La comunidad reitera su voluntad de conservar y hacer visitable el conjunto monástico, con diálogo leal entre congregación e instituciones, tras recibir el galardón Crismón de la Catedral

La abadesa María Teresa Ibáñez recoge el Crismón de manos de la primera teniente de alcalde y concejal de Turismo, Lucía Guillén. EL PIRINEO ARAGONÉS
El salón de recepciones del Ayuntamiento de Jaca acogió este viernes la entrega del premio Crismón de la Catedral, vinculado a las jornadas Jaca, Reino y Leyenda, a la comunidad benedictina, en una ceremonia que trascendió el carácter conmemorativo para convertirse en un gesto de confianza en torno al futuro de los bienes monásticos. La concesión de este reconocimiento —que distingue cada año a quienes han contribuido a difundir la historia y el patrimonio de la ciudad— estuvo acompañada de un mensaje nítido: la voluntad de las religiosas de buscar el mejor camino para que el patrimonio permanezca en Jaca y pueda ser visitado, y la disposición del consistorio a acompañar ese proceso con respeto, colaboración y lealtad institucional.
La abadesa de Jaca, madre María Teresa Ibáñez, y la presidenta de la Congregación, madre Rosario del Camino, comparecieron juntas en representación de la comunidad. Sus palabras transmitieron serenidad y confianza. Ibáñez subrayó que “se está buscando el mejor camino” con las administraciones para garantizar la conservación del conjunto y aseguró que “se hará el esfuerzo necesario” para que el patrimonio monástico no se pierda y siga siendo accesible. Del Camino, por su parte, insistió en que la vida de la comunidad no se extingue en Jaca, que el patrimonio es un bien que desean compartir y que la fe, vivida a lo largo de siglos, “crea cultura y deja huella”.
Un premio con valor de símbolo
La entrega del Crismón, instituido dentro del programa Jaca, Reino y Leyenda, alcanza este año su segunda edición. La primera se otorgó en 2024 al historiador Domingo J. Buesa, y ahora ha recaído en la comunidad benedictina, testigo directo de buena parte de la historia jacetana desde el traslado de las monjas de Santa Cruz de la Serós a Jaca en 1555. La pieza, creada por el artista jaqués Pedro Larraz, reproduce el emblema más característico del templo románico y remite al núcleo identitario de la ciudad.
La elección del galardón no es casual. En un momento de incertidumbre tras la marcha de la comunidad a Alba de Tormes —decisión motivada por la avanzada edad de muchas religiosas y la necesidad de cuidados—, el reconocimiento público a las benedictinas se convierte en un mensaje de afecto y confianza. La corporación municipal quiso agradecer su labor espiritual, educativa y de acogida a lo largo de cinco siglos, y al mismo tiempo reforzar la voluntad de mantener vivo el vínculo entre Jaca y las monjas.
“Estamos buscando el mejor camino”
La intervención de la abadesa María Teresa Ibáñez marcó el tono de la ceremonia, así como las manifestaciones que posteriormente realizó a los medios de comunicación. Explicó que la congregación está en conversaciones con las administraciones para dar con la fórmula más adecuada y recalcó que el objetivo común es que el patrimonio permanezca en la ciudad y sea visitable. Reconoció que no es un proceso sencillo, pero afirmó que se hará el esfuerzo necesario. Agradeció también el gesto del Ayuntamiento y valoró emocionada el premio como una muestra de cariño de la ciudadanía hacia la comunidad.
La presidenta de la Congregación, Rosario del Camino, insistió en la misma línea. Señaló que la fe que dio origen al monasterio es capaz de crear cultura y de dejar huella en las generaciones. Reivindicó la voluntad de compartir el patrimonio como un bien común y transmitió confianza en que la presencia benedictina seguirá resonando en Jaca, aunque ahora adopte nuevas formas. Expresó asimismo la gratitud de las 24 comunidades benedictinas de España por el reconocimiento recibido.
Una historia compartida con la ciudad de Jaca
La presencia de las benedictinas en la ciudad se remonta a mediados del siglo XVI, cuando la comunidad de Santa Cruz de la Serós se trasladó a Jaca para instalarse en la antigua sede real en torno a la iglesia de San Ginés, convertida en convento urbano. Desde entonces, el monasterio ha sido parte inseparable de la vida jacetana: espacio de oración, de educación para niñas y jóvenes, de acogida para viajeros y de custodia de un patrimonio de gran valor histórico y artístico.
