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Ensemble Contratemps actuó en Siresa, en el décimo directo del XXXIV Festival Internacional en el Camino de Santiago

La propuesta fue un ejemplo de sincretismo musical, contado con notas y gestos festivos, que rompió fronteras estilísticas y geográficas. FICS

La iglesia de Siresa vivió la noche del domingo una cita única en la trigésimo cuarta edición del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS), que organiza la Diputación de Huesca. El décimo gran concierto del certamen trajo el estreno absoluto de Orishas, nuevo proyecto del Ensemble Contratemps bajo la dirección de la violagambista cubana Lixsania Fernández. Un viaje sonoro que atravesó siglos y océanos, fundiendo la elegancia de la música antigua europea con la vitalidad de los ritmos tradicionales cubanos, y que invitó al público tanto a escuchar como a moverse en sus asientos.

Desde el inicio quedó claro que no se trataba de un recital barroco al uso. La complicidad entre los músicos, las miradas, sonrisas y el pulso vivo de la viola da gamba, las cuerdas pulsadas y la percusión crearon un diálogo que cruzaba épocas y geografías. “Queríamos mostrar cómo danzas europeas, como las ciacconas, zarambeques o canarios, fueron influenciadas por ritmos latinoamericanos”, explicó Fernández. La propuesta fue un ejemplo de sincretismo musical, contado con notas y gestos festivos, que rompió fronteras estilísticas y geográficas.

El repertorio, minuciosamente seleccionado, incluyó obras de compositores como Cayetano Pagueras, Juan París o Francisco Guerrero, junto a piezas anónimas que testimoniaban el mestizaje cultural de la música de las catedrales cubanas. “Música de altísima calidad que cruzó océanos y convivió con la cultura propia de Cuba”, subrayó la directora. Cada pieza se convirtió en un relato vivo de un intercambio no solo musical, sino social y humano.

Uno de los grandes aciertos del concierto fue la forma cercana en que el Ensemble Contratemps presentó este repertorio. Lejos de protocolos rígidos, la música antigua se ofreció con frescura y libertad, sin renunciar al rigor histórico, lo que generó un ambiente cálido y festivo en el que el aplauso era una respuesta natural a la energía compartida. No faltó el guiño a la festividad de san Lorenzo, en una noche que se sintió especial.

Fernández aconsejaba acudir “con la mente abierta, dispuesto a disfrutar de nuevos y viejos sones”, y el resultado le dio la razón. Más que un concierto, Orishas fue una narración de cómo Europa y América dialogaron durante siglos a través de la danza y el ritmo, entrelazando herencia africana, tradición española y Barroco europeo en un lenguaje común.



Aunque la propuesta no giraba en torno a Johann Sebastian Bach, el hilo conductor del festival —la herencia interminable del maestro alemán— estuvo presente en el cuidado contrapuntístico y en la articulación melódica, incluso en medio de los giros más caribeños. “La música de Bach es un referente y un estandarte en la interpretación histórica; nos acompaña toda la carrera”, recordó la directora.

El Ensemble Contratemps atraviesa un momento especialmente fértil. Además de la próxima grabación de Orishas, trabajan en un segundo disco dedicado a Vivaldi y preparan un espectáculo junto a la maga Mélanie que unirá música antigua y teatro en torno a Cagliostro. Una agenda intensa en un contexto europeo incierto, con menos programación y plazos más ajustados. “Es fundamental que los festivales de la península sigan apostando por nuestros artistas; tenemos una generación excelente”, concluyó Lixsania Fernández.

 

Lejos de protocolos rígidos, la música antigua se ofreció con frescura y libertad, sin renunciar al rigor histórico. FICS
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