
Inauguración de la exposición de Enriqueta María Rodríguez González, acompañada en la imagen de Ismael García (izquierda) y Antonio Manterola (derecha). EL PIRINEO ARAGONÉS
La Ciudadela de Jaca acoge hasta el 7 de enero la exposición La luz del románico, de la artista –natural de Anzánigo– Enriqueta María Rodríguez González, un recorrido “lleno de poesía, ingenuidad y color” por una estética que la autora considera “pura” y “entusiástica”. La presentación contó con el director del Consorcio del Castillo de San Pedro, Antonio Manterola, quien subrayó el carácter singular de la muestra en el calendario expositivo del fortín, e Ismael García, responsable de la dirección técnica del montaje.
Rodríguez, maestra de profesión y pintora autodidacta, se formó en la Asociación Sancho Ramírez en las técnicas del fresco y el temple sobre madera, y participó en los talleres realizados en Bagüés y Navasa, experiencias que consolidaron su inclinación por el temple —por comodidad y ligereza frente al fresco— y el uso de pigmentos naturales ligados con yema de huevo o caseína. “Cada pintor tiene sus trucos”, resume, reivindicando la viveza cromática del románico que inspiró a creadores como Miró o Picasso.
El corazón de la muestra es una selección de alrededor de 70 obras —de un conjunto mayor— organizada en grupos para favorecer la lectura del visitante. Predominan las escenas bíblicas —auténtica “biblia gráfica” medieval— junto a bestiarios, vírgenes aragonesas y motivos profanos. Los motivos proceden de hitos como Taüll, Sigena, León (“la Capilla Sixtina del Románico”), así como referencias del Museo Diocesano de Jaca y piezas inspiradas en las Cántigas de Santa María, componiendo un mapa afectivo y didáctico del románico peninsular.
El título La luz del románico alude, explica la autora, al “renacer” de estas pinturas desde su arrinconamiento histórico hasta su recuperación a partir del siglo XIX: una salida literal y simbólica “a la luz” que hoy vive un nuevo apogeo. Tras su reciente paso por Oliván, exponer en la Ciudadela tiene, además, un significado íntimo: “era mi sueño”, confiesa, por su vínculo vital con Jaca, ciudad en la que estudió y nacieron sus hijas. “Yo disfruto pintando”, concluye.