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El OPCC reclama un cambio cultural para afrontar los riesgos climáticos en las montañas pirenaicas

Fotografía grupal de los autores del dictamen presentado por el Observatorio Pirenaico del Cambio Climático (OPCC) de la Comunidad de Trabajo de los Pirineos (CTP) en Toulouse. CTP

El Dictamen ante los riesgos naturales y climáticos en los Pirineos, presentado por el proyecto LIFE Pyrenees4Clima, sitúa a la ciudadanía en el centro de la respuesta colectiva frente a los riesgos que ya empiezan a transformar el macizo. Tras un verano “devastador”, con incendios de sexta generación y temperaturas récord, el documento subraya que la emergencia climática no puede afrontarse únicamente desde la administración o la ciencia: requiere un cambio cultural profundo en la manera de habitar, gestionar y entender el territorio pirenaico.

El informe recuerda que cerca del 80-95% de los incendios registrados en el Pirineo y el Prepirineo tienen origen humano, ya sea por negligencias, quemas no autorizadas o conflictos de uso. Esta cifra, que se repite año tras año, revela —según el dictamen— que la prevención “empieza en cada persona, en cada finca y en cada gesto cotidiano”, y que reducir la siniestralidad solo será posible si se genera una nueva percepción social del riesgo.

En este sentido, el documento pide a la ciudadanía participar activamente en la construcción de un territorio más seguro: desde extremar las precauciones en época de riesgo, hasta sumarse a procesos comunitarios, redes vecinales o iniciativas de voluntariado forestal y ambiental. También reclama apoyar y comprender el papel clave de la ganadería extensiva, el manejo agroforestal y la gestión del paisaje en mosaico, que reducen la continuidad del combustible y minimizan la posibilidad de incendios incontrolables.

El dictamen destaca que el cambio climático —con un aumento de 1,9° C en el Pirineo desde 1960 y una reducción generalizada del manto nival— afecta directamente a la vida cotidiana de los habitantes de montaña: incrementa la presión sobre los bosques, altera los ciclos del agua, complica la movilidad, afecta a la calidad del aire durante los incendios y condiciona actividades como el turismo y la ganadería. Por ello, insiste en que la ciudadanía debe estar informada, formada y preparada para convivir con escenarios climáticos más extremos.

LIFE Pyrenees4Clima, que reúne a 46 entidades científicas y administrativas de España, Francia y Andorra, recuerda que la cooperación transfronteriza solo funciona si va acompañada de una participación social amplia. La adaptación al cambio climático, señala el documento, no depende únicamente de planes técnicos: depende también de pequeñas decisiones cotidianas —evitar prácticas de riesgo, cuidar el entorno inmediato, respetar las restricciones y alertas, o favorecer modelos de consumo y movilidad compatibles con un territorio frágil—.



Como cierre, los autores apelan a una responsabilidad común y consciente: comprender mejor los riesgos para temer menos y actuar más. “La emergencia climática no conoce fronteras”, recuerda el dictamen, que invita a todas las personas que viven, trabajan o visitan los Pirineos a formar parte de una estrategia colectiva que proteja la seguridad, el paisaje y la habitabilidad de la montaña durante las próximas décadas.

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