Un viaje visual, poético y sonoro por el corazón líquido del Pirineo

Gota de agua desprendiéndose de un carámbano de hielo. JORGE RUIZ DEL OLMO
Hay libros que se abren como mapas, y otros que se perciben como ecos. La canción del aguapertenece a esta segunda categoría. Es un libro que no busca explicar el paisaje, sino escucharlo. Que no descompone el río en especies y caudales, sino que intenta acompañar sus sonidos ocultos, su respiración milenaria. A través de la fotografía, la palabra y la música, Jorge Ruiz del Olmo nos propone un viaje hacia el corazón líquido del Pirineo. Pero también –y sobre todo– una forma distinta de estar en el mundo.
Tristan Gooley, en Cómo leer el agua, recuerda que los grandes principios del océano están contenidos en un simple estanque. Que al observar cómo una onda rebota en la orilla de un charco, se pueden intuir los ritmos profundos que rigen los mares. Esa misma lógica —la que une lo ínfimo y lo inmenso— es la que recorre las páginas del nuevo proyecto editorial de Jorge Ruiz. En este espacio impreso, un ibón no es solo un lago de montaña: es una pupila abierta al cielo, una memoria de glaciares, una pregunta que aún no tiene forma.
La canción del agua nace del deseo de dar voz a aquello que no suele tenerla: a los torrentes que se apagan en verano, a las especies que resisten bajo las piedras, a las gotas que abandonan la nieve sin saber todavía en qué mar terminarán. También es un homenaje a lo no dicho, a lo que fluye entre las palabras y las imágenes. En cada página resuena una tensión entre lo visible y lo invisible, entre lo que se muestra y lo que se intuye. Como en la música, lo importante no es solo lo que suena, sino el silencio entre las notas.
Este no es un libro de montaña, aunque transite por valles altos. Tampoco un tratado ecológico, aunque desborde conciencia. Es, quizá, un cuenco de resonancia donde se escucha lo que queda cuando el mundo se calla. El reflejo de una nube, una libélula suspendida, la sombra de un pez. La gota que soñó con el mar. Y nosotros, lectores, que al pasar sus páginas volvemos a ser caminantes, nómadas del agua, seres que recuerdan —aunque solo sea por un instante— que todo lo que vive fluye.
El 21 de mayo se activó la campaña de micromecenazgo para apoyar la edición de esta obra, galardonada con una ayuda a la publicación dentro de los Premios Félix de Azara de la Diputación Provincial de Huesca. El libro se ofrece en preventa a través de Verkami, con recompensas como postales, firma personalizada y nombre en los agradecimientos. Detrás de este proyecto hay una historia de larga escucha por parte del autor, de contemplación minuciosa y paciente en soledad, pero ante todo de transformación personal. Y todo comenzó con una gota.
El momento en que todo surgió
“El momento iniciático fue hace bastantes años en el valle de Chistau. Mientras fotografiaba un carámbano de hielo, me entretuve en observar cómo se formaba una gota de agua. Cómo se deslizaba y se soltaba. Imaginé el viaje de esa gota”, cuenta Jorge Ruiz. Esa imagen sencilla, casi invisible, activó una necesidad profunda: seguir ese recorrido líquido desde su nacimiento hasta su disolución en el mar.
El proceso fue largo, paciente, como la corriente misma. “Después de acabar mi libro sobre el otoño, en 2019, empecé a seguir el curso de algunos ríos. Para inspirarme y para sentir el ritmo natural de cada tramo. Luego planifiqué lo que quería fotografiar para contar la historia. Me ha llevado casi seis años”, explica.
Durante ese tiempo, las dudas y bloqueos fueron parte del camino: “Soy una persona insegura y eso tiene sus cosas malas, pero también buenas. Te lleva a preguntarte si lo conseguido es lo que buscabas, si es realmente bueno. Y eso ayuda a perseguir la mejor imagen posible”, reconoce.


Martín pescador y flamencos al atardecer. JORGE RUIZ DEL OLMO
El fotógrafo que quiso escuchar al agua
Veterinario de profesión y fotógrafo de naturaleza, Jorge Ruiz del Olmo (Madrid, 1968) se instaló hace más de un cuarto de siglo en el Pirineo, primero en el valle de Tena y luego en Jaca, donde descubrió su lugar en el mundo. Entre montañas, vacas y caminos rurales, nació su particular forma de mirar el paisaje a través de la cámara.
