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Desde la asociación organizadora se reclama una limpieza más eficaz del cauce tras los choques y percances sufridos por las embarcaciones en la jornada del domingo

Un momento del descenso de navatas por el Aragón Subordán. PACO BARÓN

Con valentía, experiencia y no pocos sobresaltos, los navateros de la Val d’Echo completaron el domingo 18 de mayo la 16.ª edición del Descenso de Navatas por el río Aragón Subordán. La cita, que tuvo que aplazarse una semana por las intensas lluvias previstas el día 11, se celebró finalmente en una jornada soleada y muy concurrida, ofreciendo una estampa vistosa pero también poniendo de relieve los riesgos que entraña un cauce invadido por la vegetación y mal acondicionado para la navegación tradicional.

La travesía comenzó con dos navatas descendiendo desde la glera de Xaspi en dirección al puente de la Torre, recorriendo unos tres kilómetros de aguas bravas. La primera de ellas sufrió un fuerte golpe contra las vergueras, que rompió el soporte de uno de los remos traseros. Aun así, logró avanzar hasta el paraje conocido como Lo Rinconé, poco después del puente de los Navateros, donde quedó finalmente amarrada, sin poder completar el recorrido.

La segunda navata, en cambio, bajó de tirón hasta el mismo puente de los Navateros, donde hizo una parada. Luego continuó su curso hasta la altura de la serrería, justo antes del puente de la carretera vieja, donde se produjo un atasco. Fue necesario desmontar uno de los tramos para poder reorientarla. En esa maniobra, acudieron en ayuda sus compañeros de la primera navata, y juntos lograron recomponer la estructura y reemprender el descenso. La travesía se completó de forma conjunta hasta el puente de la Torre, donde finaliza el recorrido.

José Pérez Vinacua, veterano navatero y miembro de la Asociación de Navateros de la Val d’Echo, lamentó que las condiciones del cauce fueran nuevamente deficientes: “Ocurrió algo parecido al año pasado, aunque con mejores consecuencias. El agua estaba justa, no tanto como entonces, pero los puntos conflictivos, por las piedras y las ramas de las vergueras, fueron un obstáculo”.

La llegada de la navata que pudo completar el descenso tampoco fue sencilla. En la última curva, una gran roca obligó a maniobrar “muy arriba por la derecha”, dificultando el giro y provocando un impacto. “Aún se pasó, con el golpe correspondiente, pero todos muy contentos”, señaló Pérez Vinacua, aliviado por haber completado el trayecto sin daños personales. Solo Aitor de Borruel sufrió un pequeño susto al soltarse una atadura, aunque pudo recuperar el equilibrio sin consecuencias.



La participación fue más reducida que en otras ediciones —trece navateros en total— y las navatas se construyeron con tres tramos en lugar de cuatro. “Nos han fallado algunos”, reconocieron desde la organización. No obstante, se valoró positivamente que “el agua estuvo bien, hizo un buen día y hubo bastante gente”.

En palabras de Pérez Vinacua, el del Aragón Subordán “no es un descenso manso. La corriente es fuerte, hay giros y recodos que obligan a maniobrar con rapidez. Pero también es muy vistoso para el público”. Precisamente por esa dificultad, los navateros llevan años reclamando una limpieza adecuada del cauce: “Te encuentras con piedras sin margen para girar, o si las esquivas te quedas varado. Este año, de hecho, la vergüera rompió el soporte del remo de una navata por el golpe”, explicó. Pese a los obstáculos, el evento contó con el apoyo de vecinos, visitantes y autoridades. “Fue un día muy majo”, concluyó.

El Ayuntamiento del Valle de Echo ha reiterado su petición a la Confederación Hidrográfica del Ebro para que actúe de forma más eficaz y garantice la seguridad de esta tradición ancestral. El descenso, más que un evento festivo, es también un tributo a la memoria de un oficio vinculado al río y a la vida de las montañas.

Algunas imágenes del descenso de navatas. PACO BARÓN

Ambientación y público asistente al descenso. DAVID ROVIRA
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