
La cultura del pelotazo: El correo (2024)
Duración: 101 min. País: España. Dirección: Daniel Calparsoro. Guion: Patxi Amezcua, Alejo Flah. Reparto: Arón Piper, María Pedraza, Luis Tosar, Luis Zahera, José Manuel Poga, Geert Van Rampelberg. Fotografía: Tommie Ferreras. Productoras: Vaca Films, Panache Productions, La Compagnie Cinématographique.
En España, se popularizó un término algo espurio: pelotazo. Y fue en la década de 1990, coincidiendo con un periodo de rápido crecimiento económico. Pero en los años iniciales del nuevo siglo, con la llegada del euro y su implantación total en 2002, fue cuando tomó mayor arraigo en la sociedad española. Este fenómeno se caracterizaba por la búsqueda de grandes ganancias económicas, de manera rápida, a menudo con escasa ética y mínimo esfuerzo. Muchas veces relacionada con intervenciones políticas y económicas, que promovían la especulación y el agotamiento de los recursos públicos en beneficio de unos pocos.
Con este contexto arranca el film de Daniel Calparsoro, un retrato denso de la corrupción reciente, desde la costa de Marbella hasta Bruselas. Un joven de Vallecas, al que su barrio le queda pequeño, dará un primer paso desde su puesto de aparcacoches en un lujoso club de golf de la capital, hasta convertirse en correo belga para una organización internacional dedicada al blanqueo de dinero.
Apreciamos un estilo cercano a Martin Scorsese en varios aspectos. Por una parte, la construcción de personajes que poseen poca ética, o, mejor dicho, su propia ética personal para poder medrar en la vida. Así, El correo contiene también reminiscencias de Casino o de Uno de los nuestros.
Por otra, estos personajes, desde un punto de partida humilde, adquieren poder sin límites, y, sobre todo, acumulan dinero sin ningún tipo de principios morales. Como dice el propio protagonista: “El dinero a lo bestia corrompe a lo bestia”. Una película que entretiene, dotada de buen ritmo, y con la habilidad de no ironizar. Calparsoro no pretende realizar un film crítico. Solo mostrar con suficiente realismo, cómo una sociedad repleta de políticos corruptos y de ávidos mafiosos, se ríe del trabajador medio, que gana su salario digna y honradamente.
En la parte interpretativa, su protagonista, Arón Piper, no termina de convencer. Es un personaje sobre el guion, que se construye desde la falta de empatía hacia él. Y Piper no termina de hacerlo funcionar en esta producción. Parece curioso que cuando aparecen los actores secundarios, enseguida lo ensombrecen, porque resultan mucho más convincentes y de mayor potencia escénica.
Luis Tosar o Luis Zahera, a pesar de que no se sitúan en el nivel acostumbrado, muestran mucha más altura y profundidad en sus personajes. El film puede funcionar para las generaciones jóvenes, que quizás no posean una cultura fílmica, y no hayan contemplado el cine de Scorsese o Eastwood. Pero para el cinéfilo, El correo bien puede resultar previsible. No es una producción brillante, nada que no hayamos visto anteriormente, pero muy capaz de mantener nuestra atención secuencia tras secuencia.








