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“Hace años que se abandonaron los eslóganes precisos que pedían un compromiso medioambiental a la ciudadanía (nadie tendría valor de volver a desplegar aquel “Mantenga limpia España”)”

Senderistas realizando una ruta en la comarca del Sobrarbe. EL PIRINEO ARAGONÉS

Toda persona que camine, conduzca y observe, a su paso por ciertas zonas, se habrá dado cuenta de que la basura devora los márgenes y que, si sigue la misma tónica, el paisaje se va a desnaturalizar. No nos referimos a la carbonización de la atmósfera, ni al peligro que corre un paisaje emblemático concreto, hablamos de una toxicidad silenciosa.

Llaman la atención, especialmente, ciertas rutas en que los conductores arrojan latas de cerveza, bebidas energéticas, envoltorios y plásticos. Suelen ser carreteras locales o perimetrales que canalizan el ocio disruptivo (vamos a llamarlo así). Ni que decir tiene que hacer una lectura sociológica del hecho, de los materiales vertidos y de la ubicación de la zona, nos coloca en la pista de preocupantes carencias educativas y sociales.

Hace años que se abandonaron los eslóganes precisos que pedían un compromiso medioambiental a la ciudadanía (nadie tendría valor de volver a desplegar aquel “Mantenga limpia España”). Hoy, los valores se tratan en los colegios a través de la impregnación cotidiana, difusa, que llega de un modo aleatorio al alumnado (la conocida como “transversalidad”). Al mismo tiempo, el proceder en las familias es voluble. Por otra parte, la Administración ya ha abandonado el papel que ejercía como correctora directa de la conciencia medioambiental.

Junto a estas carencias, el mercado no se preocupa de la generación de envases inocuos o en reducirlos; al contrario. Un hecho que, sumado a lo anterior, acrecienta el problema.

Además, algunas campañas turísticas ponen el foco en lugares frágiles, como ibones, balsas y saltos, que se llenan de público, pero donde nadie recoge los desperdicios que deja, al no asumir que la tarea es, fundamentalmente, suya.

Por otra parte, hace tiempos que existe un movimiento voluntarista, de recogida de estos desperdicios, que pasa desapercibido. Cada día que pasa, las personas implicadas aumentan, pero si no se acompaña de otras acciones coordinadas su repercusión será mínima y cundirá el desánimo.

Por todo ello, bien estaría que la Diputación Provincial, las comarcas y los ayuntamientos crearan una red cristalográfica, junto al voluntariado, que contemplase los siguientes aspectos asociados: creación de una marca, señalización de objetivos y procedimientos, constitución reglada de grupos voluntarios, dotación de medios mínimos y de un seguro, coordinación y evaluación periódica, propiciación de encuentros e intercambio de experiencias, así como campañas educativas varias. Ni que decir tiene que el esquema podría propagarse a Aragón y a España, pues los desperdicios no entienden de fronteras administrativas.

Ni que decir tiene que las carreras o caminatas solidarias, tan en boga y loables, podrían duplicar su objetivo, convirtiéndose en “Recogidas Solidarias de Basura”.

Como primer eslabón, en Huesca, sería deseable una primera reunión sobre el tema, a la que acudiesen instituciones que contemplan el problema en su ideario. Nos referimos a los tres niveles administrativos, asociaciones medioambientalistas y solidarias, clubs de montaña, sindicatos agrarios, consejería de Educación, fuerzas de orden público, etcétera.

Ejercer en clave ciudadana es verlas venir, avisar, dar ideas y mojarse. Siempre ha sido así. “Que la basura no se trague nuestra magia” (al tiempo…).

Firmado:  ENRIQUE SATUÉ OLIVÁN (profesor jubilado)
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