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La escena es antigua y, sin embargo, se mantiene bien presente. El atrio de la iglesia parroquial San Pedro de Ansó, el mismo espacio donde en 1375 se “dio y leyó” la sentencia arbitral entre los valles de Roncal y Barétous, volvió a reunir, el pasado 16 de octubre, a los herederos y sucesores de aquel histórico pacto. No se trataba de una reconstrucción romántica, sino de una conmemoración con una clara voluntad de futuro: firmar, en el lugar exacto del origen, el compromiso de preparar la candidatura del Tratado Pax Avant a Patrimonio Mundial. El gesto simbólico conectó a tres comunidades modernas con una forma medieval de resolver conflictos basada en el diálogo, la justicia y la concordia.

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