El resultado fue un concierto único e irrepetible, fiel al espíritu del Festival Internacional en el Camino de Santiago

El público respondió con entusiasmo a esta celebración de música y palabra que desdibujó las fronteras entre lo humano y lo divino. FICS
La iglesia del Carmen de Jaca se convirtió este lunes en escenario de un viaje sonoro y espiritual con el estreno en Aragón de Amor místico, el proyecto de la mezzosoprano Beatriz Oleaga, la actriz Manuela Velasco y el conjunto La Ritirata bajo la dirección de Josetxu Obregón. Fue el decimosexto concierto del XXXIV Festival Internacional en el Camino de Santiago, organizado por la Diputación de Huesca, y dejó en el público la sensación de haber asistido a una experiencia transformadora.
Desde el inicio, la propuesta mostró su carácter unitario: un tejido continuo de arias, cantatas y piezas instrumentales del barroco hispano-italiano entrelazadas con versos de Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, María de Zayas y Lope de Vega. Velasco dio voz a la palabra poética con naturalidad y sentido dramático, convirtiendo cada recitado en un puente hacia la música, mientras Oleaga desplegaba una dicción precisa y un fraseo flexible que revelaban la hondura de cada afecto místico.
El repertorio fue uno de los grandes atractivos de la velada. A las páginas de Juan Hidalgo, con la versión sacra de su célebre Esperar, sentir, morir, adorar, se sumaron rescates poco habituales en los escenarios: cantatas al Santísimo Sacramento de Juan Manuel de la Puente y Francisco Hernández y Llana, interpretadas por primera vez en tiempos modernos. También sonaron obras de José de Torres, Sebastián Durón, José de Supriano y Antonio Caldara, cuyo diálogo entre voz y cello encontró una interpretación de especial complicidad entre Oleaga y Obregón.
La Ritirata, consolidada como referente en la interpretación historicista, mostró de nuevo su equilibrio estilístico y expresivo. Al violoncello de Obregón se unió el clave de Alberto Martínez Molina, atento y sensible en cada intervención. Juntos sostuvieron el entramado musical con la elegancia y la energía necesarias para dar vida a un programa concebido como un viaje sin interrupciones.
El público respondió con entusiasmo a esta celebración de música y palabra que desdibujó las fronteras entre lo humano y lo divino. Amor místico se presentó como una obra de contrastes, en la que la retórica barroca se convirtió en vehículo de trascendencia y en la que se fundieron rigor histórico y emoción directa. El resultado fue un concierto único e irrepetible, fiel al espíritu del Festival Internacional en el Camino de Santiago.




