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La Peña Oroel vista desde Jaca. EL PIRINEO ARAGONÉS

El pasado 25 de agosto el Boletín Oficial de la provincia de Huesca anunció el proyecto de Oroel Park, una atracción turística más destinada a que unos pocos se llenen los bolsillos a costa de la paulatina destrucción de nuestras idílicas montañas.

Este proyecto figura en el Plan Pirineos, una iniciativa lanzada en 2023 por el Gobierno de Aragón, bajo la presidencia de Azcón, que lo presentó como uno de los proyectos estratégicos de la legislatura.

Cito textualmente: “Hoy sin duda es un día de buenas noticias para el Pirineo aragonés por dos razones fundamentales. Una, que podemos confirmarles que las obras pendientes de ejecución cofinanciadas con fondos europeos en el marco de los Planes Extraordinarios de Sostenibilidad Turística se van a realizar gracias a las negociaciones llevadas a cabo en las últimas semanas entre el Gobierno de Aragón y el Ministerio de Turismo. Unas obras muy necesarias para nuestras estaciones de esquí y que se van a hacer gracias a la reasignación de fondos europeos que iban a ir a financiar la conexión por Canal Roya y la carretera de Castanesa”.

Unas obras muy necesarias, decía el presidente. ¿Necesarias para quién?, ¿para la gente que habita el territorio los 12 meses del año?, ¿para las gentes humildes que luchan por su lugar cada día, negándose a abandonarlo por emigrar como otros tantos, pese a la escasez de medios?, ¿para aquellos y aquellas jóvenes que se quedan en sus pueblos pese a la falta de vivienda digna? ¿O para el turista que pernocta en Anayet después de montar una rave y de bañarse con su hinchable con forma de flamenco en el ibón?

En lugar de atender las necesidades básicas de los pueblos, desde los altos mandos optan una vez más por llenar sus bolsillos y los de empresas privadas para que unos pocos foranos adinerados se lucren de nuestros paisajes. Setenta y cinco millones de euros de dinero público (solamente en la fase inicial) serán destinados a construir este parque de atracciones.

Algunas de ellas ya están en marcha, como la telecabina Benasque-Cerler, que conectará el pueblo con la estación de esquí. Dieciséis millones de euros destinados a esta infraestructura que afectará a espacios protegidos incluidos en la Red Natura 2000, que supondrá la tala de árboles en el bosque de la Mosquera y afectará a la zona de campeo del quebrantahuesos, especie en peligro de extinción. ¿Para qué? Para albergar un turismo cada vez más masivo, con el proyecto paralelo de construcción de 1.100 viviendas para uso turístico, que traerá consigo la expulsión de los vecinos y trabajadores del valle.

Además, el tobogán de Panticosa, que se puso en marcha el pasado julio con un presupuesto de 7,7 millones de euros, bajo la excusa barata de la desestacionalización. Será el tobogán más empinado del mundo, incentivo perfecto para la rata de ciudad que busque un pie de foto para su post de Instagram.

Pero eso no es todo. También han anunciado futuros proyectos como el mirador de la Raca, en el que se invertirán 252.000 euros. Una atractiva caja de metal y cristal que incrustarán en la montaña para que el turista pueda observar de forma segura el valle del Aragón y de Canal Roya (que, por cierto, querían destruir también). Su antropocentrismo no tiene límites.

Y ya puestos, vamos a destrozar también Oroel, por qué no. Su intención es construir un parque temático en pleno parador, que ocupará casi una hectárea, para el cual será necesario excavar, desbrozar; destrozar una parte de la montaña para instalar elementos artificiales ajenos a ella. Realidad camuflada por el Ayuntamiento como “un área recreativa familiar y sostenible”, como una rehabilitación de un espacio “abandonado”.

Es un monte, no necesita vuestras edificaciones eco friendly, no necesita que especuléis con él. Es un símbolo cultural e histórico del pueblo jaqués, una montaña sin dueño ni propietario que merece el máximo respeto. Un lugar al que las jaquesas y jaqueses pueden acudir en busca de paz en momentos de máxima ocupación, paz que destruiríais con vuestras iniciativas capitalistas.

El parador ya se masifica en temporada alta, cuando los turistas invaden por completo la ciudad y Jaca pasa de tener 13.000 a 70.000 habitantes. El camino ya sufre una gran erosión, que esta nueva situación terminaría por destruir.

“El objetivo final es crear un vínculo entre las nuevas generaciones y el entorno de Oroel para que lo valoren y lo protejan”, decían desde el área de turismo. De los únicos que hay que protegerlo es de aquellos que impulsan este tipo de proyectos. El vínculo se crea con conciencia, conociendo y admirando de forma respetuosa nuestro patrimonio cultural, el cual no ve ni un céntimo de estos fondos.

Nuestra cultura está en peligro, los pueblos pirenaicos se están muriendo, las montañas lanzan un último suspiro. Para que estos históricos lugares pervivan, es necesario atender a las demandas de quienes lo habitan: mejoras en los servicios básicos como sanidad, transporte público, educación, atención social; unas infraestructuras adecuadas para facilitar su acceso en carreteras y caminos, suministro eléctrico y energético confiable… sin olvidar el gran problema de la vivienda.

Las montañesas y montañeses no queremos un turismo masivo e insostenible que acabe con las existencias de nuestros supermercados, ocupe estacionalmente el 70% de las viviendas de nuestros pueblos y destruya nuestras montañas. No queremos políticas ajenas a nuestras necesidades, en las que pesa más el capital que el bienestar del entorno y de quienes lo habitan.

Aquellos que toman estas decisiones creen que tienen el poder sobre nuestras montañas, y seguirán creyéndolo si no salimos a las calles a luchar por lo nuestro. Con conciencia, lucha y unión; como cuando se logró paralizar la unión de estaciones de Canal Roya. Como cuando hace 25 años, un histórico 25 de octubre los pueblos se unieron para frenar el proyecto de los pantanos, que tantos pueblos se iban a llevar por delante.

Montañesas y montañeses, ¡arriba de una vez! Hay que seguir fendo camín, ahora más que nunca. Que este 25 de octubre en Jaca, 25 años después, oigan la voz de todas aquellas y aquellos que quieren ver sus pueblos y montañas libres, que miran a un futuro en el que volvamos a ser un país.

No nos callarán; no conseguirán callar nuestro grito de libertad por la dignidad de las montañas.

Firmado: NEREA G. LARDIÉS
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