Una costumbre ancestral que marca el inicio de la Navidad en Jaca
El encendido de la tradicional Zoca de Nabidá reunió este martes 23 de diciembre, a media tarde, a numeroso público en la plaza de Ripa, en una jornada fría y plenamente invernal que se vivió, sobre todo, en clave familiar, con muchos niños siguiendo el acto con curiosidad y entrega. La cita, que el año pasado no pudo celebrarse debido al fuerte viento y la suspensión por motivos de seguridad, se ha ido consolidando con el paso de los años como uno de los símbolos que marcan el inicio de las fiestas navideñas en la ciudad.
La convocatoria, impulsada por Os Gaiters de Chaca, con Fran Ponce al frente, el Ayuntamiento de Jaca y varias firmas colaboradoras, mantiene vivo el espíritu de una costumbre profundamente arraigada en la cultura pirenaica. La zoca o tronca era el gran leño que se introducía en el hogar en la noche de Nochebuena y se mantenía encendido durante horas, a veces durante varios días, como símbolo de protección, continuidad y buen augurio para el año entrante. En torno a ese fuego se reunía la familia, se compartían alimentos y se transmitían relatos y creencias populares. Con la progresiva desaparición de las casas con fogaril, el rito fue perdiéndose en el ámbito doméstico, pero ha sobrevivido gracias a su recuperación en espacios públicos, donde conserva su carácter comunitario y su función de transmisión entre generaciones.
La tarde comenzó con la proyección de un video de tradiciones montañesas y paisajes pirenaicos, acompañado por los acordes del Villancico montañés. A continuación, Os Gaiters interpretaron cuatro temas, abriendo con un villancico vinculado a la llegada de los Reyes Magos. Después tomó la palabra Fran Ponce para explicar el origen del encendido de la zoca y recordar su antiguo rito de bendición, antes de dar paso al relato del cuento de Miguelé, un mozé del Llano de Aín que soñaba con tocar el chiflo junto a los Danzantes de Santa Orosia.
El cuento, ya convertido en una parte inseparable del acto, habla del deseo de pertenencia y de la llamada de la tradición. Miguelé encarna al niño que observa a los mayores, aprende de ellos y aspira a formar parte de aquello que ve y escucha. Una metáfora que conecta directamente con el sentido de la zoca: el fuego como lugar de encuentro donde se heredan los gestos, las músicas y relatos, y donde la memoria colectiva se transmite de forma natural, casi sin palabras.
El momento central llegó con la bendición de la tronca. Acompañado por tres niños con sendos porrones de vino, Fran Ponce realizó la señal de la cruz y, seguidamente, se prendió el fuego mientras se proyectaba otro video, esta vez dedicado al payaso jacetano Marcelino Orbés, que triunfó en Londres y Nueva York antes de poner fin a su vida de manera trágica. Con la zoca ya encendida, y al ritmo de la música, los niños bailaron en círculo, enlazando las manos alrededor del fuego, cerrando así el gesto simbólico del rito.
El acto concluyó con el reparto de chocolate caliente, elaborado por la pastelería Echeto, y ponche para los adultos, en una organización en la que se agradeció la colaboración de Construcciones Esporrogón, Leñas Bustos —que cedió la leña—, el restaurante La Cadiera, el Ayuntamiento de Jaca y el Club Baloncesto Jaca, que se encargó del reparto para pequeños y mayores.
Gesto solidario y recuerdo a Patricia Ordóñez
Más allá de la estampa festiva, el encendido tuvo este año un componente solidario especialmente significativo. La recaudación obtenida —destinada cada edición a una entidad local— correspondía en esta ocasión al Club Baloncesto Jaca, que decidió donarla íntegramente a la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), como gesto de recuerdo y apoyo a la investigación contra el cáncer, en memoria de Patricia Ordóñez, la que fuera presidenta del Club Escaladores del Pirineo, persona muy querida en la ciudad y fallecida recientemente.
El alcalde de Jaca, Carlos Serrano, explicó que la iniciativa mantiene la idea de respaldar al tejido deportivo local, pero subrayó el “significado especial” de esta edición, al destinar lo recaudado por el chocolate y el vino quemado a la investigación oncológica, enlazándolo además con una colecta previa impulsada en el barrio norte que ya superó los mil euros.
En la misma línea se expresó el presidente del Club Baloncesto Jaca, Carlos Iralde, quien recordó que la propuesta de vincular la zoca a una entidad local cada año partió de Fran Ponce y que, dadas las circunstancias de este 2025, el club optó por destinar lo reunido a la SEOM “para transmitir, a través de la Zoca de Navidad, un apoyo a una labor tan importante”. Así, el fuego simbólico de la zoca —tradición de encuentro y comunidad— quedó este año unido también a un mensaje de solidaridad.








