El manifiesto del acto central del 25N en la plaza Ripa de Jaca será leído por chicos y chicas de los clubs deportivos de la Jacetania

María Victoria Mora, Laura Climente, Ana Etxabe, Loli Marco, Olvido Moratinos e Isabel Castillo presentando las actividades del 25N en la Jacetania. EL PIRINEO ARAGONÉS
La Comarca de la Jacetania presentó este miércoles el programa de actos con motivo del 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, con un mensaje que traspasa toda la campaña: rompe el silencio. Un lema que apela a las mujeres, pero también a la sociedad en su conjunto, para reconocer señales de violencia, denunciar y acompañar.
La presidenta comarcal, Olvido Moratinos, subrayó que la violencia machista “existe” también en territorios pequeños, “más de lo que pensamos”, y que el silencio social multiplica el daño. “Aunque se crea que solo ocurre en ciudades grandes, en Jaca y en toda la Jacetania hay casos, y desgraciadamente no pocos”, afirmó. Recordó la importancia del teléfono 900 504 405 del Instituto Aragonés de la Mujer (IAM), “confidencial, cercano y continuo”, como punto seguro de apoyo para quienes sufren violencia o para cualquier persona que detecte una situación de riesgo. “Lo primero es liberarse del miedo y pedir ayuda. Desde ahí empieza una nueva vida”, apuntó.
Moratinos señaló que, además de las acciones del 25N, la comarca desarrolla a lo largo del año una extensa red de programas de prevención y atención: talleres afectivo-sexuales, asesoría psicológica, foros teatrales para adolescentes, prevención de abusos sexuales, escuela de familias, intervención especializada en violencia sexual o acompañamiento a mujeres y familias. “Es una labor constante, dirigida a todas las edades y a todos los ámbitos”, explicó.
Motivos para vivir sin miedo: el enfoque de este año
La consejera de Acción Social, Laura Climente, destacó el lema promovido por el IAM, Motivos para vivir sin miedo, centrado en la esperanza y el futuro. “Erradicar la violencia machista no es tarea de un día ni responsabilidad de unas pocas personas. Es un compromiso colectivo que debe impregnar nuestras políticas y actitudes cotidianas”, señaló. Climente insistió en que la violencia también afecta al medio rural al asegurar que “la Jacetania no es una excepción, y por eso también [es necesario] alzar la voz desde aquí”.
La consejera presentó una de las herramientas que se distribuirán estos días: el termómetro de la violencia, creado por Marina Marroquí, que la comarca repartirá en los centros escolares y actos públicos. El material, que visualiza el ascenso del riesgo desde las primeras señales —bromas hirientes, mentiras, control de horarios— hasta las conductas más graves —agresiones, coerciones sexuales, amenazas—, pretende ayudar a identificar indicios que a menudo pasan desapercibidos. “Pequeñas acciones que normalizamos pueden ser el inicio de un problema grave. Este termómetro permite reconocerlas y actuar a tiempo, destacó Climente.
La responsable comarcal adelantó también el acto central del 25N, que tendrá lugar en la plaza Ripa de Jaca con dos piezas teatrales de Desmadres Teatro, la lectura del manifiesto a cargo de jóvenes de los clubs deportivos de la Jacetania, un árbol de la igualdad y un turno abierto para intervenir. Allí se repartirán ejemplares del termómetro.
Además, recordó que el 21 de noviembre, en el salón de actos de la Biblioteca Municipal de Jaca, se representará La limpiadora negra, tragicomedia de 45 minutos organizada por el Ayuntamiento de Jaca, y que los días 26 y 28 los jóvenes (de 13 a 30 años) podrán participar en un escape room de temática contra la violencia de género en la sede de Cáritas Diocesana, en la calle del Coso.
La concejal de la Mujer del Ayuntamiento de Jaca, Lucía Guillén, ausente en la rueda de prensa por motivos laborales, trasladó su apoyo a las iniciativas comarcales y a la necesidad de visibilizar e impulsar políticas preventivas.
“El 25N no es una celebración, sino una reivindicación
La presidenta de la Asociación de Mujeres Los Valles de Echo, Loli Marco, presentó la programación del valle, construida en torno a la memoria, la palabra y la reflexión colectiva. “El 25N no es una celebración, sino una reivindicación. Mientras exista una sola víctima, no podemos bajar la guardia”, afirmó.
