
El Grupo Val d’Echo en una imagen de 2010 facilitada por la propia agrupación chesa.
Es más que obvio reconocer el mérito etnológico del Grupo Folklórico Alto Aragón de la ciudad de Jaca cuando se cumple ya medio siglo de su existencia. Su labor social y ciudadana, artística y de comunicación pública fuera de su propio territorio fue siempre (sobre todo a partir de los años 80 del pasado siglo) un calificativo consustancial con el espíritu de su creación. Sabemos algo de todo esto quienes –aunque a escala mucho más reducida– aguantamos todavía un siglo en nuestras costillas desde nuestra primera Rondalla Chesa de 1923 y a base de relevos generacionales. ¡Nuestra más sincera felicitación y enhorabuena a toda esa rasmia y esencia jaquesas, a toda esa alma sin la cual pocas cosas funcionan en este planeta!
Pero tenemos la obligación, como compañeros de camino, de valorar con algún detalle lo conseguido por el Alto Aragón de Jaca desde su inicio. Este grupo, desde la edición de su primer LP en 1980 (En recuerdo a unos valles), rompió más de un molde. Entre ellos, el del empaste musical, primero, al hacer sonar las bandurrias, laudes y guitarras dentro del cinturón contrabajo-guitarrico (octavas sonoras más graves y agudas) que nadie lo había considerado. Después, la irrupción de la gaita como instrumento altoaragonés (casi abandonado en los viejos arcones de los desvanes) pues, aunque en el Alto Aragón central y oriental circulaba, al lado de la flauta, con ciertas presencias locales, no había conseguido bajar lo suficiente hacia el sur de la provincia para empalmar con las tierras monegrinas. Y, por último, la divulgación de los distintos palotiaus o dances, que se aguantaban milagrosamente gracias a las romerías católicas tradicionales. Entre otros, los resultados de esta actitud fueron palpables, por ejemplo: nuestro Grupo Val d’Echo grababa su primer LP (Subordán) en 1981, el grupo Hato de Foces lo hacía en 1983 (Amadruga), La Orquestina del Fabirol irrumpía en 1989 (Suda, suda, fabirol) y diez años después, en 1996, se destapaba la Ronda de Boltaña con su primer LP (Banderas de humo) y un aluvión de instrumentos de viento.
Desde 1981, nuestro Grupo Val d’Echo concibió el mantenimiento y enriquecimiento de su patrimonio folclórico a base de exhibir su riqueza lingüística, la del aragonés cheso, como piedra angular a través del espíritu de creación de poetas propios del valle y para que ese distintivo cultural no llegara a amortarse. Pero nunca pretendimos conquistar la Luna sino, tan solo, saltar de siglo, llegar al XXI. Parece que lo estamos consiguiendo a base de buenas tochadas. Porque, además, lo que nos maravillaba de Alto Aragón era el compromiso continuo de su gente, que se dejaba todas sus vacaciones anuales por allí enta debant ya fuesen laborables o estudiantiles, en una actitud más que generosa. Para ese compromiso nosotros nunca estuvimos dispuestos: porque ni podíamos (al ser una organización rural de la España semivacía) ni queríamos (dar al Grupo más prioridad que a los compromisos personales). No deja de ser curioso que la Ronda de Boltaña, que se dio a conocer dieciséis años después, en 1996, haya seguido aquel mismo patrón de comportamiento y, si cabe, aumentado por su increíble número de presencias anuales.
Pero al final todo ha sumado, gracias a la aportación civil organizada y sacrificada de muchas gentes; las de aquí, las de allá y las de más enta allá. Gracias a ellos el folclore altoaragonés se reconoce ahora con mayor variedad de instrumentos, mejores empastes, mayor y más variado repertorio, mayor número de piezas corales, y, sobre todo, con una palpable mejoría en la riqueza literaria de los temas y las cantas (¡que buena falta le hacía!). Muchas gracias, mesaches y mesachas jaqueses. Aunque corremos el peligro de obviar, sin quererlo, a más de un protagonista vuestro, debemos resaltar aquí las cualidades instrumentales de Enrique Lope con su bandurria y las de Javier Ferrer con su voz, verdaderos espíritus del Alto Aragón en esa década de los 80. Que lleguéis a centenarios es lo que os deseamos, pero, sobre todo, os deseamos que vuestra gente joven se divierta tañendo, cantando y bailando lo propio porque si el folclore no es diversión en primeras, en cuadrilla, es más difícil que suba a un escenario para mostrarlo en segundas.
Además, para ello y a partir de ahora, contáis con un flamante álbum vuestro más (De la albada a la trasnochada) por lo que más razones tendrá la juventud jaquesa para enrolarse en vuestro cometido folclórico.
Hasta siempre.
