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Concentración vecinal este sábado a las 12:00 horas ante el Ayuntamiento

Fermín Orieta atendiendo a dos clientas en su establecimiento, en una imagen del video difundido en las redes sociales por Vivienda Digna Viello Aragón.

El anuncio del cierre del supermercado Santa Orosia, en el barrio Universidad de Jaca, ha desatado una oleada de apoyo vecinal y ha reavivado la preocupación por el progresivo desmantelamiento del pequeño comercio local. Fermín Orieta, propietario del establecimiento y último tendero de la zona, confirmó que el negocio bajará la persiana tras el vencimiento del contrato de alquiler, después de que el edificio haya sido vendido con el propósito de destinar los locales a viviendas.

“Se han vendido todos los locales para hacer viviendas”, explicó Fermín en un video difundido por la plataforma Vivienda Digna Viello Aragón, que ha alcanzado gran repercusión en las redes sociales. “Los márgenes no dan para pagar 800 euros más IVA; los locales que hemos visto son inviables. Es imposible continuar”, lamentó.

A su lado, Javier Luque, vecino y cliente habitual, resumía el sentir del barrio: “En el barrio Universidad no hay ninguna tienda más. Esta tienda es un faro, una luz que se comparte. Aquí puedes acudir a Fermín para cualquier cosa. Es parte de la comunidad, y cuando se vaya, todo va a cambiar”.

Una pérdida que va más allá del comercio

El supermercado Santa Orosia lleva más de una década dando servicio junto al CEIP San Juan de la Peña, en una zona donde viven familias, personas mayores y segundos residentes. Su cierre deja al barrio sin su único punto de venta de alimentación básica. “No lo hago solo por mí —afirma Fermín Orieta en referencia a la campaña de denuncia que se está realizando—, sino por otros que están pasando lo mismo y por los que vendrán detrás. Hay potestad municipal para poner límites y ayudar a que los alquileres sean más asequibles”.

La conversación difundida por Vivienda Digna Viello Aragón ha sido acompañada por un escrito remitido a este periódico en el que se denuncia que el incremento de los precios del suelo y la permisividad urbanística están provocando el cierre de tiendas de barrio, panaderías y carnicerías que no pueden competir con los beneficios que ofrecen los alquileres turísticos o de temporada. Según señalan, “la legislación municipal de Jaca permite transformar locales comerciales en viviendas siempre que cumplan las condiciones de habitabilidad”, lo que está generando una presión creciente sobre los negocios de planta baja. 

“Los precios de la vivienda son un jaque mate para el comercio”



El escrito enviado al periódico recuerda que en la actualidad los locales más modestos se enfrentan a rentas de entre 800 y 1.000 euros mensuales, cuando hasta hace poco rondaban los 500. “Los precios de la vivienda crean una forma demasiado golosa de sacar rendimiento —denuncian—. Los inversores obtienen mayor beneficio con alquileres de temporada o viviendas de uso turístico que con un comercio abierto todo el año”.

En este sentido, se considera que el Ayuntamiento de Jaca debería “dar protección a estos pequeños negocios” mediante una regulación específica del uso de locales a pie de calle, así como políticas de apoyo al comercio de proximidad. “Una legislación apropiada para proteger el tejido social, el barrio y la gente que vivimos en los pueblos y ciudades es necesaria tanto en los locales como frente a los altos precios de un mercado de vivienda orientado a la especulación”, concluye el comunicado.

Un problema que crece en toda España

La situación que vive Jaca no es un caso aislado. En ciudades de tamaño medio con fuerte atracción turística, como Albarracín, Viella, Llanes o Ronda, se observa una tendencia similar: los locales de barrio desaparecen al transformarse en viviendas o apartamentos turísticos, lo que encarece los alquileres y reduce la diversidad comercial. En el casco urbano de Jaca, donde los precios han subido más del 40 % en la última década, la escasez de locales disponibles ha provocado un desplazamiento de las pequeñas tiendas hacia la periferia o directamente su cierre.

A diferencia de otras ciudades que ya han comenzado a limitar el uso turístico de los bajos comerciales, Jaca mantiene todavía una normativa que lo permite siempre que el local reúna las condiciones de habitabilidad, lo que ha incentivado la especulación y la rotación constante en determinadas calles. Los expertos en urbanismo advierten que esta tendencia afecta al paisaje comercial y a la vida cotidiana: menos escaparates activos, menos tránsito vecinal y mayor dependencia de las grandes superficies.

A ello, se añaden los cierres provocados por falta de relevo generacional que impide la continuidad de negocios muy arraigados, incluso centenarios, que siguen siendo rentables, pero que no encuentran nuevos emprendedores que se hagan cargo de ellos.

Movilización ciudadana

Ante la indignación generada por el caso del Supermercado Santa Orosia, se ha convocado una concentración ciudadana para este sábado, 18 de octubre, a las 12:00 horas, ante la casa consistorial. El acto pretende visibilizar un problema que trasciende un caso particular y que afecta al modelo de ciudad: la desaparición de los comercios de barrio, la subida de los alquileres y la proliferación de viviendas de uso turístico en locales comerciales.

El cierre del supermercado Santa Orosia, más que un hecho aislado, simboliza el final de una forma de convivencia urbana en la que el trato personal, la confianza y el servicio cotidiano daban sentido al barrio. Como resume Javier Luque: “Fermín no solo vendía alimentos; sostenía una comunidad. Y eso, cuando se pierde, no vuelve”.

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