Para ver este sitio web deber tener activado JavaScript en tu navegador. Haz click aqui para ver como activar Javascript

«El cambio climático, provocado en gran medida por la acción humana, es una amenaza para nuestro presente y para el futuro de las próximas generaciones»

Cielo de tormenta en Villanúa, a mediados de julio. EL PIRINEO ARAGONÉS

Muchas cosas han cambiado en los últimos años en el periodismo de los llamados medios tradicionales. Una de estas es la manera de transmitir la información meteorológica. Lejos queda la época de los mapas mudos ilustrados con curvas de isobaras, flechas de vientos y con la B de borrasca o la A de anticiclón, elementos gráficos con los que hace unas décadas había que ingeniárselas para saber el tiempo que venía. Tan lejos como los llamados “hombres del tiempo” (nunca mujeres, por cierto) que en los telediarios se limitaban a decir si se debía preparar la bufanda, la sombrilla o el paraguas.

Era un enfoque explicativo que contemplaba los fenómenos atmosféricos como cambiantes, pero dentro de unas coordenadas inmutables. Llegaban los frentes fríos con la misma cadencia rutinaria con la que se imponía el anticiclón de las Azores. Las noticias del tiempo servían a los ciudadanos para hacerse una vaga idea de la temperatura y la lluvia que se avecinaban o, en el mejor de los casos, para mantener una breve conversación de ascensor.

Dos elementos han venido a cambiar la forma de presentar la actualidad meteorológica en periódicos, boletines de radio e informativos de televisión. El primero es la irrupción de las nuevas tecnologías. La digitalización y los satélites de telecomunicaciones permiten que ahora tengamos en los teléfonos una enorme cantidad de datos de nuestro entorno y con una gran precisión horaria sobre los acontecimientos venideros (lluvias, tormentas, vientos, nieblas, nevadas). Hoy llevamos al hombre del tiempo dentro del teléfono.

El segundo factor que condiciona las publicaciones sobre el tiempo obedece a la mayor conciencia social sobre la crisis climática que amenaza con grandes cambios en las vidas de amplias capas de la humanidad en todos los continentes. En este sentido, los titulares ya no pueden hablar simplemente de una ola de calor sin relacionar ese hecho concreto con la evidencia de que año tras año suben las temperaturas en el planeta como consecuencia del llamado calentamiento global. Del mismo modo, las danas y otros episodios meteorológicos extremos no pueden entenderse sin una explicación científica multidisciplinar. Las antes llamadas gotas frías no caen sobre las costas mediterráneas por una maldición bíblica, sino por una mezcla de condiciones físicas estructurales (latitud, humedad, vientos) y de circunstancias variables que se han intensificado en los últimos tiempos (calentamiento del agua del mar, por ejemplo).

Frente a las hoy crecientes posturas negacionistas, también sobre el cambio climático, es importante que la información que reciben los ciudadanos sobre el tiempo no se ciña a saber la ropa que tenemos que ponernos mañana (como reza un latiguillo de una importante cadena de radio), sino que incida en realidades de mayor calado. Porque los efectos de la innegable transformación del clima, a la que estamos asistiendo impasibles, provocan desastres naturales, hambrunas, movimientos forzosos de población, pérdida de biodiversidad, reducción de cosechas y expansión de enfermedades. El hecho de que mes a mes sepamos que se han batido récords de altas temperaturas, que tengamos por delante el verano más caluroso desde que hay registros o que el deshielo en el Ártico sea cada vez más acelerado debería llevarnos a tomar algunas decisiones más allá de si tenemos que salir de casa con paraguas.

El cambio climático, provocado en gran medida por la acción humana, es una amenaza para nuestro presente y para el futuro de las próximas generaciones. Las tecnologías de la información nos ayudan a evaluar la dimensión de las alteraciones que van a producirse inevitablemente en nuestro entorno natural. Y los medios hacen bien en difundir e interpretar todo ese material de manera que estimule el ineludible y urgente debate social sobre el clima. Porque las observaciones científicas en esta materia están relacionadas no solo con nuestra realidad cotidiana sino también con un conjunto de problemas que la política, las grandes empresas y la sociedad civil deben abordar, tales como dónde construiremos los nuevos barrios de las ciudades, dónde invertiremos en infraestructuras turísticas, cómo diseñaremos los espacios públicos (¿plazas duras o más árboles?, por ejemplo), cómo acondicionaremos escuelas y hospitales ante las olas de calor, qué cultivos consideraremos apropiados para la nueva realidad climática, cómo cuidaremos los bosques, cómo prevendremos las catástrofes naturales, etcétera.

El reto de transmitir una información tan compleja exige la participación de diversos especialistas (urbanistas, sociólogos, ecólogos, humanistas) que ayuden al hombre y a la mujer del tiempo en el siglo XXI a hacernos conscientes de las amenazas que nos acechan y a tomar las decisiones adecuadas.

Firmado: COLECTIVO PENSAMOS
No Comments Yet

Comments are closed