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Desembarco de Alhucemas, en una imagen de la época de la Fundación Ibercaja.

El pasado día 19 de junio, y nuevamente en el marco del salón Panadería de la Ciudadela de Jaca, tuvo lugar la mesa redonda Otra visión de un desembarco para la historia. La sesión, moderada por el coronel D. Joaquín Moreno, director del Consorcio del Castillo de San Pedro, contó con la presencia del comandante D. Tobías de Antón Alonso de Liébana, de D. José Ignacio Viñas Lacasa, historiador militar, y del doctor en Historia D. Ramón Díez Rioja.

El primero de los intervinientes, el comandante De Antón, acercó a los presentes a las circunstancias que rodearon el conflicto de Marruecos, que tanto marcaron los primeros años del siglo XX. Desde la Conferencia de París de 1904 y las condiciones en que España se vio implicada, pasando por el desastre de Annual en 1921, hasta llegar al propio desembarco: cómo se planificó y las vicisitudes previas al mismo.

José Ignacio Viñas describió con precisión y detalle uno de los hechos más memorables de ese periodo: el asedio de Kudia-Tahar. Durante diez días, los rifeños cercaron este enclave, en el que se encontraban alrededor de 130 militares españoles. Explicó cuál era el interés estratégico de los rifeños en ese asedio y cómo, a pesar de las innumerables penalidades sufridas, el enclave supo resistir heroicamente hasta ser liberado por tropas de la Legión.

Finalmente, el doctor en Historia D. Ramón Díez Rioja narró con detalle un aspecto poco conocido de aquella gran operación militar: la planificación de los servicios sanitarios para atender a los heridos. Esta tarea fue encomendada directamente por el general Primo de Rivera al comandante de Sanidad Militar, D. Mariano Gómez Ulla.

En su exposición, Díez Rioja explicó cómo se había previsto la atención sanitaria de las tropas españolas, integradas tanto por nativos como por europeos. Se detallaron los puntos de evacuación establecidos según la gravedad de las heridas, así como los distintos centros de asistencia médica. Todo ello implicó un amplio despliegue de medios, principalmente terrestres.

El reparto de África por parte de las potencias europeas se formalizó principalmente durante la Conferencia de Berlín (1884–1885). Este evento marca el inicio del llamado Reparto de África, un proceso por el cual las potencias coloniales europeas se adjudicaron —en muchos casos de forma arbitraria— vastos territorios del continente africano. España, recién salida del desastre de Cuba, participó como una potencia de segundo orden, y se contempló que, junto a Francia, estableciera su zona de influencia en tierras del norte de África.

Ya en el siglo XX, concretamente el 3 de octubre de 1904, España y Francia suscribieron un convenio en el que ambos países definían sus respectivas zonas de influencia. Sin embargo, desde el primer momento, el despliegue español en ese territorio no estuvo exento de dificultades, debido a la acción de distintas harcas locales. En algunos casos, estas se enfrentaron abiertamente a las autoridades españolas; en otros, actuaron como aliados leales.

La pacificación del territorio estuvo marcada por episodios especialmente trágicos. Uno de ellos fue el desastre del Barranco del Lobo, ocurrido el 27 de julio de 1909, en el que 153 militares españoles perdieron la vida durante un duro combate. La segunda fecha clave, también en julio, pero de 1921, fue el llamado desastre de Annual. En esta ocasión, una arriesgada maniobra de expansión ordenada por el general Silvestre se saldó con la muerte de más de 5.000 soldados españoles, y tuvo su episodio más dramático en la tragedia del Monte Arruit.

Con la llegada del general Primo de Rivera, se decidió que era precisa la pacificación del territorio mediante una intervención militar contundente. Esta operación contaría con la colaboración de las fuerzas militares francesas, que actuarían desde tierra en combinación con las españolas. La fecha fijada para dicha operación fue el 8 de septiembre de 1925, y para ello se desplegaron algo más de 18.000 soldados españoles procedentes de la península, de Ceuta y de Melilla.

Las operaciones militares llevadas a cabo tras el desembarco permitieron a España imponer su autoridad, alcanzándose finalmente la paz en ese territorio dos años después, en 1927.

El desembarco de Alhucemas supuso, en definitiva, una operación militar perfectamente planificada y trascendental para la pacificación del territorio que España debía administrar. Fue, además, la primera operación militar de esas características que, veinte años más tarde, serviría sin duda de referente para el desembarco aliado en la liberación de Europa.

Firmado: ENRIQUE DE FUNES CASELLAS (Amigos de la Ciudadela de Jaca)
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