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Recientemente, hemos perdido a uno de los actores más peculiares de nuestro cine. Un referente del mundo teatral, del cine y la televisión: Eusebio Poncela. Nació en el barrio madrileño de Vallecas, en 1945. Su infancia y adolescencia dejaron clara su personalidad, caracterizada por no ser un buen estudiante, con continuas expulsiones de colegios. Pero, sobre todo, marcada por su pronta obsesión de ser actor, algo que comenzó en funciones escolares y que su empeño lo llevó a graduarse en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD).

Su carrera profesional comienza a mediados de los años sesenta, debutando con Mariana Pineda, de Federico García Lorca, compaginando su actividad teatral con el cine y la televisión. Para la mítica Estudio 1, protagonizó, entre otras, Los bandidos, de Schiller (1974). Debutó en la gran pantalla con La semana del asesino (1972), de Eloy de la Iglesia. Pero, realmente, el paso fundamental fue llegar a ser “chico Almodóvar”, entrando en ese universo con Matador (1986) y La ley del deseo (1987), película pionera en mostrar abiertamente la homosexualidad en el cine español. Aunque siempre sostuvo una relación complicada con el director manchego, eso no le impidió trabajar en otras producciones. Este amor/odio quedó reflejado en el film de Almodóvar Dolor y gloria (2019).

También colaboró con otros grandes directores, como Pilar Miró, en Werther (1986), Carlos Saura en El Dorado (1988), y con Imanol Uribe en El rey pasmado (1991). Siendo ésta última una de las más notables interpretaciones que nos ha dejado para el recuerdo. En los años 90 del pasado siglo, tuvo que abandonar los escenarios y los platós de rodaje para poder desintoxicarse de una de sus adicciones. Pero Adolfo Aristarain lo rescató para un papel hecho a su medida, en Martín Hache (1997), donde pudo ser él mismo en todas sus facetas, tanto profesionales como personales. Dado que su personaje de Dante, era, en parte, un alter ego del actor. Esta película le devolvió la popularidad junto a Federico Luppi y Juan Diego Botto. Film que recomendamos como uno de los grandes y desconocidos títulos de su filmografía. Durante los años siguientes, no le faltaron trabajos en cine y televisión, destacando sus grandes apariciones en Isabel, Águila Roja o Merlí: Sapere aude.

Eusebio Poncela nunca fue el típico actor. Elegía sus papeles con convicción, fiel al espíritu de las películas pioneras de los 80, que marcaron a toda una sociedad, siempre buscando ese mismo perfil de películas y personajes. Actor que no recibió todos los premios que hubiera merecido, fue relegado con frecuencia y sin motivo aparente. Nominado en varias ocasiones, pocas veces se llevó los merecidos galardones por no tener pelos en la lengua, incluso en contra de su propio beneficio.

Nos deja un gran actor. Valiente, luchador, comprometido, un profesional a quien no se hizo verdadera justicia, al que ahora, como suele suceder, todos cubrirán de elogios…

Michael
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