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“La revolución tecnológica propulsada por la pandemia del covid-19 marca el cambio de una época. La adopción masiva de tecnologías y su integración con la IA (inteligencia artificial) tanto a nivel personal como laboral, va a transformar por completo nuestra sociedad”

El avance de la IA en muchos campos nos lleva a las puertas de la hiperconectividad.

En los primeros artículos en esta columna, hace algo más de un año, comentaba que la llegada del covid-19 significaba el fin de una manera de hacer las cosas, propias del siglo XX. La pandemia nos metió definitivamente en el siglo XXI.

Por un lado, supuso una adopción tecnológica sin precedentes en la historia de la humanidad. Personas de toda edad y condición que hasta ese momento vivían completamente al margen de la tecnología, asimilaron soluciones con toda naturalidad. Esto se debe a que la tecnología nos hace la vida más cómoda de forma sencilla.

Por otro lado, la puesta en el mercado de soluciones de código abierto por parte de las grandes tecnológicas, supuso que las PYMES del sector pudieran transformar esa tecnología en aplicaciones tangibles. Un ejemplo son los plugins de los que hablaba en el artículo anterior. No confundir código abierto con gratis, no tiene nada que ver. Que un código sea abierto, quiere decir que, si cuentas con el conocimiento adecuado, puedes modificarlo para crear una solución que luego puedes vender.

Hace unos días, tomando un vino con una amiga comentábamos cómo la adopción de algunas de estas herramientas aumenta drásticamente la productividad. Herramientas que se han convertido del todo imprescindibles en nuestra cotidianidad, y que sin duda nos hacen mucho más competitivos respecto a nosotros mismos.

Con el segundo vino analizamos la exponencialidad de todo este fenómeno, y con la tercera copa, teníamos claro que la llegada del covid-19 supone el fin de la era contemporánea.

Aunque el proceso es anterior, durante los últimos meses la IA se ha integrado en numerosos aspectos tanto de nuestra vida cotidiana como laboral. Desde asistentes virtuales que responden a nuestras preguntas, hasta sistemas avanzados que analizan grandes volúmenes de datos para tomar decisiones, la IA ha permeado en diversos sectores como la salud, la educación, la producción y el entretenimiento, aunque esto, es solo el principio.

La IA es capaz de aprender de sí misma, de ahí su carácter exponencial. Los sistemas de aprendizaje continuo no solo procesan información, también son capaces de aprender de los datos que ellos mismos generan, lo que aumenta su rendimiento y precisión.

La IA empezó reconociendo patrones, procesando lenguaje natural, y más recientemente generando texto, imágenes y sonidos de manera coherente, en muchos casos, sin poder distinguir el trabajo virtual de las creaciones humanas.

La IA va a continuar evolucionando, y su próxima estación es la AGI (IA general).

Sistemas que se van a desarrollar en el próximo lustro y que tienen capacidad de entender, aprender y aplicar conocimientos en una amplia variedad de tareas de manera equivalente a como lo hace un ser humano. Esto incluye la capacidad de razonamiento abstracto, aprendizaje rápido, resolución de problemas complejos y adaptación a nuevas situaciones.

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