
Pepe Hidalgo y Guo Yan en una imagen facilitada por los artistas.
La exposición de Pepe Hidalgo y Guo Yan, celebrada en Vancouver el pasado año, se concibió como un diálogo pictórico surgido en plena pandemia y consolidado con el tiempo en un lenguaje común que une Oriente y Occidente. Journey to the Light (Un viaje en el tiempo), nombre de aquella muestra que resumía seis años de trabajo conjunto, marcó un punto de madurez en una colaboración que no se detiene y que continúa hoy abierta a nuevas derivas creativas. Más allá de la exposición, ambos artistas siguen explorando proyectos conjuntos que se están perfilando y que amplían el ámbito estrictamente pictórico, entre ellos una iniciativa audiovisual vinculada al relato simbólico y a la tradición cultural china. Se trata de un trabajo aún en fase de gestación, inspirado en una fábula que se estudia en las escuelas de China y que plantea un contraste entre la forma oriental y occidental de interpretar el mundo, la utopía y los procesos de aprendizaje. “La colaboración no se cierra nunca del todo; simplemente cambia de forma”, señala Pepe Hidalgo, que subraya el interés de abordar ese relato desde una mirada ajena a su contexto original. “Es muy sugerente ver cómo una historia asumida desde la infancia en China puede leerse de otro modo desde Occidente”, añade. En la ciudad canadiense que es residencia de ambos, aquel capítulo expositivo dio forma y sentido a un recorrido artístico conjunto que sigue escribiéndose, tejido con imágenes, símbolos y metáforas que trascienden fronteras.
El origen de la colaboración
La historia comenzó en 2019, cuando Pepe Hidalgo y Guo Yan coincidieron en Vancouver, ciudad de migrantes y lugar de paso para tantas biografías en tránsito. El idioma no era una herramienta común: él hablaba español, ella mandarín. Fue entonces cuando decidieron comunicarse a través de la pintura, enviándose pequeñas obras en formato de 10 por 8 pulgadas, como si fueran cartas visuales.
En plena pandemia de 2020, el intercambio adquirió un sentido más profundo. Confinados y preocupados por sus países de origen, encontraron en esas “cartas pictóricas” un modo de diálogo y consuelo. Cada cuadro era respuesta y pregunta, un gesto de confianza y descubrimiento. “La ausencia de palabras dio más fuerza a la propuesta, porque cada malentendido visual abría nuevas posibilidades”, recordaba el propio Hidalgo. Así, en el momento de mayor incertidumbre, el arte se convirtió en refugio y en lenguaje universal.
De Ararat a la tierra prometida
De aquel diálogo inicial surgieron obras mayores, en las que la fusión de estilos se volvió cada vez más evidente. En 2020 pintaron Back to Mount Ararat y Promised Land, piezas que marcaron un giro en la trayectoria de ambos. Para Guo Yan, que hasta entonces había representado ciudades en ruinas y figuras rojas atrapadas en un horizonte sombrío, significó una apertura hacia un espacio nuevo, más esperanzado. Para Hidalgo, que aportaba su imaginario bíblico y su paleta vibrante de burbujas energéticas, fue la oportunidad de ver cómo su vitalismo transformaba el trasfondo dramático de la artista china.
El mito del Ararat, la montaña donde se posó el Arca de Noé, se convirtió en una metáfora común: un lugar de acogida, de inicio y de promesa. En aquellas obras, los pequeños hombres rojos de Guo Yan comenzaron a elevarse, iluminados por la luz sagrada que emanaba del universo pictórico de Hidalgo.


El mito del Ararat, la montaña donde se posó el Arca de Noé, se convirtió en metáfora común. Imágenes facilitadas por los autores.
El despliegue de 2021
El año 2021 fue especialmente fecundo. De su trabajo en conjunto nacieron seis piezas de gran formato, entre ellas La Torre de Babel, El otro lado de los sueños y El Arca de Noé en el siglo XXI. En ellas, la iconografía se expandió: la Torre ya no simbolizaba la confusión de lenguas, sino la posibilidad de ascender hacia universos circulares y coloridos; los cristales humanos de Guo Yan cobraban vida bajo los cielos cósmicos de Hidalgo; los animales y las figuras, rodeados de mares y faros, parecían encontrar un nuevo hogar en una geografía mítica y protectora.
Ese mismo año también apareció la serie de los jardines: El jardín del futuro, El jardín de los sueños y El jardín en primavera. Estas obras, concebidas en un momento en que el mundo empezaba a salir de la pandemia, expresaban la esperanza de un renacer. En ellas, los paisajes de ambos se fundían: las figuras familiares de Hidalgo se situaban sobre colinas canadienses, mientras los bosques verdes de Guo Yan se transformaban en paraísos terrenales. El diálogo entre Oriente y Occidente se materializaba en imágenes de armonía y vida.