Sus imágenes no buscan solo deslumbrar por su belleza, sino transmitir una historia. “Intento que cuenten algo que despierte curiosidad y genere una corriente positiva de empatía hacia el medio natural. Que sirvan para proteger y conservar”, relata.
Su primer libro, Elementos, esencia y vida (2008), documentó la vida de los rebaños y ganaderos pirenaicos. Más tarde publicó Hoya, territorio natural de Huesca, centrado en la biodiversidad de esa comarca, y galardonado con un premio Félix de Azara en 2011. En 2019 vio la luz Pirineo luminoso. La vida en otoño, una declaración de amor al esplendor otoñal del Pirineo. La canción del agua culmina ahora una trayectoria que suma más de 40 premios internacionales y presencia en exposiciones y publicaciones de toda Europa.
Una visión acuática del Pirineo
“Este libro sigue el viaje del río desde que se produce el deshielo en la alta montaña hasta que muere en el mar. Es la historia de una gota de agua que buscaba el mar y se convirtió en río”, comenta Ruiz. Y ese río –dice–, también somos nosotros.
Frente a la abundancia de obras sobre montaña, fauna o senderismo, La canción del agua se detiene en lo que suele pasar desapercibido: el mundo acuático, interior, escondido. “Faltaba una obra que presentase el Pirineo desde una visión acuática. Mostrando los animales dentro de su medio, es como redescubrirlo”, indica.
El libro recorre especialmente los valles del Aragón y Tena, escenarios de muchas de sus fotografías más complejas. “Algunas imágenes de fauna como la nutria, el martín pescador o la trucha fueron tomadas en estos valles. He intentado mostrar su mundo desde dentro. También espero dar voz a sus vidas invisibles. Si la sociedad les ignora quizás es porque no los conoce”, reflexiona.


Garza pescando y rana verde común con sus sacos bucales hinchados. JORGE RUIZ DEL OLMO
Música que fluye como el agua
A lo largo de las 170 páginas del libro —que incluye 150 fotografías y se estructura en cuatro capítulos: Infancia, Juventud, Madurez y Final— cada etapa del río se acompaña de una composición musical original de Fernando Casaus. “Le propuse la idea de componer música para las diferentes edades del río y entendió la idea al instante”.
La música, como el agua, fluye. “Escuchaba música mientras seguía al río. No solo el fluir del agua, también el viento en la chopera, el canto de ranas y aves. Quise que cada capítulo tuviera su parte musical”.
En ese diálogo entre sonido, imagen y emociones, aparece una metáfora profunda: la gota que anhela el mar, pero se convierte en río. “Hay un paralelismo entre el río y el viaje personal. Todo es un fluir. Solo existe el ahora, aunque sea efímero y nos deje una sensación de vacío. Miramos atrás y contemplamos el camino realizado para darle un sentido al viaje. Como le sucede al río”, manifiesta Ruiz.
Esa metáfora resuena en la música melancólica: “No es simplemente tristeza. Es la belleza de lo que se escapa, la dulzura de lo perdido o nunca alcanzado”, añade. Una música que ralentiza el cauce, que permite escuchar no solo el rumor del agua, sino también lo que esa gota quiso ser.
En esa búsqueda de sentido, el libro propone una fusión entre lo externo y lo interno, entre el paisaje y el alma. Como escribió José Luis Sampedro en La balada del agua: “Avanza más allá: la meta es ser mundo, serlo también tú, hacerte mundo, latir en sincronía con él, convivir su ritmo y sus pausas. Hermánate con la hoja del árbol y con la hormiga en su senda. Y avanza a la vez hacia dentro; viaja hacia ti, hazte todo lo que eres. No es complicado, mírame: yo soy río, nube, lago, lluvia, catarata, océano, lo que el mundo provoca, pero siendo siempre yo. Eso debes hacerte, o mejor diré: serte. Hasta condensarte en pura chispa de la hoguera cósmica. Hazte mundo y serás vida. Viviéndote en la Vida”.
