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Centro termal y de piscinas de Jaca en una imagen de archivo.

Soy un jacetano de toda la vida, usuario habitual de las instalaciones deportivas de nuestra ciudad, un ámbito en el que Jaca siempre ha sido pionera. En todo este tiempo nunca había visto una gestión tan deficiente de unos equipamientos que, cuando funcionan correctamente, son excelentes. Pero sin el debido mantenimiento, eso resulta imposible. Ya lo comenté hace dos años en este periódico: si pensábamos que no podía ir a peor, fue solo un error.

Después de dos meses cerrada para reparar las muchas deficiencias existentes, la piscina municipal ha vuelto a abrir y nos encontramos con que, tras ese tiempo sin poder realizar rehabilitación —una necesidad obligada para algunas personas—, seguimos sin poder hacerlo en condiciones. Las dolencias no desaparecen en verano, y la piscina exterior no sirve para rehabilitación, entre otras cosas porque el agua ha estado demasiado fría. Nunca he entendido por qué se cierra en verano una instalación tan demandada. La excusa oficial es realizar reparaciones, pero a fecha de 5 de octubre de 2025 seguimos sin tejado, con la madera al aire como si aquí no lloviera. Menos mal que no hemos tenido precipitaciones tan fuertes como en otras comunidades.

Tampoco hay vestuario masculino, las obras se hacen cuando se reabre sin aprovechar esos dos meses teóricamente destinados a ello, las saunas no funcionan correctamente, el agua de las piscinas está más fría de lo debido, la sauna húmeda lleva medio año con la puerta rota, la seca solo va a medias, los chorros del río no tienen la presión adecuada, y ni la catarata ni los chorros masajeadores laterales funcionan. La mitad de las máquinas del gimnasio están averiadas. Los usuarios presentamos quejas, muchas, pero parece que en esta instalación nadie es responsable de nada. Eso sí, la entrada se cobra completa, como si todo estuviera en perfecto estado.

Por eso me veo obligado a escribir estas líneas, esperando que tengan más repercusión que las reclamaciones presentadas en la piscina. De todos estos problemas tienen constancia los operarios, el jefe de Deportes, el concejal y, supongo, también el alcalde, que según su propio discurso de investidura iba a solucionar los problemas de la ciudad porque, como jacetano de toda la vida, sabía perfectamente lo que había que hacer. Pues bien, después de dos años de mandato, parece que todo eso se les ha olvidado. Eso sí, en las charlas de Radio Jaca de los jueves se muestran muy orgullosos del funcionamiento de la ciudad. Un poco de autocrítica no vendría mal, porque los ciudadanos de a pie no vemos que las cosas marchen tan bien, al menos en estas instalaciones, cuyo deterioro avanza a pasos agigantados. No sé si conscientemente, pero su estado desde hace tiempo es realmente lamentable.

En lugar de pensar en nuevas obras que cuestan un dineral —que, si son para mejorar la ciudad, adelante—, quizá sería más rentable mantener en condiciones lo que ya tenemos, que hoy presenta un estado muy deficiente. No solo las instalaciones deportivas: basta con ver las aceras, la fachada del Palacio de Congresos —emblema de nuestra ciudad no hace mucho—, la falta de luces en la plaza de la Naturaleza, donde antes las había y ahora da pena pasear de noche, o el asfalto levantado por las raíces en la plaza del Folclore. Podría citar muchas más deficiencias, pero estoy seguro de que nuestros dirigentes las conocen de sobra.



Espero que este escrito sirva de algo; ese es mi único objetivo. Porque, desde luego, las hojas de reclamaciones de la piscina no sirven para nada. Pero no perdamos la esperanza: visto lo visto, todo podría ir aún a peor.

Firmado: ENRIQUE ACÍN BRETOS (Un jacetano comprometido con su ciudad y con los muchos usuarios de unas instalaciones fantásticas, pero necesitadas de atención y mantenimiento constante)
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