
El cuadro robado (Le tableau volé, 2024)
Duración: 91 min. País: Francia. Dirección: Pascal Bonitzer. Guion: Pascal Bonitzer. Reparto: Louise Chevillotte, Alex Lutz, Léa Drucker, Vincent Nemeth, Arcadi Radeff. Música: Alexei Aigui. Fotografía: Pierre Milon. Productoras: SBS Productions. Distribuidora:Pyramide Distribution.
Estamos ante una película francesa, pero muy francesa. Dicho esto, para bien, en el mejor de los sentidos. Una comedia de tintes agridulces, que nos transporta con nostalgia al cine de Éric Rohmer, por tratarse de una especie de cuento. La historia se basa en un hecho auténtico, lo que nos determina que la realidad supera con creces a la ficción.
Este caso saltó a los medios de comunicación, cuando hace 25, años el cuadro Girasoles de Egon Schiele, desaparecido en la Segunda Guerra Mundial, fue encontrado en la modesta casa de un particular. El guion comienza con André Masson, subastador de la famosa casa de subastas Scottie’s, quien recibe una carta en la que se afirma que se ha encontrado un cuadro de Egon Schiele en la casa de un joven obrero de Mulhouse.
Como cualquiera que haya tratado con el mundo del arte y las antigüedades, el escepticismo es parte ineludible ante esta aparición. Dado que pocas veces, o casi ninguna, eso es una realidad, ya que el mercado está muy controlado, y la aparición de una nueva obra de cualquier autor es casi imposible. Solo puede tratarse de una falsificación o bien de una obra de dudosa procedencia.
Cuando se descubre que es auténtica, las cosas cambian. Una obra maestra de Schiele, desaparecida en 1939. Todos los personajes intentarán defender una mentira que no se sostiene, y que cada vez empeora la situación. Hasta que deciden afrontar la realidad.
El director, Pascal Bonitzer, no solo expone una historia. También aprovecha para presentar una división de clases sociales. Un ambiente obrero, y un personaje que trabaja en una fábrica, frente a marchantes, casas de subastas, revendedores e intermediarios ávidos de comisiones. Todos realizan sus movimientos, intrigas…, alzando el precio de la obra de arte, para poder pillar su mordida. Se observa una manipulación de los precios, que nada tiene que ver con el verdadero valor de la obra, es pura especulación.
Una divertida y gran película, que critica el mundo del arte y una sociedad elitista, mediante un planteamiento original, basado en la sencillez de su puesta en escena, con humor, y un ritmo elegante. Sin olvidar al elenco de actores franceses, que cumplen sobradamente con sus papeles. Sobre todo, Alex Lutz, como el escéptico André, trasmitiendo el hastío de un hombre que ha vivido demasiado tiempo entre falsificaciones y transacciones frías.
Tampoco podemos dejar de lado la fotografía de Pierre Milon, con una iluminación clara y amable que entronca con lo televisivo.










