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Natalia Lafourcade y Toquinho emocionan en una velada bajo la lluvia en Lanuza

Natalia Lafourcade recibió el Premio Pirineos Sur a la Diversidad Cultural 2025, entregado por Carlos Sampériz, diputado de Cultura de la Diputación de Huesca, y Amalia Ortiz, directora del festival. JAIME ORIZ

Bajo una lluvia suave y persistente, que lejos de amedrentar al público pareció formar parte del hechizo, Natalia Lafourcade convirtió el escenario flotante de Pirineos Sur en un santuario musical y emocional. El anfiteatro natural de Lanuza se transformó durante hora y media en un espacio íntimo, donde cada nota, palabra y silencio encontraron su eco en los corazones de miles de personas entregadas. No fue simplemente un concierto: fue una ceremonia, una liturgia de emociones en la que la artista mexicana ofició sola, con su guitarra y su voz como únicos aliados visibles.

La lluvia marcó el inicio, pero pronto quedó eclipsada por la fuerza magnética de Lafourcade, que inauguró el recital con Cancionera, la pieza que da título a su último trabajo. Desde ahí, se desplegó una sucesión de temas profundamente ligados a la vida, la tierra y la memoria: De todas las flores, Pajarito colibrí, María la curandera… Canciones que son casi invocaciones, atravesadas por una sensibilidad que desarma. Su presencia, sentada, serena y luminosa, no necesitó artificios: bastó con un largo vestido azul, una voz plena y un repertorio que ha hecho historia.

La conexión fue total desde los primeros acordes. Cada tema generaba una oleada de suspiros, lágrimas, sonrisas. El anuncio reciente de su maternidad impregnó de una luz aún más especial este encuentro con el público, que la recibió con el mismo amor con que ella parecía entregarse. Hubo tiempo para clásicos de su carrera, como Mi tierra veracruzana o Tú sí sabes quererme, y también para rendir homenaje al cancionero popular latinoamericano con versiones estremecedoras de La llorona y Cucurrucucú Paloma.

Al término del concierto, y en un gesto cargado de simbolismo, Natalia Lafourcade recibió el Premio Pirineos Sur a la Diversidad Cultural 2025, entregado por Carlos Sampériz, diputado de Cultura de la Diputación de Huesca, y Amalia Ortiz, directora del festival. El reconocimiento celebraba su labor como Embajadora de la Música por la Paz, un título que ella misma pareció encarnar en cada nota y cada palabra de la noche.

El cierre no pudo ser más conmovedor: Derecho de nacimiento y La raíz, dos himnos de esperanza y conexión profunda con lo humano, pusieron el broche a una velada que quedará en la memoria del festival como una de las más emotivas. Su despedida fue discreta, cálida, familiar. Como si todo lo vivido hubiera sucedido dentro de una gran casa abierta al mundo.

El concierto de Lafourcade fue una ceremonia, una liturgia de emociones en la que la artista mexicana ofició sola, con su guitarra y su voz como únicos aliados visibles. JAIME ORIZ

Pero la noche aún tenía más que ofrecer. Tras la catarsis emocional provocada por Lafourcade, el maestro brasileño Toquinho subió al escenario con la misma naturalidad con la que ha llegado a generaciones enteras a través de sus canciones. Acompañado por una pequeña formación —guitarra, bajo y batería— y por la cálida voz de Camilla Faustino, el artista ofreció un recital cargado de sentimiento, melancolía y elegancia.

Toquinho desgranó con serenidad y dominio un repertorio que es historia viva de la bossa nova: Samba de Orly, Samba pra Vinicius, Vocé abusou… Y al final, como un regalo, Aquarela, ese tema que ha sido la banda sonora de tantas infancias y amores. Sentado, tranquilo, casi paternal, demostró que su música sigue siendo un faro, una guía melódica que no pierde su brillo con los años.

El público, resistente bajo los paraguas, vivió con emoción cada nota, cada verso. Fue una noche de viajes emocionales, de raíces y horizontes, de voces que sanan y melodías que abrazan. Pirineos Sur vivió así una jornada inolvidable, donde la música, como siempre, fue el lenguaje común de la belleza y la emoción compartida.

El festival continúa este domingo con otras dos propuestas llenas de fuerza y personalidad: el violinista Ara Malikian, que transformará el cielo estrellado en partitura con su mezcla única de música clásica, rock y jazz; y Maika Makovski, que presentará en formato acústico su celebrado Búnker Rococó, una obra que confirma su lugar entre las voces más sólidas y personales del rock actual.

Pirineos Sur sigue alzando la voz, con artistas que no solo cantan, sino que conmueven.

 

Toquinho desgranó con serenidad y dominio un repertorio que es historia viva de la bossa nova. JAIME ORIZ
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