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La procesión en honor a la Patrona volvió a vestir de fervor y color las calles del casco histórico

La urna-relicario de santa Orosia, acompañada por los romeros, a su paso por la calle del Coso. EL PIRINEO ARAGONÉS

El 25 de junio volvió a ser uno de esos días en que la ciudad de Jaca se detiene para mirar a su pasado, abrazar el presente y renovar una promesa que se repite desde hace siglos: la de acompañar, con todos los honores, el cuerpo de santa Orosia por las calles del casco antiguo. El tañido constante de las campanas, el chocar de los palos y el repiqueteo de las castañuelas marcaron el ritmo de la mañana, iluminada por un sol firme, aunque más benévolo que en jornadas precedentes. Las altas temperaturas de días atrás dieron una tregua y permitieron que la procesión transcurriera con el boato, la serenidad y el fervor que merece el día grande de las fiestas patronales de Jaca.

Este año, además, la festividad estuvo marcada por un gesto de hermandad internacional: la presencia de una nutrida delegación de la República Checa, país donde también se venera con devoción a santa Orosia, considerada oriunda de la región histórica de Bohemia. Cuarenta peregrinos llegaron a Jaca encabezados por el obispo Prokop, quien participó en todos los actos litúrgicos y tuvo incluso el honor de portar brevemente la reliquia de la santa, visiblemente emocionado en ese instante. La imagen del prelado checo con las manos sobre los restos de la Patrona quedó grabada como uno de los momentos más significativos de esta edición.

Un prólogo cargado de símbolos

La jornada comenzó el día anterior, 24 de junio, con la llegada de los Romeros del Cuerpo de Santa Orosia desde Guasa. Como es costumbre, fueron recibidos por los cabildos municipal y catedralicio en el entorno del monasterio de las Benedictinas. Allí, en la iglesia de San Ginés, se celebró el rezo tradicional antes de que la procesión de vísperas culminara en la catedral. La madre abadesa, junto a varias hermanas, se sumó al acto, en lo que fue un emotivo reencuentro con una tradición que la comunidad benedictina ha querido mantener viva, pese a su reciente traslado al convento de Alba de Tormes.

Fue también en esa víspera cuando la delegación checa se unió a la veneración de la reliquia, entonando al final un canto litúrgico en su idioma que resonó entre los muros de la iglesia de San Pedro con inusitada belleza. Un icono de tradición bizantina donado por el arzobispo emérito de Praga, Keystof, en 2023, ocupaba un lugar destacado en la capilla de la Santa, iluminado con pan de oro como símbolo de la unión espiritual entre Jaca y Bohemia.

Una misa con acento internacional

Antes de comenzar la misa, José Luis Bartolomé pasó lista para conocer las cruces de los pueblos asistentes a la procesión, despidiéndose de esta función tras varios años ejerciéndola. Acudieron 58 cruceros de los 90 convocados, una cifra similar a la del año pasado, cuando se contabilizaron 60. Tras el reparto de las tradicionales pastas y vino, los portadores de las cruces se incorporaron a la celebración eucarística.



En su primera festividad de santa Orosia como obispo de Jaca, Pedro Aguado presidió la misa solemne, saludando a los jaqueses y dando la bienvenida a los peregrinos checos. En su intervención inicial, agradeció su presencia y destacó el valor simbólico de este encuentro entre iglesias hermanas. “Hoy, Jaca es más universal que nunca, y santa Orosia nos recuerda que la fe no conoce fronteras”, dijo.

Al concluir los oficios, el obispo Prokop se dirigió a los presentes con palabras de fraternidad: “Queremos unirnos a la veneración de santa Orosia. Nos sentimos honrados de tener a esta excelente Santa con ustedes. Pedimos una pequeña reliquia de vuestra santa Orosia para unirnos con vosotros”, dijo en castellano, arropado por los fieles.

Tradición viva por las calles de Jaca

La procesión, organizada y coordinada por la Real Cofradía de Santa Orosia, mantuvo su habitual orden, con ligeras variaciones en el recorrido debido a las obras de rehabilitación del antiguo hospital. Desde la plaza de la Catedral partió por Echegaray, Mayor, Carmen, Ramiro I, Coso y Ferrenal, hasta llegar a la plaza Marqués de Lacadena. Allí, en lugar de continuar por su itinerario tradicional, giró hacia las calles Sancho Ramírez y Escuelas Pías, para enlazar de nuevo con la calle Mayor, atravesar Zocotín y alcanzar finalmente la plaza Biscós, donde tuvo lugar la veneración pública de la reliquia.

Abrían el cortejo los gigantes, seguidos del Pendón de la Cofradía y la cruz procesional. Después, los cruceros con sus distintivas enseñas, los romeros con sus ropones marrones y su palo en la mano, y el paloteao del Grupo Folclórico Alto Aragón. A continuación, las urnas de San Voto y San Félix, portadas por los Labradores de la Hermandad del Primer Viernes de Mayo, y la de San Indalecio, llevada por los Artesanos.

Los oferentes, ataviados con trajes regionales, acompañados de las peñas Estrapalucio, Enta Debán y Charumba, y miembros de asociaciones vecinales y grupos de jota, aportaban el colorido popular. Detrás, los cofrades, los danzantes, los bailadores de castañuelas y, en el corazón del cortejo, la urna de santa Orosia, sostenida sobre los hombros de los portadores de la Valona, vestidos con su túnica blanca, como dicta la tradición.

Cerraban la comitiva el cabildo catedralicio, el clero, el cabildo municipal con el alcalde, Carlos Serrano, a la cabeza, y la Banda Municipal de Música “Santa Orosia”, que puso la nota sonora final con marchas solemnes propias de esta jornada.

Una ciudad rendida a su santa

Desde los balcones cayeron pétalos de rosa al paso de la urna. En las aceras, el público seguía con recogimiento el tránsito de la comitiva, sin que faltaran escenas de devoción ante la presencia del relicario. Al llegar a la plaza Biscós, los danzantes y bailadores dedicaron sus mudanzas a la Santa, en un momento de comunión entre lo ceremonial y lo festivo. Se mostraron los 40 mantos que conserva el relicario, y el obispo Pedro Aguado extrajo el Cuerpo de la Santa, lo elevó hacia el cielo y pronunció unas palabras de gratitud y alabanza, antes de cederlo al obispo Prokop, que durante unos instantes pudo tener entre sus manos los restos del cuerpo venerado de Orosia, en un momento que vivió con profunda espiritualidad y emotividad.

La luz del mediodía caía con fuerza sobre la plaza Biscós y las notas del chiflo y el salterio se entrelazaban con el retumbar de los palos. La procesión continuó de regreso a la Catedral, donde culminó con una última ceremonia de recogimiento. El eco de las castañuelas y el paloteao resonó una vez más en los muros centenarios del templo, hasta que hizo su entrada la urna-relicario con los restos de la Santa. Entonces, se hizo el silencio.

Imágenes de la procesión de santa Orosia. EL PIRINEO ARAGONÉS
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