75 AÑOS
Abril 1950

El paso del Nazareno entrando en la Catedral de Jaca en la Semana Santa de 2024. EL PIRINEO ARAGONÉS
El Prisionero del Sagrario recibe bajo el trono de luces el desfile de la ciudad. Alma de Jueves Santo tejida con rayos de sol, aromas de incienso y ecos siniestros de salmos extrahumanos. Emoción religiosa autentica; sublime fe, sentida ingenua y dulcemente, que prevalecerá por los siglos de los siglos en el corazón de los pueblos.
En Semana Santa, el ambiente tibio y fragante tiene todo el aroma y la claridad de la naciente primavera. Flota en las calles una continua oleada de multitud en la tarde del Jueves Santo, que recorre con el corazón a flor de labio las estaciones, ofrendando a cada una de ellas la mística violeta de su fervor y su piedad. Hay en todos los templos un fuerte aroma de incienso y un desbordamiento de luces, que, como una inmensa ascua, despiden fulgores de oro encendido y levantan haces de ricos reflejos.
Bajo la túnica de un cielo azul y palpitante de luz por la magia del sol de oro, desfilan por las calles, donde inmensa muchedumbre, hacinada en las aceras y agolpada en los balcones, presencia el paso lento de la procesión, con su vibrar de trompetas y clarines, sus vírgenes sollozantes y dolorosas, sus Cristos lacerados y angustiosos, de músculos distendidos por el dolor y carnes ensangrentadas por el martirio. El ritmo lento de las fúnebres músicas acompasa el andar de las cofradías tradicionales. El alma popular vibra de emoción con la evocación de la inmortal tragedia religiosa (…)