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La tradicional romería congregará a vecinos de Jaca, Barós, Ulle, Navasa y Ara en una jornada de devoción, leyenda y convivencia popular

El Monte Oroel visto desde Aísa. EL PIRINEO ARAGONÉS

 

La romería de la Virgen de la Cueva, la primera de las grandes romerías de la Diócesis de Jaca, se celebrará este domingo 25 de mayo de 2025 en los parajes del Monte Oroel. Declarada por muchos como una de las citas más queridas del calendario popular jaqués, la romería reúne cada año a vecinos de Jaca, Barós, Ulle, Navasa y Ara, que acuden con sus cruces y estandartes para rendir homenaje a la Virgen en su antiguo santuario natural, ahora desaparecido tras el derrumbe de 2012.

Los actos de la jornada se desarrollarán en el Parador de Oroel y comenzarán a las 12:30 con la concentración de romeros y cruces. A las 13:00 tendrá lugar la eucaristía, amenizada por el Grupo Folclórico Alto Aragón, seguida de la ofrenda floral por parte de los fieles y peñas. La veneración de la imagen y la reliquia de la Virgen está prevista para las 13:45, con la tradicional procesión hasta el canterón de Peña Muro y la bendición de términos. A las 14:15, se celebrará el ya veterano concurso de tortilla española, en su 41.ª edición, organizado por la Peña Enta Debán. Tras la comida de alforja compartida entre los asistentes, la fiesta concluirá a las 16:30 con el 46.º Festival Folclórico Virgen de la Cueva, a cargo de la escuela del Grupo Folclórico Alto Aragón.

En caso de lluvia, los actos religiosos se trasladarán a la capilla de los Escolapios de Jaca, garantizando su celebración con independencia de la meteorología.

La historia de esta romería se remonta a tiempos ancestrales y está rodeada de leyendas. Una de ellas habla de un pastor que descubrió la talla de la Virgen al seguir a una cabra que se apartaba misteriosamente del rebaño cada día. Otra asegura que, en esa misma cueva, los cristianos se juramentaron en el siglo VIII para defender el incipiente Reino de Aragón frente a la amenaza musulmana. El santuario se encontraba bajo una gran cornisa de conglomerado en la cara sur del Monte Oroel, que se desplomó en 2012 destruyéndolo casi por completo. A pesar de ello, la tradición se mantiene viva año tras año como un símbolo de identidad y unión entre los pueblos del entorno de la peña.

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