Cuando el reloj marcaba las dos de la tarde, el cielo ofrecía una tregua y el corazón de Jaca latía al unísono. Tras un desfile desafiante, con lluvia en los primeros tramos y emoción a flor de piel por los relevos históricos, la ciudad se congregó frente al Ayuntamiento para entonar el Himno del Primer Viernes de Mayo. La Banda Municipal Santa Orosia, dirigida por Ignacio Ciprés, marcó los compases y miles de voces jaquesas proclamaron su orgullo con la estrofa más querida: “¡Jaca libre sabe vivir a la sombra del Monte Oroel!”. Fue el broche perfecto para una jornada que quedará en el recuerdo por su valentía, su simbolismo y la fuerza de un pueblo que no se rinde ni con el cielo encapotado.
Había mucho que celebrar y mucho que agradecer. Desde el paso de testigo de Carlos García a su hijo Christian al frente de los Artesanos, hasta el estreno vibrante del conde Aznar, encarnado por Chema Martínez. Desde el compromiso de las escuadras que no se detuvieron ni con el agua, hasta el calor de un público que resistió cada gota. En ese momento final, alzando la voz en el canto común, Jaca se reconoció a sí misma: orgullosa de su historia, de sus símbolos y de su gente. Un canto que no es solo música, sino identidad. Una promesa renovada, como cada primer viernes de mayo.