BTT
Más de un centenar de ciclistas participaron en una jornada festiva y sin incidentes
Con la Sierra de Leyre como escenario y un ambiente inmejorable, Sigüés celebró el pasado sábado su bautismo en la organización de pruebas de cicloturismo de montaña con la I Cicloturista BTT Sigüés – Sierra de Leyre, una marcha no competitiva que superó todas las expectativas. Más de un centenar de ciclistas —a los que se sumó una veintena de andarines— dieron forma a una jornada redonda en la que se combinó deporte, naturaleza y convivencia entre los participantes y los vecinos de la localidad.
Organizada por el club Aventura Sigüés Deportes de Montaña, con la colaboración del Ayuntamiento de Sigüés y el respaldo de la Comarca de la Jacetania, la cita congregó a más de cien ciclistas, superando con creces la previsión inicial de 70.
La presidenta de la comarca, Olvido Moratinos, acudió a la salida para respaldar esta iniciativa que combina deporte, turismo activo y dinamización del territorio. A las nueve de la mañana, un cohete marcó el inicio de la prueba, que arrancó con una vuelta rápida por el casco urbano antes de adentrarse en las pistas y senderos de la Sierra de Leyre.
La marcha ofrecía dos rutas circulares, ambas por el término municipal de Sigüés: una corta de 27 km y 556 m de desnivel, pensada para rodar con fluidez, y otra más exigente de 44 km y 1.113 m de desnivel, con sendas opcionales de baja dificultad técnica. Lugares como el despoblado de Esco o los alrededores del embalse de Yesa ofrecieron a los participantes estampas de gran belleza.
El pelotón, formado mayoritariamente por ciclistas veteranos con una media de edad entre los 45 y 48 años, llegó de muy diversos puntos: un 57% desde Navarra, un 21% desde Zaragoza, un 10% desde Huesca y el resto desde Cataluña, País Vasco y otras comunidades, lo que refleja el alcance de la cita.
A mitad de recorrido, el avituallamiento fue una fiesta en sí mismo: niños del pueblo esperaban a los ciclistas con frutos secos, chocolate, gominolas, fruta y bebidas. Todo salió “a pedir de boca”, en palabras de Ana Belén Marín, y el coche escoba se encargó de cerrar el grupo con diligencia, asegurando la cobertura de todos los participantes.
Hubo espacio para las anécdotas: vacas acompañando a los ciclistas por la senda, un móvil extraviado por Esco, los pinchazos de rigor y muchos rostros felices en la meta, con el cansancio del esfuerzo realizado.
Mientras tanto, casi una veintena de andarines —entre ellos familiares, amigos y vecinos— completaron su particular ruta hasta el mirador de los buitres, añadiendo un componente familiar y lúdico a la jornada. La comida popular sirvió como broche final, reuniendo a unas 220 personas en un ambiente festivo.
“La clave de todo esto ha sido el compromiso del pueblo”, subrayó Ana Belén Marín. “Sin el esfuerzo de los voluntarios y vecinos, esta ilusión no habría salido adelante”, aseguró. Desde la organización ya piensan en la segunda edición de una prueba que ha llegado para quedarse.