El reciente traslado de las monjas a Alba de Tormes despertó preocupación en el municipio. El temor a que el monasterio quedara cerrado o que su patrimonio pudiera dispersarse ha estado muy presente en la opinión pública. De ahí la relevancia del mensaje transmitido por las responsables de la congregación, que han querido disipar dudas y subrayar que la historia compartida no se interrumpe. La presencia física ha cambiado, pero el compromiso de conservar y abrir el patrimonio permanece, insistieron.


Las benedictinas han manifestado su deseo de “compartir” con Jaca el patrimonio del monasterio. EL PIRINEO ARAGONÉS
El marco institucional
El futuro del monasterio está siendo objeto de un proceso de diálogo entre la congregación y las administraciones. En mayo, el Pleno del Ayuntamiento aprobó por unanimidad una moción en la que solicitaba la adquisición pública del conjunto y su incorporación al proyecto cultural Aragón, Reino de la Luz. El acuerdo instaba a la coordinación entre el Gobierno de Aragón, el Ayuntamiento y la congregación, y pedía la elaboración de un informe integral que recogiera tanto el estado del edificio como el inventario de bienes muebles.
Entre esos bienes destacan el sarcófago románico de doña Sancha —declarado Bien de Interés Cultural—, las pinturas murales del siglo XIII, el Antifonario del siglo XII recientemente restaurado por el Gobierno de Aragón, y un amplio conjunto de piezas artísticas, documentales y litúrgicas que forman parte de la historia del monasterio y de la ciudad.
La concejal de Turismo, Lucía Guillén, explicó con anterioridad al acto que se están explorando diversas vías en colaboración con el Gobierno de Aragón para dar una solución definitiva al conjunto. Subrayó que el objetivo es garantizar la conservación del inmueble y de sus bienes, y sobre todo permitir que sean visitables lo antes posible, como parte de la oferta patrimonial y cultural de la ciudad. Guillén insistió en que se trabaja con discreción y lealtad institucional, y que la prioridad es alcanzar un acuerdo que satisfaga a todas las partes y que asegure el futuro del conjunto en Jaca.
El Crismón de la Catedral: un vínculo y una promesa
El momento central de la ceremonia fue la entrega del premio Crismón. Guillén, en nombre del Ayuntamiento, destacó que el símbolo representa “un lazo, un vínculo eterno entre vosotras y esta ciudad”. Agradeció la labor de custodia espiritual y patrimonial de la comunidad a lo largo de los siglos y recordó la trascendencia de la llegada de las monjas en 1555, que marcó un hito en la historia local. Insistió en que la comunidad ha dejado una huella profunda en la vida de la ciudad, y que esa huella no se borra con la marcha, sino que permanece en la memoria colectiva y en los bienes conservados.
La abadesa María Teresa Ibáñez, al recibir la pieza, agradeció el reconocimiento y afirmó que la comunidad se siente profundamente integrada en la vida de Jaca. Habló de los cuidados recibidos en la nueva sede de Alba de Tormes, pero también de la necesidad de mantener vivo el vínculo con la ciudad que las ha acogido durante casi cinco siglos. Recalcó que el legado espiritual y patrimonial no se interrumpe y que la comunidad hará todo lo posible para que siga presente y abierto a la ciudadanía.
La presidenta Rosario del Camino cerró las intervenciones con un mensaje de esperanza. Aseguró que la vida de la comunidad “seguirá sonando en Jaca”, que el patrimonio se compartirá como un bien común y que el reconocimiento recibido es una muestra del afecto mutuo entre la congregación y la ciudad. Recordó que la red de monasterios benedictinos en España comparte esa misma convicción de servicio y apertura, y agradeció en nombre de todas ellas el gesto del Ayuntamiento.
Una hoja de ruta hacia el futuro
Más allá del acto simbólico, el futuro del monasterio se juega en los despachos. Los técnicos trabajan ya en la elaboración del inventario completo y en la búsqueda de la fórmula jurídica más adecuada. Inicialmente se barajaban distintas opciones: desde la adquisición por parte de una administración hasta la firma de convenios de uso compartido o la creación de un consorcio de gestión cultural. Lo que parece descartado es cualquier escenario que suponga la dispersión de los bienes o la pérdida del vínculo con Jaca.
La ciudadanía, por su parte, sigue con atención cada paso del proceso. Asociaciones culturales y vecinos han expresado en distintas ocasiones su deseo de que el monasterio permanezca abierto y forme parte de la oferta cultural de la ciudad. La entrega del Crismón, en este contexto, ha servido para reforzar la confianza mutua y para recordar que, aunque el futuro aún está en fase de negociación, existe un compromiso común: conservar el patrimonio y hacerlo accesible.
