
Grupo que conmemoró el fin del asedio de Kudia Tahar, el 13 de septiembre, en una fotografía facilitada por el autor del artículo.
Kudia Tahar es un nombre que a la mayoría de los españoles les resultará desconocido, como resultará el nombre de Baler (Filipinas), ambos nombres donde el heroísmo español dejó huellas profundas. Heroísmo que en estos tiempos se trata de ocultar a toda costa y el cual algunos de nosotros pretendemos que no se olvide.
Y es que el pasado día 13 de septiembre se conmemoró el centenario de la liberación de ese enclave que distaba tan solo 4 km de Tetuán, la capital de lo que en su momento era el protectorado español. Kudia Tahar, con un contingente de 180 hombres, estuvo asediado durante 10 días por algo más de 3.000 rifeños del caudillo Abd el-Krim. La peculiaridad de este asedio viene dada porque quienes conformaban esa guarnición eran principalmente soldados aragoneses y catalanes pertenecientes al Regimiento del Infante n.º 5 con sede en Zaragoza.
Con tal motivo, un grupo de personas interesadas por la historia militar se desplazaron hasta lo que en su día fue esa posición de Kudia Tahar, para conocer el lugar donde se desarrollaron esos acontecimientos. Lugar que en la actualidad todavía conserva vestigios que dan una idea de cómo era esa posición. Entre todos ellos se encontraban algunos de los descendientes que protagonizaron esa gesta.
Los hechos de Kudia Tahar coincidieron en el tiempo con lo que fue el desembarco de Alhucemas. Por ello, el grupo se desplazó asimismo a las playas que fueron protagonistas de esos hechos decisivos para lo que iba a ser el principio del fin de la guerra de Marruecos.
En el primer cuarto del siglo XX, Marruecos constituía un quebradero de cabeza para las autoridades españolas por dos razones principales: la sangría humana que estaba suponiendo y el costo económico. Y, como alguno apuntó, era una guerra que nunca se perdió, pero que no se acababa de ganar. Hacia la primavera de 1925, el general Primo de Rivera ya había tomado la decisión de que se hacía precisa una gran operación militar para pacificar de una vez por todas el territorio rifeño bajo autoridad española. Para ello, junto con las autoridades francesas con las que España compartía la autoridad en ese territorio, se ideó una gran operación militar combinada en la que las tropas españolas actuarían por el norte y desde la costa, mientras que los franceses lo harían por el sur, a modo de yunque y martillo, para evitar una dispersión de las harkas moras.
Como lugar de entrada para las tropas españolas se eligió la bahía de Alhucemas. La operación consistiría en una acción combinada por tierra, mar y aire, con un gran desembarco de efectivos españoles cifrado en algo más de 18.000 hombres.
El inicio de esta operación llegó a los oídos del líder de los rifeños, que en aquellos momentos encabezaba Abd el-Krim. Conocedor de la misma, entendía que podría ser definitiva para sus intereses. Por ello, y con el fin de anular los preparativos de la gran operación militar en ciernes, ideó una operación de distracción consistente en amenazar la capital del protectorado, Tetuán, a modo como unos años antes se hizo con Melilla. El principal objetivo de Abd el-Krim era evitar que se llevara adelante el desembarco. Con ese fin, los rifeños planearon una contraofensiva para que Primo de Rivera hiciera frente al embate y con ello se retrasara, e incluso se suspendiera, la operación aeronaval.
En aquellas fechas, la protección de Tetuán estaba basada en la denominada línea Estella, conformada por una serie de puestos en los altos del macizo del Gorgues que rodea la ciudad, estando el puesto de Kudia Tahar en un saliente de la misma. Se trataba de un espacio reducido en el que había siete tiendas cónicas y dos pequeños barracones, todo ello rodeado de un parapeto construido con elementos rocosos de los que tanto abundaban en ese espacio.
Como ya se ha señalado anteriormente, el destacamento de Kudia Tahar estaba conformado por algo más de 130 hombres, en su mayoría procedentes del Regimiento del Infante n.º 5, cuya sede estaba en Zaragoza, equipados con fusilería y cuatro piezas de artillería de montaña. Destacamento conformado en su mayoría por soldados aragoneses y catalanes y al mando del entonces capitán D. José Gómez Zarazíbar.
En la madrugada del día 3 de septiembre de 1925, y tan solo 5 días antes de la fecha prevista para el desembarco, las harkas de Abd el-Krim iniciaron el hostigamiento, que continuó hasta el día 13. Y, si bien a lo largo de ese tiempo varias columnas intentaron liberar la posición asediada, todo ello con importantes pérdidas, los responsables militares del operativo no podían permitir que la matanza de Monte Arruit se repitiera.
Durante ese tiempo, las penurias, marcadas por la falta de suministros, sobre todo de agua (que hizo que los militares ingirieran sus propios orines para compensar la falta del líquido), la falta de asistencia médica y de suministros fueron la nota destacable. A pesar de ello, y del duro hostigamiento de los rifeños, la guarnición resistió no sin pocas bajas (de los 185 efectivos, 41 resultaron muertos y 76 heridos), entre ellas las de varios mandos, como fue el capitán Zarazíbar.
Finalmente, el día 13 de septiembre una avanzadilla del tercer tercio de la Legión, una vez hubo eliminado la resistencia mora, pudo entrar en el puesto liberando a los asediados, que presentaban un notable estado de extenuación y agotamiento.

Fotografía de algunos de los supervivientes de Kudia Tahar una vez fueron liberados, en una imagen proporcionada por el autor del artículo.

Detalle de la posición en su día, en una imagen facilitada por el autor del artículo.
La gesta protagonizada fue reconocida con diferentes condecoraciones militares, entre las que destacan hasta 9 Cruces Laureadas de San Fernando y 12 medallas al Mérito Militar individual. Entre los militares que sobrevivieron al asedio se encontraba el entonces suboficial D. Inocencio de Funes Abellán (natural de Jaca), que a pesar de las penalidades salió ileso del asedio y, en determinados momentos, ante la falta de mandos, tuvo que hacerse cargo de un sector de la posición. Por su comportamiento en este sitio, entre otras, le fue concedida la Gran Cruz de María Cristina y la Cruz al Mérito Militar con distintivo rojo.
Esta gesta, que en la actualidad no se enseña a nuestros hijos, es digna de recordar, máxime cuando se cumple su centenario.