Lo que queda cuando el mundo se calla
La canción del agua “no es un libro de montaña, aunque transite por valles altos. Tampoco un tratado ecológico, aunque desborde conciencia. Es, quizá, un cuenco de resonancia donde se escucha lo que queda cuando el mundo se calla”, escribe el autor.
Captar lo efímero ha sido uno de los mayores desafíos, asegura al señalar que “tienes la sensación de que sigues algo que no puedes atrapar. Pero se puede buscar una estética y una composición que invite a una contemplación más subjetiva. En el libro hay fotografías así”.
Esa mirada lenta, paciente, se refleja también en su relación con el tiempo. “Desde niño he sentido fascinación por los ríos y lagos. Este libro me ha permitido sumergirme en ese mundo, poner en valor la riqueza natural de estos paisajes acuáticos, y contar su historia, que también es la mía”, afirma.
Un libro que se toca, se mira y se escucha
La edición de La canción del agua será impresa, de calidad excepcional, bilingüe (castellano y francés), con tapas duras y papel cuidadosamente elegido. Cada capítulo incluirá un código QR para escuchar su correspondiente pieza musical.
“Hoy más que nunca, el papel tiene un valor especial. Tocar un libro así, donde se cuidan todos los detalles, es una experiencia sensorial muy potente”, expone.
En una era digital y fugaz, este proyecto defiende lo duradero, lo pausado, lo que se contempla y se habita, invita al espectador “a sumergirse en el mundo natural, a ver el paisaje con otros ojos, a dejarse sorprender”.
Y también, a comprometerse. “El fotógrafo de naturaleza tiene el compromiso de mostrar la belleza del mundo natural. Las imágenes deberían conectar con el espectador para mover su energía positiva, su empatía. Así se genera una conciencia de conservación”, subraya.
Cómo apoyar La canción del agua
El libro se está financiando a través de una campaña de crowdfunding activa en la plataforma Verkami. Jorge Ruiz ha optado por la autoedición para poder cuidar cada uno de los detalles del proyecto, desde el diseño hasta la impresión final, sin compromisos comerciales que limiten su dimensión sensorial y artística.
A través de esta campaña, los mecenas pueden reservar su ejemplar en condiciones especiales: precio reducido respecto al lanzamiento en librerías, postales de regalo, ejemplares firmados y dedicados por el autor, e incluso aparecer en los agradecimientos impresos del libro.
Para participar, basta con buscar «Verkami La canción del agua» en internet o entrar directamente en la web del proyecto dentro de Verkami. Allí se pueden elegir diferentes modalidades de apoyo, en función de las preferencias de cada lector.
La preventa estará abierta por tiempo limitado, por lo que quienes deseen recibir el libro en primicia y contribuir a su nacimiento pueden hacerlo desde ahora mismo.
Además, se puede seguir la evolución del proyecto, ver imágenes, avances y nuevos contenidos en la página web oficial del autor:
www.jorgeruizphotography.com. Y también en sus redes sociales:
Facebook: Jorge Ruiz del Olmo e Instagram: @jorgeruizphotography.
Allí, como en el río, la historia sigue fluyendo.
Jorge Ruiz del Olmo
• “Para un fotógrafo de naturaleza lo primero es sentirla, por eso creo que hay que pasar muchísimo tiempo mirando y escuchando la naturaleza”
• “El fotógrafo de naturaleza tiene que ser naturalista. Esa mirada permite fijarte en las cosas pequeñas dentro del cuadro que es todo el paisaje”
• “Hay un paralelismo entre el río y su viaje hacia adelante, sumando experiencias, con el viaje personal. Todo es un fluir, un suceder, donde solo existe el ahora, aunque sea efímero y nos deje una sensación de vacío”
• “Desde pequeño he sentido fascinación por los ríos y lagos, su paisaje, pero sobre todo por su fauna. Este libro me ha permitido sumergirme con ella y contar su historia, que también era la mía”
• “Intentar fotografiar lo efímero es un desafío grande. Tienes la sensación de que sigues algo que no puedes atrapar”.
• “La música ayuda a conectar nuestras emociones interiores con el mundo que nos rodea, el entorno que vemos, las imágenes que observamos”.

