
Sarcófago de Doña Sancha en el Monasterio de las Benedictinas de Jaca. EL PIRINEO ARAGONÉS
La localidad de Santa Cruz de la Serós, representada por su alcaldesa, ha aprovechado “el despertar de Doña Sancha” para intentar que se cumplan las últimas voluntades de la condesa, recogidas en un testamento allá por el año 1076 y que pueden consultarse en el Archivo Histórico de Madrid, al igual que puede hacerse con el testamento de su abuela paterna, doña Sancha de Aybar, o su hermana Urraca que reposan junto a ella. Dichos documentos no dejan lugar a dudas sobre el sitio en el cuál deseaban recibir sepultura, en el Real Monasterio de Santa María de Santa Cruz de la Serós, primer monasterio femenino de fundación real.
Queridos ciudadanos y ciudadanas:
“Quiero seguir despierta para insistir en la necesidad de que despertéis conmigo y me ayudéis” a que mis restos, junto a los de mis hermanas y abuela, reposen en el lugar donde decidí fijar mi sepultura. Como bien sabréis, mi vida es una larga e interesante historia vinculada muy especialmente a Santa Cruz de la Serós mientras estuve viva y 525 años más tras mi muerte.
Para abordar el tema que nos ocupa os contaré que una vez casado mi hermano el Rey Sancho Ramírez en segundas nupcias, determiné apartarme de la labor que me ocupaba hasta el momento, la crianza de mi sobrino Pedro. Fue entonces cuando tomé la decisión de irme a vivir a una celda del Monasterio sin tomar los hábitos y, aun habiendo una abadesa, asumí la dirección del mismo con el convenio de las monjas que en él habitaban, como queda reflejado con mi firma en diferentes documentos. Desde allí ejercí un gran poder que permitió ayudar al reino, gestionando grandes recursos fruto de mi dote, la donación de los bienes de mi abuela, las propiedades que mi hermano me proporcionaba agradecido por mi labor y las tenencias que gestionaba. Otra razón de peso fue que en el monasterio se encontraban mis dos hermanas: Urraca, confiada en 1061 por mi padre Ramiro I quien favoreció el lugar entregando una gran dote por ella y Teresa, viuda joven como yo. El esplendor del monasterio llegó sobre 1070 gracias a mis obras de ampliación que sirvieron para impulsar el desarrollo del primer monasterio femenino de la Casa Real de Aragón. Mandé construir en el claustro una pequeña capilla para que reposaran mis restos y los de mis hermanas.
Con este rápido y breve resumen comprenderéis que siga despierta para reclamar el respeto que Santa Cruz merece al estar vinculado con la nobleza y la iglesia ganándose un lugar privilegiado en la historia de Aragón.