
Manifestación del pasado 25 de octubre convocada por Pirineo Digno. EL PIRINEO ARAGONÉS
Alrededor de 6.000 personas, según los organizadores, se concentraron en Jaca el pasado 25 de octubre para reivindicar la “dignidad de la montaña”, una expresión que engloba reivindicaciones históricas (rechazo al pantano de Yesa, por ejemplo) junto a otras más recientes, como la oposición frontal al Plan Pirineos del actual Gobierno aragonés. Lo que, en definitiva, plantea el Movimiento por la Dignidad de la Montaña es un modelo de desarrollo de las comarcas pirenaicas diferente del actual, cuyo eje primordial es el turismo. En este artículo pretendemos estimular un debate sobre el camino deseable a recorrer para garantizar el futuro de esta zona y de cuantos vivimos aquí. Para ello, expondremos algunos de los principales argumentos tanto de un portavoz del citado Movimiento como de un empresario del sector turístico con varios negocios en Jaca.
Estableceremos, sin embargo, unas líneas rojas que no se deberían traspasar sea cual sea el patrón económico que se considere más viable. Pensamos que es preciso conservar el patrimonio natural y cultural como bien común accesible a toda la población. Es decir, rechazamos proyectos como el de Canal Roya, cuyo retorno económico y social no justifica, a nuestro entender, el daño ecológico que provocan ese tipo de instalaciones. Consideramos también necesario defender unas condiciones laborales dignas para los trabajadores del sector servicios de nuestra zona, con medidas específicas y urgentes en el ámbito de la vivienda. Proponemos, finalmente, contener el crecimiento turístico para que este territorio no se convierta en una especie de Salou del Pirineo.
El Movimiento por la Dignidad de la Montaña ha recogido pueblo por pueblo reivindicaciones que pueden consultarse en su página web (pirineodigno.org) y que podrían resumirse en unos cuantos puntos: menor dependencia del sector turístico; aplicación de recursos públicos a sectores industriales, ganaderos y agroalimentarios; defensa de los recursos naturales extraídos de estas comarcas sin que los beneficios se queden aquí, y protección de la vida rural tradicional.
Por su parte, el empresario consultado, vocal de Acomseja (Asociación de Empresas de la Jacetania), señala al turismo como principal motor hoy por hoy para crear empleo en la zona. Así lo muestran, al menos, las estadísticas. El empresario, que no se opone a la llegada de inversiones en otros sectores, subraya la necesidad de dar un buen servicio a quienes nos visitan y, en el campo del esquí, defiende la conveniencia de buscar un tipo de cliente que permanezca más días disfrutando de las estaciones, para lo cual debería hacerse una oferta de superficies esquiables más extensas. Una mayor afluencia de visitantes, argumenta el empresario, restaría temporalidad al empleo y convertiría en contratos fijos muchos de los que hoy son temporales o discontinuos.
Nuestro interlocutor ha subrayado la importancia de desarrollar programas de formación profesional pública en las comarcas pirenaicas, tanto en el campo de los servicios enfocados al turismo (cocineros, camareros, etcétera) como en el de los oficios generales (albañiles, fontaneros, electricistas, mecánicos) para garantizar la existencia de operarios, tan necesarios para todos y, sin embargo, tan escasos actualmente.
Cabría preguntarse si ambos modelos, el propuesto por el Movimiento por la Dignidad de la Montaña y el de los empresarios turísticos, son incompatibles o si puede haber puntos de encuentro entre los dos esquemas de desarrollo. Nuestra impresión es que ambos pueden coexistir, a pesar de comprobar cómo actualmente las inversiones públicas parecen encaminadas exclusivamente al turismo: hotel de Canfranc, nuevos remontes en las estaciones de esquí, cañones de nieve, toboganes, miradores panorámicos, etcétera.
El debate que proponemos debe huir de la polarización partidista, contar con la participación de expertos y concernir tanto a los organismos con capacidad de decisión como a la sociedad civil. Tendría, asimismo, que escapar de las tentaciones utópicas y tener en cuenta la presente realidad demográfica y social (la despoblación de los pueblos de montaña, el interés de los jóvenes por cursar estudios o desarrollar su vida profesional en grandes ciudades), tendencia muy difícil de revertir en el actual contexto.
Se trata de un diálogo que apela también a las instituciones, porque cabe preguntarse si es tan difícil atraer a este territorio inversiones industriales o de nuevas tecnologías que superen un concepto de especialización económica en un campo, el turismo, con la que muchos habitantes de estos valles no comulgan.