
La doncella del lago (River Returns, 2024)
Duración: 108 min. País: Japón. Dirección:Masakazu Kaneko. Guion: Masakazu Kaneko, Genki Yoshimura. Reparto: Sanetoshi Ariyama, Asuka Hanamura, Yo Aoi. Música: Takagi Masakatsu. Fotografía: Tatsuya Yamada. Prodcutoras: EST Studios, N8 Studios. Distribuidora: EST Studios.
En ocasiones, y con multitud de estrenos, algunas películas pasan desapercibidas entre la estridencia de las grandes superproducciones y sus omnipresentes estrategias de marketing. Afortunadamente, algunas salas de cine se arriesgan a hacerles un hueco. Y las plataformas de streaming también se comportan como modernos faros que nos permiten rescatar tesoros. La doncella del lago es, sin duda, una de esas joyas que merece mucha atención y debe ser apreciada en toda su brillantez.
Este film es una oda serena y melancólica a los elementos más puros del alma japonesa: el culto por la naturaleza, la fuerza de las leyendas tradicionales y el profundo respeto y arraigo por la familia y la comunidad. Ambientada en el verano de 1958, la película nos transporta a un pueblo costero que vive bajo la amenaza constante de los tifones. Esta elección no resulta casual, la naturaleza no es un mero escenario, sino un personaje activo, poderoso y a menudo iracundo, que dicta el ritmo de vida y el estado de ánimo de sus habitantes.
En este entorno, conoceremos a Yucha, un niño impactado por la leyenda de La doncella del lago, presentada a través de la maravillosa técnica del Kami-Shibai (teatro de papel). No se reduce a un cuento folclórico: posee la llave que abre la puerta entre el mundo tangible y el espiritual, y el mecanismo narrativo que entrelaza el destino del pueblo con el dolor de un fantasma. Yucha no actúa por rebeldía, sino guiado por el conocimiento y el estímulo de su abuela.
Esta figura representa el puente entre generaciones, la sabiduría ancestral de quien sabe y comprende que algunas heridas requieren de un acto de coraje y de fe para ser sanadas, y que, a menudo, son los más pequeños quienes poseen el necesario valor que los adultos han perdido.
También existe un tono de denuncia: la llegada del progreso va a significar la tala de bosques para construir viviendas.
Su director, Masakazu Kaneko, escribe y dirige con precisión, aplicando a la historia tintes románticos y fantásticos, pero siempre pausado, contemplativo y destilando delicadeza en cada secuencia. Además, otorga más peso al gesto que a la palabra. Incluso los tensos silencios son más eficaces que los diálogos. Todo ello, apoyado en una fotografía que plasma la naturaleza con precisión: desde el fluir del río, hasta las hojas arrastradas por la corriente.
La fuerza de esta película no reside en giros argumentales impactantes, sino en la delicada manera en que teje su magia, recordándonos que las historias más pequeñas, igual que las joyas más ocultas, suelen ser las que guardan los secretos más valiosos. Una película indispensable para los amantes del cine japonés y para cualquier espectador en busca de una experiencia cinematográfica auténtica y resonante.








