El Festival en el Camino de Santiago acogió en Huesca una de sus veladas más originales

El repertorio, en gran parte anónimo y de transmisión oral, incorporaba melodías tradicionales andalusíes y de Oriente Próximo, junto a composiciones originales inspiradas en esas culturas. FICS
La XXXIV edición del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS), organizado por la Diputación Provincial de Huesca, vivió el sábado una de sus propuestas más singulares y celebradas con la actuación de Musicinemas, el proyecto artístico de Emilio Villalba y Sara Marina. El Salón de Actos de la DPH se transformó en un espacio sonoro y visual que acogió la proyección de Las Aventuras del Príncipe Achmed (1926), la primera película de animación de la historia del cine, acompañada en directo por una banda sonora original, interpretada con instrumentos históricos.
Lejos de limitarse a una mera ilustración musical, el espectáculo fue una verdadera pieza de arqueología sonora y visual. La música, compuesta expresamente para la cinta de Lotte Reiniger e interpretada en vivo con laudes, santur, tambura, panderos, violas y otros instrumentos del Mediterráneo y la tradición medieval, propuso al público un viaje onírico por desiertos, palacios y cielos estrellados, conectando con la esencia fantástica del cine animado. Junto a Villalba y Marina participó la violinista Fátima Caballero, sumando matices y profundidad a un repertorio de gran riqueza tímbrica.
La cita fue doblemente especial: no solo supuso el estreno del proyecto en Huesca y Aragón, sino que presentó una versión revisada y ampliada desde su primera presentación en la Filmoteca de Valencia en 2021. Desde entonces, Musicinemas ha recorrido escenarios en Andalucía, Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana, consolidando una fórmula donde cine y música se encuentran y se potencian mutuamente.
Cada tema musical respondía a personajes, paisajes o acciones del film, empleando escalas orientales, modos antiguos y ritmos que evocaban tanto la aventura como el recogimiento. Lejos de limitarse a subrayar lo visual, la música se convertía en un interlocutor más: contaba, dialogaba y provocaba emociones. El resultado fue una narrativa compartida, donde la banda sonora no era un fondo sino un motor expresivo.
El repertorio, en gran parte anónimo y de transmisión oral, incorporaba melodías tradicionales andalusíes y de Oriente Próximo, junto a composiciones originales inspiradas en esas culturas. La improvisación, el virtuosismo y el dominio técnico de los intérpretes se aliaban para ofrecer un discurso cohesionado y lleno de matices. El público, que llenó el aforo del salón, respondió con calidez y prolongados aplausos a la expresividad y frescura de la propuesta.
Uno de los aspectos más valorados fue la continua rotación instrumental de los intérpretes, que aportaban nuevas texturas sonoras en cada fragmento. La escenografía, con vestuario de época y una ambientación que evocaba los antiguos estudios de grabación, reforzó el efecto inmersivo de un montaje que cuidaba cada detalle. El resultado fue una función envolvente, donde cine y música se abrazaban como en los albores del cine sonoro.
Aunque la edición de este año del FICS se articula en torno a la figura de Bach, Emilio Villalba reconoció que el legado del compositor alemán también está presente en proyectos como el suyo. Porque, en sus palabras, “toda música interpretada desde el conocimiento y la emoción, incluso si proviene del desierto o del zoco, dialoga en algún punto con esa herencia universal”.
La actuación de Musicinemas dejó claro que las propuestas que cruzan disciplinas y miradas, cuando se construyen con rigor y alma, son capaces de conquistar al público. Y que el pasado, incluso el más remoto, puede proyectarse al presente con una luz poderosa si se aborda con curiosidad, imaginación y respeto.



