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El legado de Bach late con fuerza en las estéticas del siglo XXI

La aparición del bailarín Márcio Moikano añadió una dimensión corporal que amplificaba los sentidos del discurso. FICS

La Ciudadela de Jaca acogió la noche del jueves 7 de agosto uno de los conciertos más intensos e incitantes del XXXIV Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS), organizado por la Diputación de Huesca. El ensemble portugués Sete Lágrimas presentó su espectáculo L3 Leipzig Lisboa Luanda (a partir de Bach), un cruce de caminos entre el legado del compositor barroco Johann Sebastian Bach, la poesía portuguesa contemporánea y la danza urbana africana, en una propuesta tan arriesgada como profundamente comprometida.

Guiados por la sensibilidad artística de sus fundadores, Filipe Faria y Sérgio Peixoto, los intérpretes construyeron un paisaje sonoro en el que resonaban siglos de historia, tradición y rebeldía creativa. Sobre el austero escenario de los Polvorines, la puesta en escena —desnuda, sombría, deliberadamente contenida— concedía todo el protagonismo al gesto musical y al cuerpo como instrumento de expresión. “Estamos hechos de sombras”, afirmaba Faria, y en esa penumbra resonaban las partículas de una música que se movía entre lo conocido y lo nuevo, entre la contemplación y la herida.

El repertorio osciló desde los corales de Bach —tratados con una pureza casi mística— hasta composiciones contemporáneas creadas ex profeso para este proyecto, en las que la crítica y la relectura del maestro de Leipzig abrían nuevas vías de escucha. Uno de los momentos más singulares fue la interpretación del Preludio en do mayor, donde los instrumentos evocaban con sutileza el murmullo del bosque, como si pequeños pájaros danzaran entre las ramas de un pentagrama invisible.

La aparición del bailarín Márcio Moikano añadió una dimensión corporal que amplificaba los sentidos del discurso: movimientos precisos, sugerentes, enérgicos, que hilaban culturas, tiempos y geografías en una coreografía simbólica de profunda intensidad. Fue, sin duda, una de las imágenes que más hondo caló en el público.

El silencio y la escucha fueron, por momentos, tan protagonistas como la propia música. Cada transición, cada entrada, cada acento, estaba cargado de intención. El público, mayoritariamente atento y agradecido, aplaudió con calidez la capacidad del grupo para trazar un puente emocional e intelectual entre mundos aparentemente lejanos. Y es que, como bien ha señalado el propio Faria, el verdadero reto hoy no es solo conservar, sino dialogar: “mantener la relevancia en un mundo en constante cambio, sin perder de vista las raíces ni el diálogo con el presente”.

En el ámbito de una edición del FICS dedicada a la herencia interminable de Bach, la actuación de Sete Lágrimas encajó a la perfección, elevando esa herencia desde la fidelidad al espíritu hasta el impulso renovador. Bach como código, como memoria, como semilla.

El ensemble, en plena efervescencia creativa, ha publicado recientemente el primer volumen de su ambicioso Proyecto Elvas, una hexalogía dedicada al cancionero renacentista de Elvas. También están desarrollando nuevas composiciones sobre textos sin partitura —una práctica que combina investigación musicológica con creación contemporánea— y preparando el disco de la instalación visual y sonora Fragmenta, inspirada en las Cantigas d’Amor de Don Dinis, fragmentariamente conservadas.

Su proyección internacional sigue creciendo, con giras por varios países europeos y con una firme apuesta por el trabajo interdisciplinar, que aúna música antigua, estética contemporánea y compromiso con las raíces culturales. Una prueba más de que el pasado no es un museo, sino un laboratorio.

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