El Santo Grial regresará al monasterio benedictino y Jaca el 15 de julio
En la víspera del Primer Viernes de Mayo, el Monasterio Viejo de San Juan de la Peña acogió un acto sin precedentes en la historia de esta celebración: el relevo simbólico en la figura del conde Aznar Galíndez, protagonizado por Miguel Carasol —quien ha representado durante la última década al legendario héroe jaqués— y su sucesor, José María “Chema” Martínez. La ceremonia, organizada por la Hermandad del Primer Viernes de Mayo, se celebró en la Sala Conciliar del monasterio, junto a la iglesia mozárabe, debido a las obras de restauración en la iglesia románica. Fue un acto solemne, íntimo y lleno de simbolismo, al que asistieron autoridades, escuadristas y numerosos vecinos de Jaca, en un 1 de mayo festivo que facilitó una gran afluencia de público.
El acto comenzó con la bienvenida del presidente de la Hermandad, Carlos García, quien anunció que este año sería especial y distinto, y agradeció la presencia del cuarteto de viento de la Escuela Municipal de Música y Danza Pilar Bayona, del grupo de Bailes Medievales de la Hermandad y de Los Músicos de la Solana. A continuación, se interpretaron piezas del Renacimiento español e inglés —Francisco Guerrero, William Byrd, entre otros—, que acompañaron con solemnidad el desarrollo de la ceremonia.
Una escenificación inédita y cargada de simbolismo
El relevo del conde Aznar se desarrolló como una auténtica ceremonia de investidura caballeresca, con un elaborado guion lleno de referencias históricas, usos y costumbres. José María Lacasta, abanderado de la Hermandad, fue el encargado de invocar el marco sagrado de la Sala Conciliar, entre el Panteón de Nobles y la iglesia mozárabe, para dar solemnidad al momento.
Tras preguntar quién solicitaba ser armado caballero, José María Martínez respondió: “Yo, José María Martínez González”. Fue entonces cuando Miguel Carasol entró en escena y, tras un juramento solemne –“¿Prometes por virtud y caballería, por la batalla de Mocorones, cumplir todas las obligaciones que derecho, uso y costumbre exige el Condado de Aragón?”— procedió a imponerle la espada ceremonial, con tres toques —dos en el hombro, uno en la cabeza— y la fórmula tradicional: “Te armo, creo y alzo caballero, que esta espada te dé toda la fuerza, templanza y prudencia que requieren tus obligaciones”.
Acto seguido, Miguel Carasol proclamó: “¡Viva el conde Aznar!”, seguido por los vítores de los presentes: “¡Viva el Primer Viernes de Mayo!” y “¡Viva Jaca!”, en una ovación cerrada que selló el momento histórico.
Chema Martínez, antes de ser nombrado conde Aznar en la Sala del Concilio del Monasterio Viejo de San Juan de la Peña. EL PIRINEO ARAGONÉS
Reflexión de Fernando Jarne: memoria, trabajo y futuro
La intervención de Fernando Jarne, vicario de la diócesis de Jaca y representante del Cabildo de la Catedral, resultó emotiva y reflexiva, al reconocer el valor de quienes “por su entrega y servicio al bien común” se convierten en “referentes y aliento para construir comunidad, fraternidad y progreso”.
Jarne recordó con emoción que el 15 de julio el Santo Grial —el cáliz conservado en la Catedral de Valencia y tradicionalmente vinculado a san Lorenzo y la Última Cena— regresará a San Juan de la Peña y a Jaca con motivo del 75.º aniversario de la Real Hermandad de San Juan de la Peña. Subrayó especialmente el valor simbólico de ese evento: “El cáliz del mandamiento del amor fraterno, que nos comprometía a vivir unidos y a servir a los demás”, aseguró.
También tuvo palabras para el trabajo como “eje de dignidad personal y colectiva”, evocando el lema benedictino ora et labora y el esfuerzo de escuadristas, condes, artesanos y labradores en mantener viva esta tradición. Cerró con una oración del papa Francisco en favor de un mundo más justo, “en el que nuestro corazón se abra a todos los pueblos y naciones de la tierra para reconocer el bien y la belleza que sembraste en cada uno”.
Baile, música y ofrenda final
La ceremonia concluyó con una ofrenda floral en el Panteón de Nobles, donde el nuevo conde, Chema Martínez, depositó un centro de flores ante el sepulcro que la tradición identifica como el del conde Aznar. El cuarteto de viento interpretó una pieza final mientras Fernando Jarne pronunciaba una oración.
Ya en el claustro del monasterio, el grupo de Bailes Medievales de la Hermandad ofreció una última coreografía, acompañado por Los Músicos de la Solana, cerrando con una foto de familia con todos los escuadristas presentes, ataviados con sus trajes de labradores y artesanos y del cortejo histórico.
La jornada fue un homenaje entrañable, trabajado durante meses por la Hermandad, que ha sabido innovar sin romper con la esencia de la fiesta. El traspaso de poderes, hasta ahora inédito, añade una nueva dimensión a la celebración: la continuidad de una tradición que no solo mira al pasado, sino que se proyecta con fuerza hacia el futuro.


