Exposición de acuarela en la Sala Burnao de la Ciudadela de Jaca

Manuel Macías posando en el espacio dedicado a los retratos. EL PIRINEO ARAGONÉS
La Sala Burnao de la Ciudadela de Jaca inauguró este viernes la exposición Pensamientos, del pintor Manuel Macías, una muestra que reúne más de una veintena de acuarelas de gran formato y que podrá visitarse hasta el próximo 12 de marzo. Concebida casi como dos exposiciones que conviven dentro de un mismo espacio, la propuesta articula, por un lado, los paisajes del Pirineo que han definido durante décadas la trayectoria del artista y, por otro, una amplia galería de retratos que supone una clara inflexión en su obra más reciente.
Formado en Huesca y en la Academia Parramón de Barcelona, con cerca de medio siglo de dedicación a la acuarela y una treintena larga de exposiciones individuales, Macías reconoce que esta muestra marca un punto de transición. “Siempre he sido conocido como paisajista del Pirineo, pero desde hace un tiempo me he introducido en el mundo de la figura humana”, explicó durante la presentación. Exponer en Jaca le llevó a no romper de forma brusca con el paisaje, de ahí la división de la sala en dos ámbitos diferenciados: uno dedicado al paisaje y otro centrado íntegramente en la figura.
En las acuarelas de paisaje, de formatos amplios para la técnica —en torno a 70 por 50 cm—, el eje principal es la luz. Macías insiste en que ese punto luminoso actúa como reclamo visual y como puerta de entrada a la obra. Nieblas, reflejos y atmósferas vaporosas envuelven montañas y valles reconocibles, aunque deliberadamente no identificados. “No me interesa de dónde es el paisaje, sino la emoción que me ha transmitido”, señala el artista, que huye del componente descriptivo o comercial para centrarse en la experiencia sensorial y emocional del espectador.
La otra mitad de la exposición la ocupa una serie de retratos y figuras humanas realizados también en acuarela, pero en formatos poco habituales que alcanzan el metro o metro y medio. Aquí, el protagonismo lo asume el movimiento. Los rostros son reconocibles —familiares, amigos como Eugenio Monesma, figuras admiradas como Salvador Dalí, autorretratos, personajes anónimos de otras culturas o incluso inventados—, pero aparecen envueltos en atmósferas etéreas, con vestimentas apenas insinuadas y una clara voluntad de sugerencia más que de definición cerrada.
Esa intención se aprecia, por ejemplo, en uno de los retratos femeninos de perfil, cubierto por un turbante blanco que emerge sobre un fondo azul intenso. La identidad se construye desde el contraste entre la precisión del dibujo facial y la libertad del entorno pictórico, donde el color sostiene la tensión del cuadro y refuerza la sensación de presencia más allá de cualquier referencia concreta. En el autorretrato que abre la galería, Manuel Macías se representa a sí mismo pinceles en mano, sobre un fondo rojo dominante que funciona como afirmación vital y declaración de principios: la pintura como impulso, como energía y como forma de resistencia. La mano adelantada, en primer plano, intensifica esa sensación de cercanía y de diálogo directo con el espectador.
Detalles de algunos de los retratos de Manuel Macías expuestos en la Sala Burnao de la Ciudadela de Jaca. EL PIRINEO ARAGONÉS
En conjunto, la galería de retratos responde a una reflexión sobre la globalización y la condición humana contemporánea. A través de la diversidad de rostros, colores de piel y procedencias, Macías plantea una visión universal de la humanidad y una llamada a la conciencia colectiva, tanto emocional como medioambiental. “Todos tenemos que ir a una, salvar el planeta, emocional y físicamente”, subrayó.
Desde el punto de vista técnico, el reto se multiplica por el tamaño de las obras. El propio Macías define la acuarela no como una técnica difícil, sino “complicada”, marcada por una relación constante con el agua, a la que considera su principal adversario y aliado. En formatos grandes, esa lucha se intensifica y exige rapidez, control y una planificación por etapas.
Más allá de la venta, que no considera prioritaria, el artista subraya su condición de profesor, decorador y diseñador de interiores, con una intensa labor docente repartida por toda España. “Lo que necesito es exponer mi forma de trabajar y mis emociones; si consigo transmitirlas al público, mejor que mejor”, resume.
Pensamientos se presenta así como una exposición de tránsito y de síntesis, en la que el paisaje y la figura no se contradicen, sino que se complementan como dos maneras de explorar una misma preocupación interior. En los paisajes, la luz actúa como punto de fuga que invita a entrar en la obra; en los retratos, es el movimiento el que conduce la mirada y sostiene la emoción. Dos lenguajes distintos para un mismo impulso: convertir la pintura en un espacio de reflexión entre el artista y el espectador. Una relación cómplice que Manuel Macías lo define con esta frase: “Cada trazo una mirada, una duda, un pensamiento. Cada tono un sentimiento, una emoción que nos recuerda que la belleza no está en lo perfecto, sino en los ojos que miran”.














