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50 AÑOS

Diciembre 1975

Vista de la villa de Echo, en una imagen de archivo. EL PIRINEO ARAGONÉS

 El pesimismo se ha unido a los factores que están en contra del futuro de la región; así, los aragoneses vemos las cosas de fuera con verdadero asombro e incluso envidia, y las propias con lástima.

Los nativos de otras regiones, en particular los catalanes (que nos dan ejemplo, aunque de poco nos sirve) se han preocupado por “mantener su cultura” unida a los problemas que les afectan, creando así un algo personalizador de ellos. En Aragón cada cosa ha ido por su lado, no existiendo comunicación unitaria de inquietudes y hemos considerado lo del vecino como algo ajeno a nuestros problemas.

Así, por ejemplo, la fabla, que gran parte de nuestra región la considera como cosa de “unos pocos montañeses atrasados y aislados”, o todo lo más como un problema que aunque existe es de pequeña importancia frente al Trasvase del Ebro y las centrales nucleares, únicas preocupaciones de la mayoría de aragoneses.

Aunque es verdad que de cultura no se vive, también lo es que el terreno que la fabla ha perdido, ha influido en gran manera en nuestra despersonalización regional.

Simultáneamente también los vascos y catalanes perdían terreno en cuestión de sus lenguas vernáculas, pero todos ellos comulgaron en el mismo afán de salvarlas.



En Aragón no, pocos haciendo y la mayoría indiferentes al respecto, aunque hay algunos que apoyan solo moralmente, lo ideal sería que todos aportásemos algo, aunque fuera poco, pero en el plano de lo real. Y como ocurre siempre, cada uno tira para lo suyo y de esta manera nuestra fabla se va empobreciendo, numérica y lingüísticamente, hasta que llegue el día, que no tiene trazas de ser muy lejano, en que será un mero recuerdo (…)

Firmado: JESÚS A. JAIME LOREN (de la Institución de Estudios Aragoneses)
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