
La familia González-Vidal intercalando los pliegos del periódico en los antiguos talleres de San Nicolás, en una imagen de archivo del periódico.
Con la reciente jubilación de José Manuel y Javier González Vidal, El Pirineo Aragonés ha completado un nuevo ciclo vital: se cierra la cuarta etapa del periódico más antiguo de Aragón, fundado el 23 de abril de 1882, y se abre paso a la quinta, un nuevo impulso hacia el 150.º aniversario que ya se vislumbra en el horizonte. Con este relevo, no solo concluye un fructífero e inolvidable periodo empresarial; termina también una historia conjunta que ha durado 34 años y que, para mí, ha sido mucho más que una vida profesional.
Cuando empezamos este camino en octubre de 1991, no éramos del todo conscientes de la dimensión de aquel proyecto familiar ni de la responsabilidad que suponía dar continuidad a una cabecera centenaria y a una empresa de artes gráficas con tanto arraigo en Jaca. José Manuel y Javier no han sido solo compañeros o socios. Han sido parte esencial del motor que ha dado forma a lo que somos hoy. Y lo han hecho desde la complicidad, la lealtad y la confianza mutua que nos han acompañado todos estos años.
Nuestra historia en común comienza en un momento de profunda transformación. Fue entonces cuando El Pirineo Aragonés dejó atrás la impresión tipográfica para adentrarse en la era del offset y la informatización. Hubo que desmontar la máquina plana del taller, picar el muro de la puerta, buscar por todo Jaca una carretilla elevadora… Y, al mismo tiempo, ponernos al día en informática y maquetación con un curso exprés de apenas un mes. Recuerdo especialmente la noche en la que cerramos el primer número maquetado por ordenador: pasadas las seis y media de la mañana, intentando dibujar a pulso una cruz para una esquela sin saber aún que bastaba una simple combinación de teclas. Cansados, pero satisfechos, entregamos aquel número que simbolizaba el inicio de una nueva etapa.
La nuestra fue la cuarta generación del periódico. Antes de nosotros, Carlos Quintilla lo había fundado en 1882, apostando por el periodismo como motor de modernidad e ilustración. Su hijo Francisco tomó el relevo en 1922, combinando la dirección del semanario con una intensa vida literaria. En 1962, Manuel González Chicot, padre de José Manuel y Javier, inició la tercera etapa, modernizando el periódico e impulsando su continuidad. Bajo su dirección se vivieron cambios técnicos decisivos, como el traslado a la calle San Nicolás en 1963 o la introducción del offset en 1991. Fue entonces cuando José Manuel y Javier, que se habían iniciado desde jóvenes en el taller ayudando a su padre, decidieron dar el paso y constituir una nueva sociedad conmigo como redactor jefe, para renovar y proyectar El Pirineo Aragonés hacia el futuro.
Desde entonces, han sido muchos los momentos relevantes en nuestra reciente historia: la adquisición en 1998 del local actual en la calle Aragón; la celebración del 125.º aniversario en 2007, con una calle dedicada al periódico y una escultura de Pablo Valdelvira; el número 6.000 en 2000 y el 7.000 en 2021, coincidiendo con el final del estado de alarma. También ha habido dificultades, como la crisis de 2008 o la pandemia de 2020, que supusieron verdaderas pruebas de resistencia. Pero en cada etapa, el equipo ha estado a la altura. Y en ese equipo, la figura de José Manuel y Javier ha sido determinante.

José Manuel González Vidal tirando el periódico en una máquina plana semi automática de la imprenta de la calle San Nicolás. FOTO TRAMULLAS/ASOCIACIÓN CULTURAL JACETANA

Javier González Vidal componiendo en tipografía una noticia de El Pirineo Aragonés antes de la renovación de 1991. FOTO TRAMULLAS/ASOCIACIÓN CULTURAL JACETANA
José Manuel, el mayor de los hermanos, se formó en artes gráficas y ha sido el alma del taller y de la imprenta. Responsable de la impresión del periódico y los trabajos gráficos, meticuloso y perfeccionista, ha sabido combinar el rigor profesional con una socarronería que siempre ha aliviado tensiones. Javier, más volcado en la gestión administrativa y la maquetación del periódico, ha sido también el rostro cercano ante los clientes, un interlocutor afable, claro, respetuoso, capaz de mantener en orden la maquinaria invisible que sostiene toda empresa. Dos estilos distintos, pero un mismo compromiso: trabajar con honestidad, con entrega y con vocación de servicio.
Hemos compartido más de la mitad de nuestras vidas, no solo un proyecto editorial. A lo largo de los años, las paredes del taller, primero en San Nicolás y luego en Aragón, han sido también hogar. Recuerdo con especial cariño las tortillas de patatas que traía Conchita, su madre, en los cierres de edición. Y la compañía de tantos vecinos que se acercaban, con la complicidad de quien sabe que en este periódico se refleja la vida de su ciudad.
Quiero, en este punto, extender el reconocimiento a quienes han sostenido la otra mitad de nuestro trabajo: Isabel, Bernadette, Bruno y Gastón, María, Íñigo y Marina. Por el tiempo que les hurtamos, por la paciencia y la comprensión. Y recordar igualmente a quienes ya no están, como Manuel González Chicot y Conchita Vidal, pero que dejaron una huella indeleble. Y a Teresa González Vidal y su familia, tan estrechamente ligados al periódico.
Con su jubilación, José Manuel y Javier no se van del todo. Queda su ejemplo, su forma de hacer, su memoria en las páginas y en la tinta. Queda, sobre todo, la experiencia común: la de saber que durante más de tres décadas hemos trabajado juntos por una misma idea, con respeto, con humanidad y con la certeza de estar construyendo algo que nos trascendía.
En las tardes frías, cuando el taller ya zumbaba con el olor de la tinta y el papel recién cortado, era fácil olvidar la rutina. Siempre había una broma, un comentario de Javier o la ironía cómplice de José Manuel para aflojar la tensión del cierre. En esos gestos estaba todo: la profesionalidad sin alarde, la fidelidad al oficio, la voluntad de hacer bien las cosas sin perder la sonrisa.
Desde el 1 de enero de 2025, la empresa ha iniciado una nueva etapa bajo la dirección de Carlos Crespo Mateo, empresario zaragozano que ha adquirido la empresa editora, con el compromiso de dar continuidad al legado recibido. El equipo actual de El Pirineo Aragonés, que tengo el honor de encabezar, se refuerza con nuevas incorporaciones y asume el reto de modernizar el periódico sin perder su esencia. Nuestra mirada está puesta en el 150.º aniversario, pero también en cada viernes que llega con una nueva edición. En esa travesía hacia el futuro, personalmente me siento el eslabón entre la cuarta y la quinta generación: más de la cuarta, sin duda, pero comprometido con lo que viene.
Gracias, José Manuel. Gracias, Javier. Por todo lo que habéis dado. Por todo lo que nos queda.
Firmado: JOSÉ VENTURA CHAVARRÍA CASADO (Director de El Pirineo Aragonés)