El puente con 2022: madurez y proyección
En 2022, la colaboración entre ambos se consolidó en la exposición El ciclo de la vida, que tuvo eco en medios internacionales y alcanzó gran repercusión en China. En paralelo, Pepe Hidalgo desarrolló en solitario la muestra Seducido por las musas, que también se presentó en Vancouver y White Rock. En aquel momento, él mismo explicaba que su pintura era fruto de la intuición, de dejarse llevar sin premisas, “seducido por las musas”.
En la entrevista publicada en El Pirineo Aragonés en junio de 2022, Hidalgo recordaba cómo el cordón o cable que aparece en muchos de sus cuadros se había convertido en su signo personal, una guía que le permitía transitar entre lo figurativo y lo abstracto. También reafirmaba su compromiso con la pintura como oficio y aprendizaje constante, sin renunciar a la experimentación. “Los caminos de la pintura son infinitos —decía entonces—, un oficio para el que necesitarías cien vidas para empezar a entenderlo”.
Ese año marcó una transición: de la introspección personal a la madurez de un diálogo artístico consolidado. El trabajo con Guo Yan no era ya un experimento de entendimiento, sino un lenguaje común que se proyectaba hacia nuevas obras.





La exposición se concibió como un diálogo pictórico que surgió en plena pandemia y que se ha ido consolidando en un lenguaje común que une Oriente y Occidente. Las imágenes han sido proporcionadas por los autores.
El presente: Journey to the Light
La exposición de Vancouver, Journey to the Light, recogió todo ese recorrido. Entre las piezas destacaron El explorador, un lienzo complejo en el que conviven gansos blancos en vuelo, ángeles invisibles y objetos fantásticos que surcan un río azul o una cordillera serpenteante. En el centro, los niños rojos de Guo Yan se mueven con la vitalidad de peces voladores, mientras una escalera roja conduce hacia otra pintura, como si el arte fuera pasaje a otro mundo.
Otra de las obras centrales fue Journey to the Light, de 2022, un cuadro cargado de símbolos y personajes: un bibliotecario con libros, un pianista, una figura que remite al grito de Munch. Todo bajo una luz verde que sugiere un espacio dedicado al arte y la creación.
La culminación llegó con Endless Vitality (生生不息), inspirada en un viaje familiar de Guo Yan al lago Kelowna, en la Columbia Británica. Allí, la convivencia de cielos multicolores, lagos serenos y figuras transparentes simboliza la integración más plena entre ambos lenguajes. Y finalmente, El túnel del tiempo (2025) ofreció la metáfora definitiva: un lienzo central lleno de rostros pintados por Hidalgo, entre los que vuelan los hombres rojos de Guo Yan, con un fondo de montañas blancas y cielos estrellados. El tiempo y el arte aparecían de esta forma como túneles que conectan mundos y trayectorias.
Itinerarios personales
Pepe Hidalgo, nacido en Toledo y formado en Madrid, ha recorrido un camino artístico marcado por el viaje: años en los Países Bajos, una etapa determinante en Jaca y el Pirineo, y desde hace más de una década su instalación en Canadá. Su obra ha sido reconocida con premios en España y en la Federación de Artistas Canadienses, y figura en colecciones de Europa y América.
Guo Yan, nacida en Xi’an, se formó en la Academia de Bellas Artes de esa ciudad y ha desarrollado una carrera internacional con exposiciones en Pekín, Shanghái, Chengdu, Los Ángeles o Vancouver. Sus obras forman parte de colecciones en museos de China, Estados Unidos, Australia y Canadá. Su iconografía de figuras rojas y ciudades en ruinas se ha transformado en diálogo con Hidalgo, abriéndose hacia paisajes simbólicos y luminosos.
La mirada crítica y simbólica
Críticos y académicos como Shuyu Kong o Zheng Shengtian han subrayado que el arte de Guo Yan y Pepe Hidalgo trasciende lenguas y fronteras, convirtiéndose en un espacio de encuentro en tiempos de fragmentación. Para ellos, el proyecto conjunto representa una metáfora poderosa: dos artistas extranjeros en Vancouver que, sin renunciar a sus raíces culturales, han encontrado en el arte un hogar mutuo.
El “viaje en el tiempo” del título alude a su propia trayectoria vital y artística, a la migración y al cruce de experiencias, pero también a la permanencia del arte como lenguaje universal.
Un puente con el Pirineo
Para Pepe Hidalgo, la exposición de Vancouver supuso un hito más en una trayectoria que siempre mantiene un hilo con el Pirineo aragonés. “Es mi forma de seguir relacionado con los Pirineos y sus gentes”, confiesa el artista. Ese vínculo, lejos de agotarse, continúa activo desde la distancia y se proyecta en nuevas líneas de trabajo que siguen teniendo como trasfondo las ideas de raíz, desplazamiento y cruce cultural que han marcado su carrera.
Journey to the Light fue la culminación visible de seis años de colaboración, pero también un punto de inflexión a partir del cual el diálogo entre Pepe Hidalgo y Guo Yan se abre a otros formatos y relatos. Un proceso en curso, todavía en construcción, que mantiene vivo ese viaje común en el que arte y vida, Oriente y Occidente, siguen encontrándose en una misma búsqueda.



