Il Suonar Parlante Orchestra presentó en el Festival Internacional en el Camino de Santiago un viaje sonoro entre lo culto y lo popular con su proyecto Gypsy Baroque

El espectáculo rompió las fronteras estilísticas y temporales con un brillante cruce entre la música barroca europea y los repertorios populares de las comunidades gitanas del Este en el siglo XVIII. FICS
La noche del martes, el Palacio de Congresos de Jaca acogió una de esas citas llamadas a perdurar en la memoria del público del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS). Bajo la dirección del célebre gambista Vittorio Ghielmi, Il Suonar Parlante Orchestra ofreció su proyecto Gypsy Baroque, un espectáculo que rompió las fronteras estilísticas y temporales con un brillante cruce entre la música barroca europea y los repertorios populares de las comunidades gitanas del Este en el siglo XVIII.
El programa, tan variado como sorprendente, hizo convivir piezas anónimas del XVIII con adaptaciones populares de Telemann, composiciones de Bihari —legendario violinista gitano contemporáneo de Mozart— e incluso al propio Mozart, despojado de solemnidad y transformado en danza nómada. Todo ello en clave de improvisación, con un refinamiento barroco teñido de vitalidad gitana.
Ghielmi, referente internacional de la viola da gamba y profesor en el Mozarteum de Salzburgo, abrió espacios para la creatividad de los músicos, que desplegaron su arte como auténticos intérpretes de jazz. Entre la euforia y el recogimiento se sucedieron las sorpresas: las piezas húngaras de ritmo irresistible provocaron entusiasmo, mientras que una nana moldava llevó la sala a un silencio sobrecogedor.
La voz de Graciela Gibelli aportó una emotividad única, capaz de oscilar de la dulzura íntima al canto popular más desgarrador. Esa versatilidad reforzó el espíritu del proyecto: una búsqueda de libertad, de conexión entre lo culto y lo popular, que se inscribe en la línea que ya Telemann exploró al integrar las tradiciones centroeuropeas en la música académica.
El público jaqués recibió con entusiasmo un concierto que no fue simple yuxtaposición de estilos, sino una experiencia sonora irrepetible, de equilibrio entre espontaneidad y disciplina, entre raíces y caminos, que amplió el horizonte del festival y dejó en el aire la vitalidad de un viaje sin fronteras.