Las actividades comenzarán el 21 de noviembre, a las 19:00 horas, con la proyección del documental Decían que era bruja, en el cine escolar, acompañada de un coloquio con su directora, Judith Prat.
El 22 de noviembre, a las 18:30, se ofrecerá en el mismo espacio la lectura teatralizada de Medea ha vuelto, interpretada por Angélica Morales, una relectura feminista del mito clásico.
El propio 25 de noviembre, a las 16:30, la plaza del Ayuntamiento acogerá una concentración y la lectura del manifiesto, seguida, a las 17:30, de la proyección del corto Juntas y un encuentro abierto con café.
Rompe el silencio
La presidenta de la Asociación Doña Sancha, Isabel Castillo, anunció que el acto anual de su entidad —el 26 de noviembre en el Palacio de Congresos— llevará por título Rompe el silencio, inspirado en una historia real que no puede ser contada públicamente. “El entorno de la víctima ha pedido que no se haga, y eso demuestra hasta qué punto la violencia deja cicatrices que continúan después, incluso cuando la propia mujer ha conseguido salir”, apuntó. Para poder transmitir el mensaje sin vulnerar esa petición, han preparado un pequeño montaje teatral que recrea lo ocurrido. “A veces, lo que uno ve llega mucho más que lo que se puede explicar”, reflexionó Castillo, que insistió también en la transmisión intergeneracional del maltrato: “Si no se frena, se hereda”. Su intervención destacó la importancia de hacer visible lo que el silencio familiar y social todavía oculta.
Cuando la violencia se esconde
Desde Villanúa, la concejal de Cultura y Mujer, Ana Etxabe, habló con especial emoción del significado del 25N. “Sería ideal no tener que llegar a este día, pero hoy mismo hay otra mujer asesinada. Y aquí seguimos”. Explicó que en el medio rural “todo se oculta más”, porque “uno teme lo que pueda pensar la familia, la vecindad o el entorno”, y por ello las actividades requieren un enfoque más íntimo y comunitario.
El 22 de noviembre, en la biblioteca —“nuestro punto morado, el espacio más próximo y accesible”—, se desarrollará Aragón contra las cuerdas, un taller inmersivo, impartido por Inés Cuerdas Locas y basado en testimonios reales de mujeres de todo el territorio aragonés. Será una actividad solo para mujeres, que trabajarán con los relatos y reflexionarán sobre la violencia en zonas rurales.
El 25 de noviembre, también en la biblioteca, se celebrará una actividad familiar titulada La ratita que no quería ser presumida, por Marta Zapata, una propuesta que cuestiona los mensajes normalizados en los cuentos tradicionales.
La realidad en la Jacetania: aumento de los casos y retrocesos entre los jóvenes
El turno de preguntas ofreció una radiografía muy clara de la situación actual. Los servicios comarcales confirmaron que en las últimas semanas se han producido varias atenciones de urgencia, y que la violencia afecta a mujeres de edades muy diversas y de todo tipo de entornos económicos. “Tan pronto te encuentras el caso de una joven de 20 años como de una mujer mayor”, explicaron.
Se recordó que la media de tiempo que una mujer tarda en pedir ayuda es de diez años. “Imagínese lo que aguanta una persona durante una década”, se subrayó en un intercambio de impresiones que se convirtió en un diálogo abierto entre intervinientes y periodistas. A ello se suma que en zonas pequeñas se denuncia menos: “La gente se avergüenza, el entorno presiona, no quiere que se sepa”, se apuntó con insistencia.
La preocupación más compartida fue el retroceso detectado entre los adolescentes. “Las chicas jóvenes creen que, si su novio las controla, las quiere más”, advirtieron. Las redes sociales, la vigilancia constante, la normalización del control y la repetición de patrones familiares están generando un caldo de cultivo que inquieta a los servicios educativos y sociales.
Las responsables insistieron en la necesidad de que, cuando una mujer denuncia, reciba desde el primer momento asesoría jurídica, psicológica, social y educativa, algo que no siempre sucede, y en la importancia de la “mesa de la violencia”, donde profesionales de educación, sanidad y servicios sociales trabajan coordinadamente cada dos meses.