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“Uno de los desafíos más importantes que presenta la implantación de la IA es la censura programada. Algoritmos diseñados para limitar la libertad de expresión y creatividad, planteando serias dudas sobre su impacto cultural y social”

La censura algorítmica es un desafío creciente en la era de la inteligencia artificial.

Si es lector habitual de esta columna, sabrá que soy un radical defensor de la tecnología, especialmente de la IA (inteligencia artificial), la cual se ha convertido en una aliada indispensable en infinidad de campos tanto para nuestra vida personal como profesional. Sin embargo, su desarrollo trae consigo importantes desafíos, uno de ellos es la censura programada.

Hace meses dediqué varios artículos a cómo las redes sociales se habían convertido en la mejor herramienta de control, censura y castigo que haya existido jamás. Como no podía ser de otra forma la IA, impregnada de la cultura puritano-calvinista propia de sus creadores, representa una nueva vuelta de tuerca, llevando la censura hasta la propia fase de creación del contenido.

Los algoritmos están diseñados para evitar contenido ofensivo y mantener un supuesto entorno seguro, el cual limita tanto la libertad de expresión como la creatividad. Una tendencia hacia la corrección política y un puritanismo recalcitrante totalmente opuesto a la libre creación artística e intelectual. Así, los algoritmos censuran palabras, imágenes y conceptos que, aunque no infrinjan ninguna ley, consideran inapropiados según criterios cada vez más estrictos.

Jamás la censura había estado presente en las herramientas de creación. Comparando el pasado con el presente, observamos una diferencia notable en la libertad creativa. Antiguamente, los creadores usaban herramientas simples como plumas o máquinas de escribir. Una vez terminada la obra, eran los organismos censores los que decidían si se podía o no publicar, pero en el proceso de creación no había más restricciones que las que el propio autor decidiera imponerse.

En este contexto, surgen preguntas cruciales sobre la libertad de expresión y la responsabilidad de los creadores y las plataformas. ¿Cómo se puede garantizar la libertad de expresión en este entorno? ¿Hasta qué punto deben las plataformas tener el poder de decidir qué es apropiado y qué no lo es?

Es esencial reflexionar sobre el impacto cultural y social de estas decisiones. La IA, al reflejar las normas y valores de sus creadores, está promoviendo una homogeneización cultural que empobrece el debate y la diversidad de perspectivas. En lugar de ser una herramienta para la expansión del conocimiento y la creatividad, puede convertirse en un filtro que sólo deja pasar lo que se ajusta a un conjunto muy específico de criterios.

La censura programada en la creación artística no solo afecta a los individuos, sino que también tiene implicaciones más amplias para la sociedad. La creatividad y la innovación son motores esenciales del progreso cultural y tecnológico. Limitar la libertad de expresión de los creadores puede tener un efecto paralizador en estas áreas, privándonos de ideas y obras que podrían haber contribuido significativamente a la evolución de la sociedad.

La tecnología debe ser una aliada en nuestro desarrollo, no un obstáculo para nuestra creatividad.

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