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«Que la IA grabe todas nuestras conversaciones es un ejemplo de cómo la tecnología plantea serios dilemas éticos sobre el impacto sociológico que la misma pueda causar. Más allá de las preocupaciones derivadas sobre la seguridad o privacidad ¿Va a afectar la IA a nuestras habilidades cognitivas?»

Rewind pendant es capaz de grabar y organizar nuestras conversaciones diarias.

En el artículo anterior, veíamos cómo gracias a la IA (inteligencia artificial), podemos crear una base de datos con las transcripciones de nuestras reuniones, tanto profesionales como personales. Una base de datos a la que, en el futuro, le podemos consultar cualquier duda sobre alguna antigua reunión.

¿Se imagina ahora un dispositivo que grabe todas nuestras conversaciones? Ya existe, y recuerda mucho al futuro distópico de la serie Black Mirror.

Rewind Pendant: un pequeño dispositivo en forma de colgante que tiene la capacidad de grabar cada palabra que decimos y escuchamos en nuestra vida diaria. No solo almacena nuestras conversaciones, también las organiza y las hace fácilmente accesibles. Esta IA nos permite retroceder en el tiempo para recuperar una determinada información en cualquier conversación que haya sido registrada.

La empresa asegura que garantiza que tanto la seguridad como la privacidad son su máxima prioridad; sin embargo, suscita importantes dilemas éticos acerca del impacto social que pueda tener este tipo de tecnología.

Más allá de las preocupaciones derivadas sobre la privacidad, que ya hemos abordado en artículos anteriores, esta tecnología plantea interrogantes sobre cómo ciertas habilidades humanas podrían verse desplazadas por la IA.

Se me ocurren infinidad de aplicaciones útiles para el ámbito profesional: desde recordar un dato concreto como una fecha o una dirección, pedir un resumen conciso sobre una reunión o incluso analizar las posibilidades de venta tras una visita comercial. Sin embargo, más allá de las posibilidades o la fascinación que pueda causar este tipo de tecnología, se plantea un dilema ético de una envergadura descomunal.

Antes de la aparición de los teléfonos móviles, la mayoría de las personas recordábamos un buen puñado de números telefónicos. Algo similar ocurre con operaciones matemáticas o con la propia escritura manual, capacidad que, en el caso de un servidor, requiere de una gran concentración, ya que la falta de uso hace que se haya atrofiado casi por completo.

¿Cómo nos va a afectar cognitivamente este tipo de tecnología? La memoria, por ejemplo, ha sido crucial en nuestra evolución como especie. Nos ha permitido aprender de la experiencia para adaptarnos a diferentes contextos. Sin embargo, al externalizar esta capacidad en dispositivos tecnológicos, ¿es posible que nos estemos arriesgando a perderla?

No es la primera vez que la tecnología provoca cambios en nuestras habilidades cognitivas, pero la magnitud del cambio que la IA propone es del todo impredecible.

No estamos en un capítulo de Black Mirror, estamos en el mundo real, en el año 2023, y el cambio de paradigma es real. Un cambio que requiere de una reflexión profunda sobre qué que queremos ser. Dilemas muy reales y muy presentes.

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