo de Fernando Martínez, responsable de comunicación de la delegación jaquesa, quien introdujo a los intervinientes y recordó el sentido profundamente solidario de una campaña que, como cada año, busca movilizar conciencias frente a una de las grandes lacras de nuestro tiempo: el hambre en el mundo.

“La paz y la justicia se besan”

El primero en tomar la palabra fue el obispo de Jaca, Pedro Aguado, quien situó la campaña en el contexto histórico de Manos Unidas, nacida hace más de setenta años del impulso de un grupo de mujeres católicas que, en los años cincuenta, se atrevieron a “declarar la guerra al hambre”. Recordó que aquellas fundadoras dejaron un mensaje que sigue plenamente vigente: “solo hay un obstáculo insuperable en la lucha contra el hambre: creer que la victoria es imposible”.

Aguado subrayó que el lema de este año remite necesariamente a la paz, entendida no como simple ausencia de bombas, sino como un concepto mucho más profundo. “La paz se construye cuando desaparecen la exclusión, la injusticia y la desigualdad. Una sociedad justa es el verdadero camino hacia la paz”, afirmó.

El prelado ilustró esta idea con una experiencia personal vivida en Camerún, donde visitó un internado para niños desplazados por la guerra. Allí, un educador le pidió que transmitiera a Manos Unidas un mensaje de agradecimiento: “gracias a ellos, estos niños tienen comida, cama, escuela y, sobre todo, se sienten amados”. Una frase que, según el obispo, resume la esencia del trabajo de la organización: cambiar el mundo cambiando vidas concretas.

Declarar la guerra… a la paz

La presidenta delegada de Manos Unidas en Jaca, María José Piñeiro, centró su intervención en la relación directa entre paz y desarrollo. Recordó que la organización regresa este año a sus orígenes, inspirándose en el espíritu de sus fundadoras para lanzar un mensaje claro: “la verdadera lucha no se libra con armas, sino con educación, sanidad, derechos humanos e igualdad”.

Piñeiro ofreció datos que reflejan la gravedad de la situación mundial: más de 52 millones de niños sin escolarizar en países en conflicto, 1.100 millones de personas en extrema pobreza –de las cuales casi la mitad viven en zonas de guerra– y 59 conflictos activos en todo el planeta. “El hambre es un arma silenciosa, más letal que muchas guerras”, advirtió.

Frente a esta realidad, la campaña propone “rescatar la cuchara” como símbolo de una lucha pacífica basada en el compartir. “La paz no empieza cuando callan las armas, sino cuando se erradica el hambre y se reducen la pobreza y la desigualdad”, concluyó, pidiendo a la sociedad jaquesa que se sume a “la única batalla justa”.

Un proyecto en el Chaco paraguayo

Durante el acto se proyectó un video explicativo del proyecto que Manos Unidas Jaca impulsará este año en la región del Chaco paraguayo, una de las grandes fronteras agrícolas de Sudamérica. La iniciativa se centra en la protección integral de niñas, niños y adolescentes indígenas, mediante programas de formación y emprendimiento que reduzcan el riesgo de explotación y exclusión social.

El proyecto prevé la puesta en marcha de doce iniciativas productivas lideradas por jóvenes, así como formación en oficios para veinte adolescentes indígenas. Beneficiará de forma directa a 94 personas e indirectamente a 357, con un presupuesto total de 46.342 euros.

El video también describió los graves problemas que sufre esta región: deforestación acelerada, pérdida de territorio indígena, pobreza estructural y falta de oportunidades para la población local. Un contexto que hace especialmente necesaria la acción solidaria.

Asistentes a la presentación de la nueva campaña de Manos Unidas en el Salón Panadería de la Ciudadela de Jaca. EL PIRINEO ARAGONÉS

El rostro real del hambre

La intervención más emotiva de la tarde fue la de la misionera María Dolores Pérez, enfermera y matrona cordobesa que ha dedicado 36 años de su vida a Zimbabue. Con un relato directo y profundamente humano, compartió experiencias vividas en primera persona en torno al hospital de Kariyangwe, donde ha desarrollado gran parte de su labor.

“Las estadísticas hablan de 735 millones de personas con hambre, pero no son números: son personas”, afirmó. Recordó escenas de desnutrición extrema, de madres que debían repartir un único plato de papilla entre varios hijos, o de niños que chupaban hojas para engañar el estómago. “El hambre mata más que el sida, la malaria y la tuberculosis juntas”, subrayó.

La misionera explicó cómo, gracias al apoyo de Manos Unidas, se han podido construir clínicas, escuelas y programas de nutrición que han salvado miles de vidas. “He visto a niños desahuciados salir adelante, crecer, estudiar y convertirse en adultos con futuro. Ese es el milagro del compartir”, señaló visiblemente emocionada.

Su mensaje final fue claro y contundente: “el hambre se combate con paz, con amor y con generosidad. Sin ese compromiso, no saldremos adelante”.

Con esta presentación, Manos Unidas Jaca inicia oficialmente una campaña que se prolongará a lo largo de todo el año y que apelará a la colaboración de instituciones, parroquias, centros educativos y ciudadanos. Una llamada a la solidaridad que, como recordó el obispo Pedro Aguado, tiene un objetivo sencillo y ambicioso a la vez: construir un mundo donde nadie pase hambre y donde la paz sea un derecho real para todos.

Un momento de la intervención de la misionera María Dolores Pérez. EL PIRINEO ARAGONÉS
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