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Imagen de Marcin Paśnicki en Pixabay.

Constituye un estado emocional en la sociedad actual y que desgraciadamente va in crescendo. Se siente, se palpa que existe un estado de nerviosismo y de tensión general a causa de la confrontación reiterada, discusiones y conflictos, generando, a veces, ansiedad, depresiones y alteraciones emocionales.

A esta situación contribuye la polarización que contribuye a fomentar el alejamiento, la confrontación y se puede observar como las posiciones intermedias van, poco a poco, perdiendo peso específico y ya no sirve aquello de que “en el punto medio está la virtud”. Como consecuencia, los partidos polarizados radicalizan el lenguaje y buscan el insulto como arma rentable de la política espectáculo generando los consecuentes conflictos entre los ciudadanos. Los medios de información también deben entonar el mea culpa ya que aportan su grano de arena y contribuyen para sesgar la percepción de la realidad. Con las redes sociales Instagram, Twiter y Facebook se nota que la crispación llega a todos los lugares del planeta, estando omnipresentes en nuestras vidas y la agresividad es una tendencia, una actitud al alza. De todo esto, deduzco que “la buena educación” es un auténtico lujo.

Debemos buscar el diálogo, el consenso. Adoptar decisiones del sentir de la mayoría y minimizar el conflicto de la minoría, que ya no es tal. Individualmente buscar una buena gestión interna, una autogestión y reducir la tensión emocional a través de la relajación.

Buscar la mesura para encontrar las relaciones con los adversarios. Sí, vivir mesuradamente con sentimientos sólidos y defender, claro está, nuestros fundamentos. Los valores deben ser principio y fin. Tampoco podemos aceptar el que “todo vale” y tampoco sirve y no puede ser relativo, ya que entonces, no valemos nada.

Firmado: MARIANO AGUAS JÁUREGUI
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