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Ponyo en el acantilado (Gake no ue no Ponyo, 2008)

Duración:100 min. País: Japón. Dirección: Hayao Miyazaki. Guion: Hayao Miyazaki. Reparto:animación. Música: Joe Hisaishi. Fotografía: animación, Atsushi Okui. Productoras: Studio Ghibli. Productor: Hayao Miyazaki.


Los amantes de la animación tienen algo que celebrar. Vértigo Films reestrena en cines dos títulos del mítico Studio Ghibli, dirigidos por Hayao Miyazaki, ganador de sendos premios Oscar por El viaje de Chihiro y El chico y la garza.

Cuando la animación digital es una verdadera obsesión, con un intento de que parezca lo más realista posible, imitando al mundo, pero no recreándolo, Hayao Miyazaki apuesta siempre por los orígenes, un regreso a la animación tradicional, como una mirada a la infancia, no exenta de nostalgia.

Estamos ante una revisión libre del cuento de La Sirenita, con los elementos humanos y mitológicos que desarrolla siempre este director. Es una de sus películas más sencillas. Pero con una declaración de principios, en la que la imaginación y la artesanía de la animación se deben imponer a lo digital. La narración está planteada como una historia de amor entre un niño de cinco años y un pez, Ponyo.

Todo podría haber caído fácilmente en la sensiblería, de la mano de cualquier otro director, como ha sucedido más de una vez, o en las consabidas productoras de Hollywood. Pero Miyazaki, crea una auténtica maravilla, una obra de arte digna de ser contemplada y disfrutada. Siempre parece interesante su forma de ilustrar las relaciones conflictivas entre un mundo fantástico y el real. Aunque nuestra sociedad está repleta de mitos, dioses y creencias sobrenaturales, que pueden o no ser compatibles con la ciencia, pero que permanecen para que cada uno pueda creer… o dejar de creer.

Con esta idea, Miyazaki nos recuerda que el ser humano está cargado de soberbia, al pensar que somos los dueños y señores de nuestro planeta. Que podemos usar sus recursos a nuestro antojo. El agua es el símbolo máximo de la vida. Y el mar, como un ente que debe ser respetado. En este film, está divinizado y animado, un medio donde conviven seres míticos, con hombres que lo ensucian y desprecian. Pero el mar está preparando una gran venganza que nadie sospecha. Este tema entroncaría con Solaris, de Stanislav Lem, un mar que tiene su propia conciencia.

Especial atención a la banda sonora de Joe Hisaishi, quien proporciona un tono épico a la historia, siendo imponente en ciertos pasajes. Su música hace vibrar al espectador y lo induce a sumergirse de lleno en la aventura.

Película muy adecuada para niños y, por supuesto, también para adultos. Siendo este último sector, quien pueda llegar al máximo disfrute, a pesar del gran error de nuestra sociedad, que continúa asociando la animación con la infancia. Gran oportunidad de poder admirar en la gran pantalla uno de los mejores títulos de Miyazaki.

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