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La procesión se canceló por la lluvia y el “camino de la cruz” se realizó en el interior de la iglesia con el acompañamiento de varios tambores y un bombo

La lluvia obligó a cancelar la procesión del Vía Crucis, en la noche del Jueves Santo, al igual que ocurrió el día anterior. Como alternativa, la Cofradía de la Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo organizó en el interior de la iglesia de Santiago un sencillo acto con la presencia de un bombo y tres tambores (cinco contando a los dos cofrades infantiles que participaron en él), para recorrer el “camino a la cruz” siguiendo las escenas de la Pasión de Cristo que discurren a lo largo de las naves laterales del templo. Fue un toque suave y pausado, íntimo y sin  exaltación, un acompañamiento que predisponía al recogimiento de los fieles y cofrades que tomaron parte en la celebración. El sonido de una gaita, a modo de llamada a la oración en un día tan señalado de la Semana Santa, dio la señal para el comienzo de un Vía Crucis que estación tras estación fue penetrando en el interior de las personas asistentes dejando en ellas un sentimiento profundo y de meditación.

Vía Crucis significa “camino a la cruz”, el que recorrió Cristo desde el Pretorio de Pilatos hasta la cruz del Calvario, explica María Luisa Cajal en su libro Semana Santa Jaca, una obra que hay que tener siempre a mano al hablar y de esta celebración jaquesa.

En nuestro caso, la procesión del Vía Crucis, que tiene lugar en la noche del Jueves Santo, está ligada desde el año 1952 a la Cofradía de la Flagelación de Nuestro Señor. Se muestran dos pasos: Jesús atado a la columna y La coronación de espinas, ambos obra del barcelonés Luis Salvat, el primero fechado en 1892 y el segundo en 1901. A ellos, se añade el Ecce Homo, construido en 1901 tomando el busto de un Cristo que se hallaba en la iglesia del Carmen y que solo sale a la calle en la procesión del Santo Entierro, el Viernes Santo.

“Fue en 2012 cuando la jacetana Mercedes Lacasa procedió a la restauración de las figuras de los tres pasos y de la peana del Ecce Homo”, se recuerda desde la Cofradía de la Flagelación, que desde 2015 cuenta con un nuevo estandarte, diseñado por Fernando Callizo y confeccionado por Belloso en Zaragoza.

El Vía Crucis de este año iba a adelantarse una hora, a las diez de la noche, y tenía previsto discurrir en sentido inverso al que venía haciéndolo hasta ahora. Un cambio pensado para finalizar la procesión “a una hora más prudente” e “interferir lo menos posible en la hostelería y la vida social de Jaca”, como señaló el presidente de la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Jaca, Carlos Lacadena. Con salida y llegada en la iglesia parroquial de Santiago, el camino hacia la cruz del Calvario tenía que haber discurrido por las calles del Coso, Ramiro I, Carmen, Obispo, plaza de la Catedral, Bellido, Zocotín, Ramón y Cajal y Ferrenal. Catorce estaciones, catorce paradas para relatar los acontecimientos vividos por Jesús en sus últimas horas (la condena a muerte, llevando la cruz a cuestas, el encuentro con su Madre, las tres caídas al suelo…), y al que se le añaden la muerte en la cruz, el descendimiento y su sepultura. En cada estación, se pronuncian, de manera intercalada, diversas oraciones, en general de penitencia y arrepentimiento, un momento abierto a la meditación y a la reflexión interior, y para redescubrir el sentido de la Semana Santa.

El silencio respetuoso, la luz fosforescente de los báculos y los sonidos de la banda de tambores, bombos y gaitas marcan el paso de la procesión del Vía Crucis, deteniéndose debajo de cada una de las tablillas que van marcando las paradas del camino hacia la cruz, un recorrido que siempre discurre de manera pausada y que concluye con una meditación en la iglesia de Santiago. Pero esta vez, y de manera excepcional, motivada por el aguacero y la imposibilidad de sacar los pasos a la calle, el Vía Crucis y la meditación confluyeron en el tiempo y el espacio en el interior de la iglesia, convertida en salvaguarda y símbolo de los hechos que se recuerdan y se reviven cada Jueves Santo.

Varias escenas del Vía Crucis en el interior de la iglesia parroquial de Santiago. ANA LÓPEZ ARTILLO
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